Pasé de nuevo por la casilla de salida y recuerdo que pensé: «Mierda, otra vez al principio, otra vez volver a revivir el dolor y el sufrimiento que se aferra a mi mente ilusa.» Este tablero siendo el mismo, era diferente, no obstante.
El universo me escupió con una brújula estropeada que apuntaba al norte o al sur, según le diera la gana. 180 grados de extrema locura, desbandada con derrape, ascención rápida y caída libre en picado. No era una cuestión de viento, sino sencillamente el curso del río y su magnetismo.
Recuerdo que bajo el brazo no llevaba un pan, sino sus hostias y un par de mapas del tesoro que no conducían a parte alguna. Uno de ellos estaba formado de animales: un cangrejo, un escorpión, un toro y medio león en la hoja de ruta y el otro medio, adornado de estrellas, en el cielo suspendido. En la otra carta, más críptica si cabe, se dibujaban carreteras en rojo y/o negro, cada una desembocando en una figura geomética diferente en blanco o en color. «¿Qué cojones es esto, Dios?»
La aguja de la brújula empezó a girar como poseída y bajo mi corazón apareció un punto negro que fue expandiéndose a su guisa, mas el tamaño no logró superar al del plexo solar. Allí nació una punzada de odio, hiel y furia. «Joder, otra vez ellas…por favor no, ahora no. Necesito ayuda, le pido ayuda al Universo a todos los seres de luz que me acompañan, a mis guías, al arcángel Miguel y a Gabriel también, a los animales de poder, protegedme de ellas».
El giroscopio del aparato no se detuvo hasta que abrí los ojos y ante mí un espejo me devolvió un reflejo que no reconocí. Era yo sin ser yo. Una dureza marcaba mis facciones. Despiadada, sonreí como poseída por un espíritu. Eran ellas, eran ellas, sé que eran ellas. El ángel Miguel me miró con su luz y su dulzura. Gabriel me sonrió y me dijo: «Dile a ella lo que le tengas que decir».
De mi boca salió una voz ronca asemejada a un gruñido:»Eres estúpida, te merces todo lo que te ha pasado. Sucia, nadie de amará nunca como yo lo hago, no mereces que te quieran, no vales para nada, eres débil, eres fea, eres una basura de persona por eso tienes basura en tu vida. Yo te protejo de la inmundicie humana y tú me quieres apagar. No puedes librarte de mí. Somos ellas y tú lo sabes. Pertences al linaje, nuestra sangre es la de ellas y gracias a ellas estás viva y no te falta de nada, ni se te ocurra olvidarlo. Debes honrar a tus ancestras, postráte ante ellas y asume que así será. Tendrás una hija a la que le pasarás los poderes, hecho está, hecho está, hecho está».
Detrás de mí vi cómo el aguijón se iba izando, preparado para atacar. Cerré los ojos y caí de rodillas ante el espejo. Lloré de dolor. Sentí las cándidas y compasivas miradas de Miguel y Gabriel. Sollocé y aullé: «Yo no soy ellas, yo no soy ellas YO NO SOY ELLAS. Yo he venido a amar, yo necesito que me amen, que me toquen, que me acaricien y me abracen. YO NO SOY ELLAS, no soy oscuridad. La tengo dentro, pero no la quiero, no la quiero, no la quiero.»
Los ángeles lloraron conmigo y se sentaron a mi lado para consolarme: «Querida niña, tu eres una alquimista de la oscuridad. De ella fabricas luz, por eso nos has llamado, por eso estamos aquí. Te brindaremos nuestra ayuda y protección y te enviaremos todos los refuerzos que necesites. Tu alma decidió embarcarse en este viaje antes de venir por eso es un alma fuerte y vieja, este es su propósito divino y tú lo estás haciendo muy bien. Todavía no estás preparada para cambiar el patrón con lo masculino, pero tu femenino está sanando ya. Confía»
Ese día me fue enviado un chamán que me dijo que yo era de color azul y rosa.
Continuará…

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