¿Quién está detrás de estas páginas? ¿Para qué saberlo? En realidad no importa si lo piensas bien. Estas páginas parten de un proyecto personal, para conmigo. No son producto del egocentrismo porque nunca partieron de la demostración al mundo de nada en absoluto, sino que nacieron de un punto interior para alcanzar un punto de comprensión interior.

Todo empezó cuando, a la edad de ocho años, decidí comenzar a escribir un diario, nada sorprendente ni descabellado. No obstante, el objetivo de tal empresa era llegar a poder comprender a mis hijos, que ahora sé que nunca tendré, en cada una de sus etapas vitales. Comprenderlos desde la vivencia y no desde la mente. Comprenderlos desde las emociones y no sólo desde la comprensión racional. Poco a poco, el deseo y la necesidad de escribir se fueron instalando y la verbalización resultó ser una herramienta crucial para mantener la cordura y la claridad mental en la jungla del mundo emocional.

Igual que me nutrí de pensadores y vivencias ajenas, pensé que compartir las mías podría resultarle útil a algún desamparado extraviado en toda la complejidad de su propio ser, como lo estuve y sigo estando yo. Gracias a las palabras de otros, hallé consuelo, claves y soluciones a mis incongruencias, incomprensiones y sufrimientos. No hay nada más que la voluntad de compartir, para eso entiendo que existe la tecnología o por lo menos este es el uso que justifica los medios.

A parte de leer y escribir doy clases de idiomas en las cuales intento fomentar este tipo de pensamiento: el compartir desde uno mismo y todo a través de internet, ¡Maravillosa la tecnología cuando se hace buen uso de ella!

Para seguir financiando esta labor y la escritura de nuevos libros incluyo la posibilidad de aceptar dinero cuando este sitio haya podido ofrecer alivio a alguien, naturalmente es voluntario. Personalmente me gusta contribuir a los proyectos ajenos de esta forma, fuera de las membresías que incluyen una suerte de compromiso moral con el que no estoy de acuerdo. Tampoco me gusta llenar los bolsillos de los parásitos que no ofrecen nada a cambio de crear una necesidad mental o vendiendo humo y una seguridad ficticia. Yo no ofrezco nada, solo la propia experiencia y seguir alimentando la creación de una inteligencia colectiva con el fin de hallar otra manera de relacionarse consigo mismo y, por consiguiente, con los demás. Eso es todo.

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