Me encontré nuevamente con las Argonáuticas de Apolonio de Rodas el cual naufragaba por un pretérito embravecido. Mucha braveza en la brevedad de la levedad. Liviana antediluviana, antes di Liubliana, capital a la que no viajaré.
Pretendí sanar exponiendo mis heridas ante lo que me hacía daño, idealicé y aparté la realidad a pesar de tenerla frente a mis ojos. No quise ver un quiste verde con despojos como harapos de los cuales se alimentaba. Carroña y carroñero se estremecen en una espeluznante danza donde la felicidad rebosa de los unos cuyos vómitos engullen los muertos en vida. Todo adquiere sentido, unos rellenan los huecos de los otros y viceversa donde el vicio se versa.
Son las dos cruces apegadas a una misma moneda pues no tienen más remedio que compartir soledades. Sol de edades que van cumpliendo ciclos, las puras. Sole y Deidades que se van subiendo a la rueda sin final de un retorno eterno.
Friedrich se creía Jack, nos confundía con Jekyll pero era un Mr Hide de pacotilla. Metro cincuenta por metro cincuenta por ciento cincuenta atmósferas de densidad. Palillico pa pinchar, el palique verborreico, seborreico casposo sin capas de héroe.
Encontré otra bolsa de patatas llena de aire. Plástico de poco valor y alto coste que tardaría años, décadas, milenios… Eones en dejar de tocar los cojones.
No me gusta la fritanga, apesta y se me repite.

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