En la linde del precipicio, se aprecia el vacío del vicio del pusilánime.
Esa alma en pena que reclama piedad.
Nace al borde de la riba que deriva en deriva
Me derriban sus plañidos solemnes que se arriman a mí rimando,
pero en el ocaso de la lucha, a puntito de la rendición,
corren a socorrerme gaitas, flautas y tambores prendiendo la llama del inflamado orgullo.
No, hoy no es el día en que naufrago
hoy no es el día del estrago
ni tampoco es momento en que me deshago de mí misma,
pues si bien soy gota que en el mar desaparece, también soy la que trepana.
Soy vendaval y espuma de agua, tierra firme con juego en el alma
y tengo un pacto de armas a fuego sellado
con esta corsaria desencorsetada que jura
que cuanto más fina y delicada es mi faz, más falaz y descarado es mi disfraz.
Soy escopeta de alto copete, un tiro limpio y mordaz,
un derechazo siniestro que a bocados desentraña
Soy madre de la hija de puta que se parió a sí misma
Soy nieta de las circunstancias, un miura embestido revestido de gala
que ni a fuerza de camisas de once varas se doblega.
Soy el verso y la prosa que versa prosaísmo
Soy antagonista de mí misma cuando le place al entramado
Vierto lágrimas de cocodrilo más falsas que la moneda
Y esta es la versión que me causa aversión porque es la única que ves pero no la única que soy.

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