Desde primera hora, un acto de amor profundo me ha secuestrado el corazón. Nada es para mí aunque lo deseo indirectamente para el bien común. El camino está trazado tengo el inicio y el horizonte está al alcance de la mano, pero ya no depende de mí, mi trabajo se está tejiendo sin prisa ni pausa.
Mis manos y mi corazón merecen ser mecidos y no debo aceptar menos. El quiero es ego, lo real es sentido como ese puñal clavado en el pecho de la Giocconda que indica una certeza que inmoviliza la mente y solo la siente el cuerpo.
No sé quién es Uriel, solo se me ha aparecido su nombre y un insistente mensaje que ha fluído inmediatamente después de comenzar la meditación. Enseguida me he sentido absorbida hacia arriba y se me ha nublado el entendimiento. No, no era parloteo de la mente, salía de un bienestar y una calidez que se extendía desde el corazón hacia las extremidades y luego retornaba desde las extremidades hasta el corazón.
Me he dado cuenta de que tenía el vientre tenso, lo he relajado y se ha cedido el paso a toda la energía que ha arremetido con un fulgor inusitado. Se ve que había ganas de comunicación. Ni idea, quizás porque ayer me quejé a Ari de que yo no podía vehicular mensajes de los seres de luz.
Transcribo:
Somos clave, clave, clave, clave de sol si dejas la tacañería emocional y lo dejas brillar, deja el astro brillar. Destapona, ahí está la luz que debes permitir derramarse, tienes mucha, eres una fuente inagotable y solo has hallado pequeños destellos que te parecen soles. No son estrellas, la estrella está detrás del tapón. No tengas miedo al rechazo, no lo hay, solo el tuyo. En la frontera nos tenemos que encontrar lo sabes. Estamos en clave, clave, clave, enclave de luna. Aguas abajo, la luna se apaga para que puedas dejar salir el sol, tu sol. Aprovecha ahora. Apaga también el miedo, es el momento.
Esta noche haremos el amor aprovechando que el cielo se cubre de negro y solo tiemblan las estrellas con una trémula luz blanquecina.

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