Los únicos dos estados del ser: Modo supervivencia o el modo creación. ¿En cual estás tú? PRIMER PASO, la detección.

La ciencia ha determinado que solo podemos existir en uno de los dos estados del ser: en modo supervivencia o en modo creación.

Podemos pendular entre ambos sin llegar a instalarnos en ninguno de los dos indefinidamente. Estamos en uno o en otro pero nunca en ambos a la vez y el primer paso hacia el desarrollo de la consciencia y por lo tanto del autodescubrimiento es aprender a identificar en cuál estamos en todo momento.

Para ello es necesario tener la mente enfocada hacia dentro, centrada en nosotros, en nuestro interior, estar presentes en todo momento o por lo menos la mayor parte del tiempo.

Normalmente andamos en automático, con nuestro bagaje de programas instalados durante la infancia llamados creencias limitantes.

Dejo un vídeo en el que hablé de ellos rápidamente para denunciar la rueda mental a la cual estamos destinados si no arrojamos luz a estos patrones de pensamiento:

Y cuanto mayores nos hacemos, más se refuerzan estas creencias porque el recorrido sináptico recibe mayor refuerzo. Más energía se necesitará por lo tanto para deshacer estos patrones de comportamiento.

Para reconocer el estado en el que nos hallamos, dejo una tabla inspirada en el libro de Joe Dispenza «Deja de ser tú», lectura muy recomendable, dicho sea de paso.

Y todo empieza con una decisión, la determinación de cambiar porque no podemos seguir viviendo con nosotros mismos. No hay nada como una alta dosis de sufrimiento para empezar a transmutar lo que somos.

Suele empezar hacia el inicio del sexto septenio de la vida, alrededor de los 35 años cuando le has dado la vuelta al libro gordo de petete y te das cuenta de que, a pesar de haber seguido el manual, algo te falta.

Quizás te hayas topado con un divorcio u otra pérdida significativa, estás en el paro o todo lo contrario, en un trabajo que empieza a ahogarte. Te falta tiempo para tu familia, sientes que a pesar de las horas que echas no es suficiente para llegar a final de mes y que cuanto más trabajas menos ganas (no es una sensación, el sistema está creado de esta manera). Te sientes esclavo de tu realidad. No descansas por las noches. Quizás hayas desarrollado algún tipo de enfermedad de etiología desconocida, un dolor inexplicable sin razón aparente. El cuerpo te pesa, no tienes energía, la alegría de vivir quedó en «aquellos maravillosos años» y ahora tan solo rememoras el tiempo con nostalgia y pesadumbre.

Es posible que como vía de escape te hayas vuelto esclavo de alguna adicción así sea reconocida como tal (drogas, sexo, alcohol, compras compulsivas, comida, etc) o no tan reconocida como nociva (rumiación, necesidad de control, adicción a ciertas emociones que han llegado a determinar tu carácter, etc)

Nos pasamos la primera parte de la vida construyendo un personaje que corre detrás de una zanahoria. La tierra prometida, la felicidad, la familia, el coche, el sueldazo, la tan esperada promoción, la casa, el perro, las vacaciones, etc y cuando ya lo tenemos todo… la gran depresión. Aquello no era la respuesta al inmenso agujero que sentimos por dentro.

El primer paso para entender lo que nos está pasando es RECONOCER EL ESTADO EN EL QUE NOS ENCONTRAMOS y observar a qué responde.

El estado de supervivencia suele responder a factores externos. Lo exterior determina nuestro interior, cedemos el poder de determinar nuestras emociones a lo externo, somos esclavos de las circunstancias.

¿Hay remedio?
Por supuesto. Lo primero es tomar la decisión de darse cuenta y detectar cuáles son los factores que nos disparan el estado de alerta.
Recomiendo llevar un bloc de notas y apuntar nuestras observaciones cada vez que nos demos cuenta de lo que nos está ocurriendo. Para ambos estados.


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