Etiqueta: responsabilidad afectiva
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PASOS PARA DEJAR de amar desde el apego inconsciente y hacerlo desde la responsabilidad afectiva.
Post previo: Hay que pensar en el cuerpo físico como la parte de un todo compuesto de mente, corazón e instinto. Ver post sobre los bloqueos energéticos. En el post «El origen del conflicto interno» ya hablé del perro de arriba (la mente pequeña, el ego, el mandón, el que ordena y dirige) y del…
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El ilusionismo del amor romántico : Activación de la herida y proyección en el otro. PASOS PARA DEJAR de amar desde el apego inconsciente y hacerlo desde la responsabilidad afectiva.
Recuerdo un post donde hablé del vincularse desde la herida o vincularse desde el amor en el que sobrevolé estos conceptos, estando yo en mi propia experimentación. No andaba errada, solo tenía el mapa hasta cierto nivel de consciencia. Lo que hoy traigo es largo, esclarecedor y trato en detalle y paso por paso los…
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Las cuatro etapas del enamoramiento: Hacerlas conscientes las ilumina aunque no nos evita el sufrimiento. La responsabilidad afectiva para uno mismo es empoderamiento real.
En la historia anterior, como en toda historia de amor romántico, los dos personajes pusieron el foco fuera, hallando el uno en el otro aquello que los «completaba», partiendo desde la inconsciente creencia limitante de que no estaban completos por sí solos. Iniciamos la existencia consciente desde una sensación de falta muy profunda que, en…
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¿Qué significa NO estar emocionalmente disponible?: El primer paso a evaluar en nosotros así como en el prójimo. Responsabilidad afectiva.
Estar emocionalmente disponible no significa tener o no pareja, sino que guarda relación con la forma en que hemos aprendido a vincularnos y a regularnos. Estar libre de compromiso no implica desear establecer uno. El baño puede estar libre y no por ello operativo. Como comentado en los 4 tipos de apego, tanto el estilo…
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La responsabilidad afectiva de Martina: Uno se enamora de sí mismo, el colmo del narcisismo. Aceptamos y seguimos.
Tenía las manos y la nariz heladas, pero Martina seguía aporreando el teclado de su ordenador mientras ordeñaba su cerebro. «A ver si se me calientan los dedos» Fuera, el cielo lloraba, figura literaria recurrente y recurrida en demasía, pero a Martina así se le antojó. A ratos cesaban las lágrimas para seguir diluviando al…