El repicar cesó y dejé de oir
la vida se fue pero no me dejó morir
El ajetreo desapareció mas la tranquilidad no llegó
Las caricias, los besos, las risas se esfumaron contigo
Y me quedé sola, aislada, acompañada
De mi hambrienta sombra
Mi sombra, la que me fue devorando sin piedad
La que me tornó gris, oscura, casi negra
Yo soy mi sombra que me persigue allí
adonde quiera que vaya
Me acoso, me arrapo y no me desprendo.
No hay tregua sólo persecución, proscrita soy
Sólo en la oscuridad no me veo
Sólo en la negrura me escondo de mí
Mas la inquietud no me abandona
Y el insomnio me gana.
Querer descansar y no poder,
¡Oh, pobre alma perturbada!
Halla tu descanso en el sueño eterno
sin miedo ya a ser despertada
Olvida el recuerdo de tu eterna forma etérea.