«Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros»
– Immanuel Kant –
Estamos agilipollados perdidos, hablo por mí y por todos los niños y niñas que se quedaron en las etapas del desarrollo mental inicial. Suspiros pos imposibles, cuentos de hadas, fantasía ilimitada, vivir un cuento, no querer poner los pies en la tierra y alimentar una estúpida y dolorosa irrealidad que, tarde o temprano te explota en la cara porque los sueños, sueños son.
Cuando las esencias no concuerdan, cuando el deseo de los unos es zambullirse en sí mismos y crear lazos afectivos fuertes y duraderos y el deseo de los otros es la impermanencia e insustancilidad, la cosa no puede, bajo ningún concepto, mantenerse por mucho tiempo.
Es así como en ambos casos, se frustran las necesidades y se cae en un círculo vicioso de «corre corre que te pillo», un estira y afloja, pues el roce hace el cariño y se activa el prurito de los apegos. Mejor no empezar una historia que no llegará a parte alguna más que al dolor. No obstante, si nunca se empieza, nunca se descubren las sombras, las heridas del pasado ni se ve hasta qué punto somos niños heridos. Si nadie nos rompe, si nos preservamos del contacto por miedo al dolor, no podremos indagar y reparar el daño que llevamos dentro y nos impide ser lo que hemos venido a ser y a hacer.
«Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.»
– Mario Benedetti –

Deja un comentario