«Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito»
– Aristóteles –
Compensamos nuestras carencias, como todo hijo de Dios, con el contrario de lo que pensamos ser. De forma insconsciente nos enganchamos de pensamientos cayendo en una rumiación constante, entramos en bucle emocional o sencillamente pasamos a la acción de forma impulsiva.
Los mecanismos de compensación puede ser de dos tipos: al alza o a la baja.
Al alza, indica una falsa abundancia, son personalidades aparentemente seguras de sí mismas, demasiada seguridad, vanidad, justicia, etc.
A la baja, indica una falsa carencia y son personalidades apocadas y aquejadas de baja autoestima que se estiman, valga la redundancia, menos de lo que realmente son. La duda, el miedo, la desconfianza de uno mismo y la ansiedad por no saber escuchar a su intuición y no confiar en la vida, hacen de estas personas poca cosa cuando, en realidad, son mucho más de lo que piensan.
¿Que tengo miedo? Sobrecompensación con una aparente fortaleza, agresividad.
¿Que me siento injusto y un fraude? Compensación con un exceso de justicia que los hace caer, indefectiblemente, en la injusticia de los justos.
El vanidoso siente que no es hermoso, el avaricioso nunca tiene suficiente, el perfeccionista vive desde la imperfección, el controlador tiene una inseguridad truncal, el entusiasta siente que la vida es demasiado aburrida y así, sucesivamente, con cada una de las 9 tipologías.
Todo lo que brilla a la luz del sol es ausencia del valor que tratamos de darnos, a menos que haya un trabajo interno realizado primero de toma de conciencia del ego a través de alguna herramienta de desarrollo personal.
Las hay de diversa índole siedo mi predilecta es el eneagrama que nos devuelve, a grades trazos, un mapa de personalidad. Llegué a él de la mano de Borja Vilaseca, para mí la forma más lúdica de un primer acercamiento. A partir de aquí, una vez se haya sacudido la sospecha de lo que uno piensa ser, hay varios expertos que coliman cada uno de los eneatipos y no defraudan (Jordi Pons o Alberto Peña Chavarino son los míos de cabecera). Para finalizar, una vez se tenga la radiografía del ego, vale la pena invertir una cantidad de dinerito en adquirir el libro de Claudio Naranjo perteneciente a nuestra propia tipología ya que es un estudio tan extenso como intenso del número que nos corresponde.
En este punto, tendremos que descubrir, si no lo hemos hecho ya, el instinto dominante en nosotros y tomar consciencia del que tenemos ciego. La vía para la mejora es equilibrar los tres instintos. Dejo un vídeo muy ilustrativo y bien explicado de los que los instintos son:
Seguir indagando en nuestras carencias de base nos conducirá a las heridas del alma, aquellas que originan el ego y que suelen estar creadas durante la infancia (entre los 0 y 6 años). Confrontarlas es otra historia que precisa de un seguimiento terapéutico para evitar negarlas inconscientemente, pues a nadie le gusta sufrir y revivir desde el cuerpo la sensación de rechazo y abandono es extremadamente doloroso. Soy partidaria de que alguien nos lleve de la mano y esté ahí de forma (in)condicional.
Tenemos el test de Briggs-Meyers basado en la clasificación de la tipología de la personalidad de Carl Jung e Isabel Briggs Meyers y para el cual dejo un enlace aquí y que nos puede aportar una mayor claridad sobre nuestro tipo de ego. Se alinea perfectamente con el eneagrama.
https://www.16personalities.com/free-personality-test
Finalmente existe la herramienta «El diseño humano» para la que, dicho sea de paso, no estoy entrenada pues me parece compleja en demasía. Tan solo he tenido la oportunidad de husmear y rápidamente he salido, demasiado es demasiado.
Ale, ya tenéis deberes de verano para que estar tumbado a la bartola en la playa resulte provechoso (os lo dice un 6 contrafóbico que trata de maximizar el beneficio y no da puntada sin hilo, cuanto más eficiente sea una actividad, mejor porque «hacer por hacer» es tontería, aunque, claro está, esto último es producto del ego.)

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