Fritz Perls definió fecalmente aquello que nos sale por la boca a los humanos, seguro que nadie se olvida de estas técnicas supresivas. Se las llama supresivas porque buscan EVITAR el contacto con uno mismo y con los demás.
Cuando empecé con todo esto yo era una gran filósofa de la vida y me iba a interminables y estériles investigaciones de la causa de la causa de la causa hurgando en los porqués, buscando validación desaforadamente. Terminaba en auténticos laberintos mentales, desconfiando hasta de la propia desconfianza, nada tenía sentido y todo se ceñía a hablar de mierda.
CACA DE POLLO:
Este es el lenguaje del ascensor que busca rellenar los molestos silencios con mierda improductiva y comentarios superficiales. El objetivo es evitar el contacto con la incomodidad que se produce a través del silencio. El contacto con uno mismo puede ser muy descarado.
– Buenos días Juan. ¿Qué tal?
-Tirando, ya sabes, es lo que hay. Con estos tiempos que corren ¿qué otra cosa se puede hacer?
-Y sí… claro. Y no veas cómo corren, que ya estamos en marzo. Hace dos días estábamos en Navidad y a la vuelta de la esquina está ya el verano…
-ETC ETC ETC, que si el partido, que si lo mal que está todo, que si el frío o el calor, que si hay una pasa de gripe…
Algunos tiran de pollos para no ser desagradables, otros para EVITAR el silencio, otros para EVITAR escucharse, EVITAR, EVITAR, EVITAR. Personalmente, tiro de pollo para que no me califiquen de borde, pero tampoco soy muy dada a dar la chapa. Aguanto más de lo que produzco porque me creí que cortar a las personas es de mala edcucación. ¿Resultado? He tragado mucha mierda que me importaba un huevo por no saber decir «Perdona, pero tengo prisa». Para evitar no tener que enfrentarme a los límites, prefiero evitar todo contacto. Así, no salgo si oigo a gente en la escalera, prefiero evitarlos que tener que decirles «no puedo hablar». Lo sigo haciendo, muy a mi pesar.
CACA DE TORO:
Es esa conversación que no tiene mucho fondo. Personalmente es de la que más tiraba para evitar aceptar. Se trata de una hiperracionalización. Hay que encontrarle explicación a todo cayendo en la verborrea y el escapismo. La mierda de toro pone el foco en el por qué y no en el cómo. A la gestalt le importa un huevo el porqué. El porqué se sitúa en el pasado y por lo tanto es inexistente, es un producto de la memoria y, como tal, está adulterado por el ego.
La verborrea está constantemente pendiente de lo que pasa fuera. ¿Para qué? Para evitar, eviTAR, EVITAR. Evitar el contacto con las emociones. Cuando pongo en marcha la mente que busca respuestas lógicas, estoy evitando sentir las emociones porque mi mente está ocupada buscando fuera lo que, muy probablemente esté dentro y no tenga explicación. La justificación de todo es el producto de la mierda de toro. Habitamos una sociedad que ha puesto excesivo peso en la racionalización con el objetivo de evitar sentir. Descartes pensaba luego existía… principio de dicotomía mortal para los que nos creímos esa mierda de cogito ergo sum… tú cogitaste, a mí me jodiste. En fin, como muestra cualquier artículo de este blog antes del 2023. blablabla
CACA DE ELEFANTE:
El premio excrementicio se lo lleva el que está iluminado, el que lleva consigo el discurso filosófico, el que sabe mucho, el que se cree que sabe mucho. El gurú de turno, el elevado, el que se come una y cuenta veinte. El fantasma, el que hace un curso de yoga de fin de semana y para él es equivalente a haber pasado una década en la India… No hacen falta más explicaciones. Muy a mi pesar, he mantenido soliloquios desde la mente, habiendo estudiado mucho pero no habiendo pasado por el proceso de ruptura del personaje. La mierda de elefante es también aquella persona que toriza sobre tu vida, que se permite teorizar sin haber pasado por la experiencia y que, por lo tanto, habla desde arriba pero no desde abajo. De estos anda el mundo lleno.
Me enseñaron a tener el valor de enfrentar el cómo más que el porqué. Cuando empecé a centrarme en el cómo, en el aquí y en el ahora, empecé a comprender con el cuerpo y no solo con la mente. De hecho, todo lo que había pasado por la cognición, no tenía sentido hasta que no se «bajaba al cuerpo». Bajarlo al cuerpo es abandonar el control mental y dar permiso para experimentar la emoción tal cual es. A veces, es necesario un acompañante que nos ayude a sostener ese momento, una mano amiga que se pose sobre el hombro y nos recuerde que NO estamos solos, que no somos aquel niño abandonado o herido, que ahora somos adultos y estamos acompañados por alguien que comprende (porque lo ha vivido) esa emoción y si no la comprende, la respeta y no la discute. «Tienes derecho a sentir eso», «tienes derecho a sentirte así», da igual que pasara o no pasara, el cuerpo tiene miedo, los músculos se contraen cuando alguien se acerca. No importa el porqué, importa que está pasando eso. Importa lo que hacemos con lo que tenemos.

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