Mis noches en blanco… Son de colores. Insomnio, alergias y demás perlas del sistema nervioso central. ¿Meditación? ¿Acupuntura? ¿Medicina convencional? ¿Ayurveda? ¿Cortisol? ¿Deporte?

El insomino me persigue desde antes de que tuviera uso de razón y memoria. Casi todos los bebés duermen. Me hallo en ese «casi», fuera de la campana de Gauss de la distribución normal, mecida entre la anormalidad y la abominación. Ni dormía, ni duermo y no tengo la certeza de que ello vaya a ocurrir en esta encarnación. Así ha sido durante los últimos 41 años en los que he probado de «casi» todo con efectos a corto plazo.

Además, la guinda del pastel es cuando las noches en vela se acompañan de ataques de alergia surgidos de la nada. Así, como por arte de magia, me despierto presa de estornudos, tos y mocos. Sin más y porque sí.

«¡¡¡¿No te gusta dormir?!!!» me espetan algunas de las marmotas conocidas.
Mi madre se lleva la palma: «Es que no entiendo por qué no duermes, te metes en la cama, cierras los ojos y ya está». ¡Claro! Cierro los ojos y… festival. Me pica todo, me clavo la etiqueta del pijama, hay arrugas en las sábanas, tengo los pies o demasiado fríos o demasiado calientes. Pasada la primera treintena de minutos cambio de posición, luego vuelvo a cambiar y así, hasta que a Morfeo le apetece pasarse por aquí.

De no ser el caso, mi mente empieza a tejer filigranas de todo tipo. Cuando, como ahora, me da por lamentarme de mi suerte, ponerle salsa al papel de víctima y regodearme en el consabido «¡¿Por qué yo?!», recuerdo que en cierto modo tengo una ventaja respecto a los demás y es que mi día tiene entre 18 y 24 horas sin acusar el cansacio. Algunas noches, como la de hoy, parecen eternas así que me da por crear. He empezado a pintar y he descubierto que no se me da mal, para muestra una cereza.

Escribo, a veces publico, a veces es demasiado privado y prefiero atesorarlo en el diario de bitácoras cuyo contenido solo comparto con una persona a parte de mí, mi terapeuta.

Creo que en los próximos días, también empezaré a grabar «The late night show», pequeños vídeos para IG o mi canal de youtube o para ambos, Why not?! Quiero explotar mi vertiente cómica, cáustica, tóxica. No es muy gestáltico, lo sé. He aprendido que a veces, hay que darle espacio al ego para que se exprese y deje de joder por las noches. El mío es histriónico y se siente infra utilizado. Hace demasiado tiempo que no escribo en clave de «yo, mi, me conmigo» y de alguna manera siento el latir de la necesidad.

La personalidad tiene su función y si no se explota, dinamita.

La hora de las brujas se torna en agonía al no saber si me despertaré en mitad de la noche presa de algún dolor, rumiación, activación. A parir de ahora, haré algo de cada «night break».

Me encanta eso de «¡Sígueme! ¡Dale al like! ¡Activa la campanita y no te pierdas ninguno de mis contenidos!»

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