Etiqueta: sensaciones
-

El chico de la mirada zarca, verde, miel: La sonrisa imperfectamente perfecta.
-¿De qué color tienes los ojos?, inquirí intrigada -Marrones. Me respondió con una determinación que acogí con inseguridad y duda, así que lo miré directamente a los ojos y vi que eran del mismo color que los míos. -¡Hermanos de color de ojos! De marrón nada, monada. Exclamé pletórica, sin orgullo y sí con contundencia.…
-

Cuando llueve y hace sol, las brujas se peinan: Así suena la canción mientras la historia se escribe sola.
Empezó a llover y sobre nuestras cabezas ningún rastro de nube dejaba presagiar semejante diluvio. Se dibujó un arcoiris en el cielo como una sonrisa invertida que nos indicaba que lo teníamos todo. Bajo el aguacero, nos encaminamos hacia la cascada de donde emergía la vida. Se respiraba la tierra mojada, ese olor tan característico…
-

La mirada del alma: Se puede ver con los ojos cerrados. El tercer ojo deja de ser un mito.
Pretendíamos ver con los ojos del alma de la única manera que conocíamos y aquello resultaba imposible porque la vista clásica solo permitía percibir lo material mientras que se le escapaban las sutilezas. La mirada del corazón era sensible a la vibración que emitían los cuerpos, a sus colores, a sus olores, a los sonidos…
-

La ensoñación de la casita de madera: En el quinto pino, allí donde Cristo perdió el gorro, al fondo de a tomar por saco. Los guetos llamados «ciudades de 15 minutos».
Me imaginé al margen de todo, en una casita multicolor, de piedra y madera rodeada de prados, vacas, pollos, ovejas, cabras, árboles frutales y más naturaleza. Montañas y valles, ríos, aire puro y limpio. Quería mi cueva alejada del bullicio de cualquier ciudad y quería a mi cavernícola para crear el clan perfecto de homo…
-

El (B)azar de todas las cosas: La vida te encuentra rebuscando en fondos de armario.
Siempre anduve buscando algo aunque nunca supe realmente el qué. Lo mío era remover por el puro placer de atizar el fuego de la curiosidad. «¿Qué buscas?» Solía espetarme mi madre viéndome regirar armarios y cajones. «Solo estoy mirando, nada en particular», respondía yo con desenfado. Abrir un armario ajeno era, es, como acceder a…
-

Las ganas de vivir: La esperanza de la primavera en pleno invierno.
Nevó en la aldea, las chimeneas humeaban y yo solo podía pensar en cómo sería quedarme allí para siempre olvidando lo que fui antes de aquello. Había dejado de existir como pensaba que era y me reemplacé por una desconocida mucho más cálida, benévola y acogedora. La rabia seguía pulsando de fondo, pero no sé…
-

La nena cáncer con luna en tauro: Recontactando con la biología más básica. La maternidad perdida.
Éramos ciento y la madre, parió la abuela y a mí me entró el instinto ese del reloj biológico. Huelga decir que un poco tarde ya. ¡Si es que sobra gente en el planeta! Me consta y mi persona me ha mantenido a raya hasta ahora, pero… no sé qué tendrá esto de la terapia…
-

Lo que más le gustó de él: Un tal Iván le enseñó la patita. Inventaron una nueva realidad e hicieron magia como quien hace el amor.
Amaneció antes que el día, presa de un nerviosismo familiar. Mientras el agua rompía a hervir, ahumó toda la casa con palo santo, le gustaba el olor dulce que la madera desprendía. Abrió ventanas y ventanucos permitiendo al helor matutino darle los buenos días. Mientras las bolsas de té infusionaban, hizo la cama con devoción,…
-

La sangre de Satán: El fuego venenoso y creador corre por mis venas. Posesión infernal, la Baronesa Beltaine hija de Irlanda vive en mí.
Supe de ella por casualidad. Las cartas, escritas de su puño y letra, yacían en el desván de la casa de mis abuelos ahora habitada por mi hermano. En aquel altillo me reuní con algunas de las memorias felices de mi infancia. La bici roja con la que me agujereé la carne sobre el pulgar…
-

El éxodo urbano: Érase una vez un pueblo reconquistado por los moradores del nuevo siglo. Cansados del derroche y del sinsentido.
Me senté como cada mañana a ver qué tenía a bien comunicarme el Universo. A veces me susurraba, otras tantas me vociferaba y en la mayoría de ocasiones se quedaba mudo. No me querían ni en el cielo, ni en el infierno así que, bueno, empecé a pensar que me inventaba las cosas por haber…