Azúcar para el ganado(r)

Sixto Rodríguez un músico estado unidense que tuvo un éxito brutal en Sudafrica y del cual nadie o muy pocos oyeron nunca hablar en USA.

Sugar Man es uno de los documentales musicales que más me han llegado al alma quizás porque me emociona ver a al hombre humilde como lo es Rodríguez y no a la estrella del rock que está por encima del bien y del mal. Un hombre al que el peso de la existencia ha aplastado visiblemente, un hombre que ha luchado por su arte y por el respeto al prójimo y así lo ha inculcado a su descendencia y finalmente un hombre del que la industria ha sabido exprimir dejándolo vivir en la miseria.

Me he decantado por la foto de portada porque refleja exactamente lo que sentí al verlo y l o. Un señor caminando por el mundo con su guitarra a cuestas. Percibí al hombre músico sin rellenos, sin florituras de ningún tipo, la esencia misma de lo que debería ser (quizás algún día lo fue) la música o el arte en general. Quien lo vive así tiene el don de ser libre y hacer lo que le plazca. Quien vive y camina por delante de fábricas desvencijadas, en medio de la pobreza como telón de fondo y sigue luchando por salvar al mundo con una guitarra se puede decir que es un alma libre. Su arte al no estar mercantilizado puede llegar a ser lo que él quiera.

Es un documental de inmensa profundidad del que uno sale trastocado y en algunos casos demolido de ver la injusticia que reina a la hora de luchar por el arte de uno. ¿Cómo es posible aceptar que un ser que tiene tanto por decir no triunfe y sin embargo, la industria musical está plagada de cabezahuecas cuyas palabras son absolutamente vanas? ¿Reflejo de la sociedad? ¿Somos nosotros los impulsores y responsables de tanta levedad?

No creo que el consumidor decida gran cosa a día de hoy aunque así lo creamos. DE hecho, tengo la certeza de que lo que creemos desear viene impuesto desde esferas inimaginablemente más altas. Vi un documental sobre cómo se podía manipular el cerebro humano introduciendo un falso recuerdo en la mente de una persona y ésta, al cabo de 3 semanas, lo había asumido como propio e incluso recordaba hacerlo vivido (a quien le interese el tema sólo tiene que googlear «implantar recuerdos falsos» y ahí dispondrá de una amplia selecciónde artículos y videos).

Si eso es posible a pequeña escala, ¿Cómo no va a ser posible manipular masas de pensamiento que se retroalimentan las unas a las otras y se contagian? Así sólo es necesario implantar la semilla en un reducido grupo de seres humanos (cuidado con los «influencers» que no son más que meras marionetas del sistema) y ellos se encargaran de diseminar la idea a velocidad exponencial gracias a las redes sociales.

Pues aquí estamos en la retaguardia, luchando por la cultura desde nuestras posibilidades. Compartiendo los dolores de la pobreza y de la vida y dejando por el camino las miguitas de pan a medida que nos dirijimos hacia el epicentro de nuestros adentros. Un viaje de lúgubre recorrido, oscuro, pantanoso y hediondo que nos devolverá quizás más fuertes, lúcidos y conscientes o quizás todo lo contrario. De ello dependerá la voluntad de permanecer o desvanecer.

 

 

 

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