La dualidad del UNO

Ha pasado mucho tiempo desde mi último escrito pero es que necesitaba pensaracer un alto en el camino y reflexionar sobre muchas de las cosas que no van fluidas en mi vida. A veces es necesario recomponer el mapa, redefinir el horizonte para retomar el rumbo.

Heme aquí de nuevo con más preguntas que respuestas, más perdida que hallada, más subjetiva que objetiva pero estoy aquí con la voluntad de disipar toda duda, reencontrar la senda o trazar una nueva. Sin miedo y fuerte, enfrentando la vida con estos retos que son propios de cada etapa.

Ante mi quebradero de cabeza, mi gran amigo del alma me sugirió que tenía un problema de dualidad de espíritu. Y es que oscilo entre la clarividencia y lucidez momentanea que me ilumina el camino a no seguir y la voluntad de querer y necesitar estar en el trazado de la socialización y estandarización social. Es pasar de la claridad a la oscuridad y no saber encontrar la cantidad de luz necesaria.

Casualmente en momentos tan sumamente controvertidos de la existencia humana ha caido entre mis manos la mejor lectura donde la hubiera. Me dicen que tengo el don de la oportunidad y haciendo gala de dicha virtud, rescaté del olvido «El lobo estepario» de Hermann Hesse que dicho sea de paso es uno de los autores que más sosiego me ha traido por saber en todo momento iluminar esa zona oscura de la condición humana y acompañarme en cada sentimiento de soledad profunda, en cada inspiración ahogada por la angustia y cada paso hacia la liberación. No hay nadie mejor que Hesse para entender lo que pasa en el seno de mi alma. Y lo cito literalmente porque puedo firmar cada una de las palabras que leo. Hago especial hicapie en la puntuación de los pasajes: horrible y difícil de leer, la editorial se cubrió de gloria (y no voy a decir cual es)

«El lobo estepario tenia, por consiguiente, dos naturalezas; una humana y otra lobuna». Aquí viene cuando explica la partición de otros hombres con el perro, el zorro, el pez, el mono o la serpiente y dicen que las dos mitades conviven en armonía y simbiosis cada una apoyando a la otra y ayudandola a sobresalir. Para el personaje de la novela, Harry, «era otra cosa, no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para el martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible».

«Ahora bien, a nuestro lobo estepario le ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre; pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre al acecho, observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las llamadas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenñia perfecta conciencia de lo que le sentaba bien […] y desde el punto de vista del lobo toda acción humana tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terrible hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Era entonces cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte del hombre que llevaba, lo llamaba animal y bestia, y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud».

Aquí paro un momento para traducir a mi situación al hombre y al lobo. Estoy pasando claramente por una fase lobuna que me hace ridiculizar todo cuanto tengo a mí alrededor. Esta es, sin lugar a dudas, la fase de máxima clarividencia por el desapego que experimento hacia todo lo mundano. Es el punto en el que se toma conciencia del yo desde una posición externa al yo propio y se observa con crítica la situación actual, el recorrido y el horizonte. Y lo que veo no me gusta. Se me hace un nudo en las tripas y siento que me hundo, que hay un abismo entre lo que realmente necesito y lo que tengo. ¿Cómo es posible perder de vista las cuestiones que son tan importantes para uno y dejarse llevar por la corriente normalizadora que dictamina lo que tiene que ser la felicidad y por lo tanto las aspiraciones de uno? Y lo que es más grave es la manera en la perdemos la conciencia de estos punto de vital importancia. ¿Por qué?¿Para qué? Mi alma gemela le llama el principio de las bases falsas y creo que es ahora cuando lo entiendo. Las bases falsas se crean cuando tan sólo se vive sin reflexionar en lo importante y esencial. Así, cuando el hombre se muestra con sus necesidades a corto plazo como son la de obtener cariño, ganar dinero o sencillamente ir hacia un horizonte determinado, siempre se elije la opción momentanea que da respuesta a corto plazo y que proporciona una seguridad inmediata y por lo tanto errónea. Es así como se pone el cimiento de las bases falsas. Empezamos a edificar cada etapa en función de ese hombre con esas necesidades a corto plazo pero las bases son falsas porque cuando el lobo despierta (momento de clarividenca) empieza a criticar absolutamente todo cuanto se ha ido construyendo. EL PRINCIPIO DE LAS BASES FALSAS punto a recordar y gravar a fuego para el resto de la vida y que hasta este punto y momento no había logrado entender.

Sigo con Hesse porque tiene mucha miga y esto es solo el principio.
«Harry no llevaba precisamente una vida que fuera agradable y venturosa. Pero con esto no quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). […] Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño no veían nunca en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él la lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más decepcionados e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto.»

«[…] él podía dejar respirar, pensar y sentir alguna vez al lobo y alguna vez al hombre con libertad y sin molestarse; es más, que en momentos muy raros, hacían los dos alguna vez las paces y vivían juntos en amor y compañía, de modo que no sólo dormía el uno cuando el otro velaba sino que ambos se fortalecían y cada uno de ellos redoblaba el valor del otro». 

Si es posible una reconciliación entre los dos entonces quizás sería esta la respuesta para llevar a cabo una vida más placentera.

«Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry, muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capcidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro como estaban en Harry el lobo y el hombre. Y estas personas cuya existencia es muy agitada viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento y […] así se producen todas aquellas obras de arte en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino […]»

«Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él.[…]Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros.»

«Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se aproximaba a él espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada, ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia.»

«Consciente, despreciaba al hombre burgués y tenía orgullo de no serlo. Esto no obstante, vivía en muchos aspectos de un modo enteramente burgués; tenñia dinero en el banco y ayudaba a parientes pobres; es verdad que vestía sin atildamiento pero con decencia y para no llamar la atención; procuraba vivir en buena paz con la policía, con el recaudador de contribuciones y otros poderes parecidos […]pero no habitaba ni vivía nunca por decirlo así en los suburbios de la vida, donde no hay burguesía ya. Se quedaba siempre viviendo en los dominios de la burguesía, con cuyos hábitos, normas y ambiente no dejaba de estar en relación aunque fuera antagónica y rebelde. […] De esta manera reconocía y afirmaba siempre con una mitad de su ser y de su actividad lo que con la otra mitad negaba y combatía. Educado con severidad y buenas costumbres en una casa culta de la burguesía, estaba siempre apegado con parte de su alma a los órdenes de este mundo, aun después de haberse individualizado hacía mucho tiempo por encima de toda medida posible en un ambiente burgués y haberse liberado del contenido ideal y del credo de la burguesía.»

En cuanto a la dualidad de mi ser ésta sin lugar a dudas responde exactamente a este pasaje descrito tan maravillosamente por Hesse. Es exactamente eso. Educación burguesa y partición del alma que la critica. ¿Cuándo y por qué se partió fracasando estrepitosamente el proceso de socialización? No tengo idea lo que sí que puedo afirmar es que, de alguna manera, mi interior siempre ha pugnado por no asemejarse al humano corriente. Y por humano corriente entiendo al producto estándar que esta sociedad crea por varias vías: televisión, educación/escuela, empresas con su marketing despiadado. No sé si aprendí a cuestionarlo todo y a darle mil vueltas a cuestiones que quizás, en ojos ajenos, no tienen tanta miga pero sí que es una constante las reprimendas por varios sectores sobre mi fanatismo por buscar los tres pies al gato. Pero ese fanatismo cuyo instigador es el lobo interior a veces se adormece y entonces sale a relucir el pequeño burgués del interior que pide normalidad y tranquilidad y que está siempre dispuesto a hacer concesiones laborales o relacionales, especialmente sentimentales. Así cuando el pequeño burgués hace acto de presencia, las decisiones que toma mi mente son las equivocadas porque se basan en sentimientos aprendidos y no procesados. El sentimiento de seguridad que da la estabilidad laboral cuando lo que más odio en el mundo es fichar y obedecer órdenes que no tienen sentido. No entiendo cómo, en pleno siglo 21, todavía hay que desplazarse 30 km para ir a trabajar. Estar 8 horas, a veces improductivas, ocupando un puesto porque sí más una hora para comer. Yo no necesito una hora para comer, 20 minutos bastan. Además de todas las distracciones que puedan haber en el entorno laboral y que evitan una concentración y por lo tanto una calidad en el trabajo. No lo entiendo y sin embargo, cuantas son las personas que me han confiado que no sabrían vivir sin trabajar. Yo no digo que haya que vivir sin trabajar pero lo que está claro es que una manera diferente en la organización del empleo debería imponerse para aquellos cuyas necesidades son otras. No interesa, clarisimamente porque mientras tengamos la cabeza ocupada en cosas inútiles no pensamos en lo que realmente importa. Mientras dedicamos 10 horas de nuestro tiempo en ir, volver, comer, tomar un café, discutir sobre la reunión y criticar a la Juani que hoy se ha puesto el conjuntito de buscona, no pensamos en las cuestiones que realmente pueden llegar a casar hombre y lobo.

El trabajo nos distrae y esclaviza sin embargo, ¿Quién puede vivir sin dinero? Supongo que forma parte de las herramientas del sistema para la normalización de aquellos que están en los bordes de la sociedad. Si los distraen, poco a poco, sus tentáculos se irán apoderando de nuestros cerebros y al final acabaremos deseando cosas que no provienen de nuestro interior sino de los susurros exteriores. Y todo ello movera la inmensa maquinaria que hemos creado del sobrevivir para reproducirse y consumir para seguir sobreviviendo cerrando así el círculo vicioso del sistema capitalista.

 

 

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