Una noche más a la deriva

Una noche más sin dormir. Una pesadilla que no termina, no hallo reposo en nada, de ninguna manera. A veces es más llevadero especialmente cuando la oscuridad engulle la conciencia. Cuando no, el cansancio no ayuda a pausar la mente. La oscuridad se hace oprimente y el aire escasea. En horizontal no se puede estar. Intento entretenerme para desviar la atención, pero me ahogo.

Dejé de comer, de escribir ficción. Solo busco comprender, entender el porqué del cómo. A lo mejor no queda nada que entender a estas alturas que tu flor puede que esté en otro jardín, no lo sé, pero de ser así espero que sea el tuyo propio como siempre tuvo que ser. Procuro respirar profundamente para disolver esta angustia y especialmente porque este fue uno de nuestros problemas: respirar. La última noche y un último suspiro.

Te busco injustamente, me fui yo, lo sé. Te miro y solo con saber que sigues vivo tengo bastante. Sonrío y está todo bien. A pesar de la angustia, verte me pone contenta y pensarte es suficiente. Es suficiente hasta que me llega tu aroma. Mi camiseta sigue oliendo a ti y, a veces cuando el corazón ya no me cabe en el pecho, como hoy que el estómago me da un vuelco, la saco para sorbete en una pena alegre y silenciosa. Luego la vuelvo a guardar para no desgastar el aroma.

Te escribo sin escribirte. Todo es palabrería hermosa y florida, pero a ti te gustó la poesía. Yo también quise una poesía eterna que no se convirtiera en relación, que embriagara los sentidos y no se ajustara a la realidad, un amor sin continente porque cuando tratamos de apresarlo ya no es amor, es otra cosa, lo entendí esta semana. El formato siempre estuvo equivocado, siempre fuiste una criatura de extrema belleza, lástima que no lo creyeras.
Quizás fuera el engaño de los sentidos que solo intenta expresar aquello que no sé decir de otra manera. Me sale así y si no puedo escribirlo, siento que me quedaré en este estado de vigilia con el que ya no puedo más. Desvarío por el sueño de las 48 horas, si lees esto disculpa sé que no me vino cuando fue necesario. Aquí es el único lugar en el mundo donde me permito la licencia de ser poco, mucho o demasiado y nadie puede juzgar porque todos son libres de leer e interpretar. También puedes cerrar los ojos.

Te miro en bucle y se me remueve el mundo. Al borde de la locura por no querer cerrar esta puerta. Sufrimiento gratuito, castigo autoimpuesto, ese punto de enfermedad mental. Dos diazepanes no han sido suficientes para vencer tu sombra.

La escarcha de la rosa se deshace en lágrimas, tarde seguro, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

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