«Aquello que evitas te hace esclavo, aquello a lo que te enfrentas te hace libre»
-Javier Iriondo –
«El miedo es la principal fuente de superstición y una de las principales fuentes de crueldad. Vencer el
miedo es el principio de la sabiduría.«
– Bertrand Russell –
A cada uno su neura, su hámster, su mono, su monstruo personal, una fijación dando vueltas en la rueda de la jaula. A veces, uno se cansa de sí mismo porque siente que la música de fondo viene repitiéndose desde tiempos inmemoriales. La misma melodía en bucle que pesa en la mente tal que esas canciones tan pegadizas como vomitivas que no quieren abandonar nuestra sesera. El mismo proceso se opera con la neurosis, una distorsión que hace que la realidad que percibimos suene de una manera u otra. Todo ello dependerá de la base de carácter que tengamos.
Para algunos será la sombra de la imperfección y la necesidad de mejorar lo que ya es perfecto por el hecho de ser.
A otros el orgullo les tarareará que merecen unos privilegios solo por su mera existencia, grandeza o belleza ser el centro de atención porque ellos lo valen. El orgullo es la opinión que tenemos de nosotros mismos y que tratamos de imponer al exterior, es una imagen que se impone de dentro hacia fuera.
La vanidad afectará a aquellos para los cuales la apariencia es lo importante y tratan de ejercerse presión a sí mismos cuadrando el descuadre que existe entre la imagen que proyectan al exterior y su propio ser. La vanidad es la opinión que queremos que los demás tengan de nosotros mismos. Es una imagen que se impone de fuera hacia dentro.
Victimización o compensación del que siente que a través del sufrimiento será más auténtico, más real, más especial.
Aislamiento, autosuficiencia y autonomía de aquello en constante huida del mundo porque este es causante de dolor. En este caso la distancia y la autosuficiencia son las soluciones para dejar de sufrir. Alejando a los demás de ellos, se alejan de sí mismos.
El miedo que agita la duda constante en un bucle sin final de los que piensan que el prójimo será siempre una amenaza. El humano engaña siempre, miente y por ende herirá. Paranoia, irritabilidad, suspicacia, perpetua desconfianza, hiperactividad neuronal, hipervigilancia. No habrá paz para los desconfiados
La planificación perenne del que prevee para evitar los vacíos, esos agujeros negros que obligan a entrar en contacto con el dolor y el sufrimiento. La ilusión de la elusión del que piensa que estando constantemente en movimiento «haciendo». Esta huida no permite profundizar en el sufrimiento y poder transformarlo.
La posición de poder incuestionable como derecho absoluto que provoca la idea de dominio. Existe la negación de la fragilidad e impotencia infantiles. La moral es personal y la melodía de fondo inspira la creencia de que el mundo quiere someter y debilitar al ser con sus reglas dañinas y falsas. La búsqueda de control sobre las propias acciones incita a la independencia, la fijación de límites desde la imposición y el no respeto ajeno.
La sobreadaptación y el olvido de sí ponen al prójimo por encima de las propias necesidades. Se minimizan y niegan las necesidades del sí mismo. Es un mecanismo de huida que evita el mirar hacia dentro por tener la vista puesta hacia los demás. La constante distracción en el hace, nuevamente, es uno de los mecanismos de evitación más claros que este ser humano posee. Salirse por la tangente, ser gracioso, sacar una broma cuando se están tocando temas importantes es una de las características más flagrantes de los tipos evitativos. Ello alimenta la creencia de que son menos importantes que los demás.
Recuerda:
«Las cosas fluyen hacia donde tienen que fluir, y por más que te esfuerces e intentes hacerlo lo mejor posible, cuando llega el momento de herir a alguien lo hieres. La vida es así. Parece que está aleccionándote, pero ya es hora de que aprendas a vivir de este modo. Constantemente intentas que la vida se adecue a tu modo de hacer las cosas. Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida»
Tokio Blues, Haruki Murakami
¿Cuál es la música que siempre te acompaña? ¿Has detectado las notas de fondo que salen de tu tocadiscos? Si todavía no lo tienes claro, siéntate en silencio y sin hacer nada observa los pensamientos recurrentes que asaltan tu mente. Detrás de la melodía se repiten unas notas, ESE es el arpegio que lidera.

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