La taza de café reposa al lado del ordenador sobre la mesa. Desde aquí se puede observar la ciudad y por encima, el cielo todavía malva va virando al amarillo mientras me devano los sesos por buscar la pregunta del día que ya sé cuál es. Me he despertado con ella, pero todavía no sé si quiero hablar sobre ella o sobre el artista del hambre que para no salir de la pobreza se boicotea a sí mismo.
¿La pregunta o el artista? La pregunta me obliga a cavar, cavar y seguir cavando en busca de respuestas, de razones que quizás no existan. El artista parece estar en paz con las tripas vacías que dejaron de rugir tiempo atrás.
La pregunta es ¿Qué es la emoción y su diferencia con el sentimiento? Al artista poco le importa, sabe que y qué siente y no necesita preguntarse por qué. El pescador inhala la satisfacción de su pesca y no hay más. El médico ha errado en el diagnóstico, equivocarse es humano y no es que no le importe, al contrario, la desazón y la culpabilidad no se pagan con dinero. Todo debería ser vocacional y no un salario a final de mes para cumplir con la imposición.
A mí me apetece la levedad y dejar de insistir. No soy artista, ni pescador, ni médico. Tomar café mientras amanece será mi ocupación de hoy. De fondo tendré el aleteo de la mosca de la preocupación por no tener nada que añadir, ni siquiera azúcar.

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