Abuela, cuéntame otra vez la historia de papá (2/2): El mundo onírico convertido en cuento.

Previously: Abuela, cuéntame otra vez la historia de papá (1/2): Más sueños condensados en historias. Necesitamos los cuentos para comprender.

Tu abuelo…

Tu abuelo se cruzó en mi camino, un día, por casualidad. No nos dijimos nada, no hizo falta. Tampoco fue amor a primera vista, no hubo fuegos artificiales, ni la música de violines como telón de fondo. Sencillamente un encuentro de miradas y cada uno siguió con su vida. Sin embargo, hubo un intercambio energético del orden de lo divino. Un golpe de aire en la nuca me abanicó el pensamiento, como si el universo me soplara las respuestas al oído.

Hice caso omiso porque en aquella época yo era una mujer de ciencia y de nula espiritualidad aunque, de alguna manera, recuperé una ancestral sensación que en aquel instante no supe dilucidar. El tiempo fue transitando y yo me sumí en un viaje en las profundidades del ser en busca de respuestas sobre mis polaridades. Fui a dar con tu abuelo que resultó ser un chamán nacido de la madre luna. Él me reconoció al instante, mi pelo cano a mi pronta edad era señal inequívoca de que yo era su hermana, hija de la misma madre. Para mí, el sentir estaba prohibido porque me hacía vulnerable ante la necesidad que traté de evitar. Dejarse ver era también dejarse tocar el alma y para mí resultaba peligroso. ¿Por qué? Porque a base de experiencia interioricé que los hombres y las mujeres están biológicamente hechos para la procreación y que el intercambio conlleva, sí o sí, un interés puramente sexual. No contemplé nunca la posibilidad de que fuera de otra manera. Como aquel era mi enfoque, me pasé la vida proyectando aquello a diestro y siniestro con los fatídicos resultados que siguieron. Me aislé para no errar más sin saber que el aislamiento era negación y que la negación agudizaba la necesidad. El único camino era aceptar mi estatus de mamífero bípedo en busca de vinculación. Vinculación mal llevada, en ausencia de límites entre el «yo» y los demás condujo a la fusión, ahogo, escape, rechazo.

Tu abuelo apareció mientras yo estaba en plena aceptación tratando de trascender los límites de mi propia mente. Por aquel entonces una serie de acontecimientos perceptivos me hicieron bascular en el mundo de la espiritualidad y, mientras me iba arrancando el traje de ego y bruñendo la piel, apareció su aura luminosa y benévola. Nos fuimos reencontrando, viendo, escrutando. Yo temerosa, él sonriente siempre acogedor y, un día, sin mediar palabra pues el silencio era rey, logró que me mirara con una profunda compasión, comprensión y amor por mí misma. ¡Pobre niña herida! Lloré 28 días y 28 noches hasta que renació una nueva luna de aire y yo terminé mi transformación.

Amé a tu abuelo sin preámbulos, pues se instaló un profundo aprecio en mí. Nada más y nada menos que una serenidad y una paz inusitadas. El silencio, el crepitar del fuego, la luz de nuestra madre llenando los vacíos. La bondad infinita resumida en aquella sonrisa y aquella mirada rebosante de una alegría triste: la compasión de tu abuelo derribó una coraza que parecía infranqueable. Creo que fue el primer hombre por el que realmente me dejé acariciar el alma y nada más. Fue magia que me sanó. De repente, comprendí que el amor está sin necesidad de hacer nada. Nos queríamos porque éramos humanos y nuestro valor iba más allá de lo material. También esto me lo susurró una estrella al oído.

Finalmente, tuve mi gran despertar espiritual y comprendí que mis manos podían sanar a las personas. Siempre lo supe, pues sentí desde mi infancia el poder de leer el cuerpo del otro con solo tocarlo. Me interesé por la medicina, pero no hallé respuestas a algo que sabía sin saber cómo y es que el ser debe ser tratado como una totalidad y no solo como fragmentos de un todo. El dolor físico no es más que la expresión de un dolor del alma. Incidir en los síntomas no es curar el síndrome. La medicina convencional no me satisfizo, no era mi camino y por ello el universo me hizo fracasar: «Date cuenta que ese no es tu camino, el sendero aparecerá cuando vivas todo cuanto tengas que ver y sentir».

Lo comprendí una década más tarde. Mi difunta abuela me reveló en un sueño que había, por fin, logrado sanar el linaje femenino de mi familia. Con unas falanges huesudas me indicó que III estaban curadas y la siguiente generación ___ permanecía tumbada. No me habló, pero comprendí. Detrás de ella estaba mi madre, observando la escena. Aliviada porque puse fin a una guerra interminable. Sentí la presencia de mi bisabuela que permanecía en la oscuridad, pues no recordaba su rostro. Presenciando la escena había un solo hombre, tu abuelo.

Quedé embarazada con relativa celeridad y sin precisamente buscarlo, ya era muy mayor para la maternidad, pero resultó ser el camino que el destino me deparaba. La falange de hueso que se me mostró tumbada, finalmente se erigió.

De mi vientre nació un niño de luna con la piel azulada, casi translúcida, los ojos verdes y el pelo casi blanco. Días antes de su nacimiento escuché unos cantos lemurianos, sí, ese continente que no se sabe si existió. Venían ilustrados por un personaje que presagiaba el nacimiento de mi niño azul.

El niño causó temor por el inusual tono de piel. Fueron tiempos de suspicacia y mucho dolor para él y para nosotros porque tu padre era puro como un ángel, sabio como un anciano a pesar de su corta edad y el misticismo que lo envolvía atraía todas las miradas. Los perros se le acercaban sin temor, incluso los más folloneros se abandonaban al influjo de su aura. Apaciguaba a las bestias sin tener que hacer absolutamente nada y el efecto balsámico que tenía sobre mí fue la cura definitiva que necesitaba. Sabía leerme la mente y cuando detectaba en mí alguna inquietud me rodeaba con su brazo de hombre y me exhortaba a posar mi cabeza sobre su pecho. Allí me quedaba durante horas, mecida por los brazos de mi hijo con su insondable profundidad y una sabiduría ancestral nacida de sus propias entrañas.

Tu abuelo y yo nos quedamos rezagados en sabiduría de sanación y tu padre nos tomó el relevo con apabullante naturalidad. Cuando tu abuelo falleció, recuerdo que tu padre me tomó en sus brazos y lloró mi pena y de sus lágrimas nació un cristal que a día de hoy cuelga de mi cuello. Cuando estoy muy triste lo tomo entre las manos y el cristal absorbe toda mi pesadumbre y se torna de color rojo. Me recuerda que la pena es también parte de la vida, me ayuda a no olvidar que puedo apartar el sufrimiento y quedarme momentáneamente con este dolor lacerante que pasará tan pronto como yo asga el cristal.

Tu abuelo murió, pero su memoria quedó profundamente anclada en la mía. Nunca más conocí a un hombre semejante porque quizás él fue el único al que me entregué en alma. El cuerpo lo profanaron muchos, pero mi alma solo fue de tu abuelo y, posteriormente, de tu padre.

Hoy sé que moriré y quiero entregarte este cristal de lágrimas de luna para que absorba tu sufrimiento y te permita el dolor. Tómalo querido niño grande, ya eres un hombre, recuerda la historia de tu ancestros y hónrala sin por ello quedarte apegado a nosotros. Somos parte de ti y seremos parte de este mundo en tanto en cuanto somos tu padre y, por consiguiente, somos tú.

Recuérdanos con amor y respétate en lo más profundo de tu ser. Así, también nos respetarás a nosotros que contribuimos a la formación de una nueva estirpe de humanos mucho más humanos de lo que fuimos nosotros. Aquí termina mi relato. Como punto y final dejo ir todo el control que me mantiene todavía en este plano. Te amo tanto mi querido niño…

15 comentarios en “Abuela, cuéntame otra vez la historia de papá (2/2): El mundo onírico convertido en cuento.

  1. Avatar de Esther
    Esther dice:

    ¡Qué maravilla! ¿cómo se puede ser más humana de lo que es ya esa contadora de mil y un cuentos verdaderos, verdaderos? Mil y un besos mi querida Sherezade ;))) Pero ahora antes de que se me olvide me has hecho recordar a una mujer, médico, que me llamó mucho la atención por lo que contaba, por su trayectoria de vida, luego te paso un video que le escuché por si fuera de tu interés. Muak, muack …………

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    1. Avatar de elrefugiodelasceta
      elrefugiodelasceta dice:

      Buenas! Muchas gracias, espero que disfrutes algún día del papel, ¿Quién sabe si se publicará algún libro más? De momento están los proyectos literarios en stan by! Sueños olvidados en mi caso, se me escapan todos! Un abrazo!

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      1. Avatar de elrefugiodelasceta
        elrefugiodelasceta dice:

        Tengo uno sí, pura casualidad que viera la luz. Todo empezó para olvidar y terminé recordando que es lo que suele pasar cuando algo se intenta con ahínco desmedido. No permitas que ese «algún día» se postergue demasiado porque acaba por no llegar nunca. En el comer y el contar… todo es empezar.

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      2. Avatar de elrefugiodelasceta
        elrefugiodelasceta dice:

        Uf… eso de empezar, parar, retomar… creo que las historias se empiezan en un momento y son su momento. Después pasa el tiempo y uno ya no está en donde estaba. Por lo menos a mí me pasa. Tengo uno a medias que creo que se quedará con el culo al aire porque ya se barrió el polvo.

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