Previously on El Refugio del Asceta…
No tuve más remedio que aceptar mi derrota y dar mi b(r)azo a torcer. Había estado transitando en piloto automático y el Universo me dejó ganar mis pataletas porque no interferían con el plan divino, sino más bien al contrario, lo reforzaban. Empezó a encorvarse el sendero en cuanto se me presentaron los caminos rectos de la sociedad como el convertirme en cónyuge, mamá o trabajadora. Me salieron los demonios de dentro llevándose por delante al que estuviera y al que no anduviera chueco y recto al mismo tiempo. Sí, siempre es la misma piedra, roca, montaña. Quiero lo desviado, pero necesito lo recto aunque pienso que quiero lo recto y necesite lo torcido. Como dijo Robe: «El camino recto, por el más torcido». A veces no sé qué es qué porque todos son conceptos enmarañados. No vine a la tierra a pensar, aunque lo parezca, vine a aprender a poner límites y a diferenciar entre lo mío y lo de los demás, entre otras cosas.
Laboralmente ninguna empresa me quería. Sin importar lo orgullosa que saliera de las entrevistas, no había forma humana de insertarme en una carrera profesional de la cual mis padres pudieran sentir orgullo. A mí el trabajo me la suda(ba). A pesar de mis múltiples aptitudes, no encajaba y, como el herido de rechazo, rechazaba para no sentirme menos que nadie. Sentía la humillación y la injusticia que el aguijón del escorpión me provocaba retorciéndose nítidamente en el pecho. Me incendiaba de indignación y todo a mi alrededor ardía. La fuerza de la ira nacía de las tripas extendiéndose por todo el cuerpo y entonces…el orgullo: «¡Pues que les den por el culo, desgraciados. ¿Quién quiere ser prostituta de lujo?»
La verdad es que no soportaba, ni ahora tampoco es plato de buen gusto, ser rechazada, pero he aprendido a ver que tras el síntoma doloroso hay la creencia de no ser suficiente. El miedo al abandono, el no sentirse digno de amor, el creer que mi amor es de mala calidad por haber absorbido unas ideas introyectadas por proyección de mis progenitores, que no supieron hacerlo mejor. Mal de muchos, consuelo de tontos, pero así es en la mayoría de los casos. Somos todos huérfanos de huérfanos emocionales que, en cascada y sin consciencia, han ido trayendo seres al mundo para moldearlos, con un amor tullido e incompleto, dándoles todo aquello que ellos no tuvieron. Los extremos vuelven a tocarse causando catástrofes con muchos precedentes. ¿Dónde comenzó la debacle?
La única diferencia es que en estos momentos me doy cuenta del dolor y el sufrimiento no pasa de ciertos minutos. Se enciende la luz del entendimiento, la comprensión, la compasión y ya nada tiene que ver con el que me rechaza sino conmigo, con mis heridas. Como dice mi estrella preferida, lloro lo que haga falta y luego me yergo de nuevo, me coloco bien el moño y pa’lante: ¡A zapatear se ha dicho!
Sin embargo, por aquellos entonces, con virulencia, con odio y con asco, las sociedades anónimas, limitadas por su pretendida ausencia de lucro, así como todos sus integrantes me provocaban alergia y malestar. Cada vez que entraba en contacto con el mundo de la empresa era peor que bajar al infierno para dejarme violar por Satanás y contactar con mi oscura oscuridad, como el deseo de ser utilizada sin ser consciente de ello. Los extremos se tocaban de nuevo y mi violencia y agresividad verbal conducían directamente a una sensibilidad relegada a la sombra. Desde allí pulsaba la necesidad de ser querida por mi esencia de algodón y no por la apariencia de guerrera.
Tras muchas idas y venidas, cansada de navegar a la deriva, tuve la certeza de que yo no vine a la tierra a experimentar el trabajo ni a solucionar carencias de índole material, pues nunca me faltó de nada en el terreno material. Yo renqueaba emocionalmente en pretérito imperfectamente perfecto, y me indica el presente que renqueo. El universo me mostró el camino profesional dotándome de una inusitada facilidad para hablar cualquier idioma. Así, me convertí en mi propia jefa enviando a tomar viento a todo aquel que quisiera comprar mi tiempo. A partir de entonces empecé a decidir con quién, cómo y cuándo trabajaba. Así también empezó el aislamiento social. Sin ser consciente de que buscaba vinculación como agua de mayo, me fui apartando porque me sentía traicionada por todo el mundo. Ahora no puedo evitar explotar de la risa, pues un aprendizaje de hostia con la mano abierta ha sido el de que «quién acusa, se pone maravillosamente en evidencia». Así que la traidora era yo, hacia mí misma primero y, por extensión, hacia el mundo entero.
Con el tiempo también supe con una claridad inexplicable que aquel camino profesional era solo temporal. Me permitió tomar aliento y arraigarme al suelo y a mí misma. Fue creciendo desde mi vientre hacia mi cabeza la certeza de la seguridad y me fui puliendo a base de constantes fragmentaciones que iban desencalcando un apretado traje de ego adquirido con los años. Recalcitrante, el hijo de puta no quería holgarse. Ari, el druida, fue una de las piezas claves para comprender que el escorpión que llevo dentro me ha protegido con su fuego de las numerosas aventuras que mi cangrejo fue buscando: «Amor, amor, amor» que terminaba en «dolor, dolor, dolor».
CONTINUARÁ (pues todavía no hemos llegado al secreto de Maya y creo que esto se está convirtiendo en algo mucho más grande que un simple escrito chapucero de los míos. )
De escrito chapucero,nada. «Traiciòn a ti misma y por ende al mundo»…Ese pensamiento tiene mucho peso perdonarnos aligera la carga.😘
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Gracias Patricia, sí sí. El perdón. El perdón es muchas veces nombrado y en menos de la mitad de casos realmente sentido. El perdón a uno mismo se trabaja desde la compasión que va y viene. Besitos
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💯
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Hasta la guerrera más feroz esconde ternura en su interior, no porque así deba ser, sino porque, en el fondo, es la ternura la que se acoraza en forma de guerrera. Tienes talento, pero como suelo decir, el talento no lo es todo. Resiste, no dejes que la vida te avasalle. Los miedos son malos consejeros, deshazte de ellos y ¡dale duro!
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Gracias por las palabras de fuerza. Infunden ánimo y energía. A por todoooooo!
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No te sientes sola en este maremágnum de emociones, Montse. Muchos hemos hecho el mismo viaje y todavía estamos intentando llegar a la orilla tras el naufragio.
A veces, crees ver tierra y es solamente una mota en el ojo. Pero ¿quién sabe? Tal vez sea preferible seguir flotando a la deriva, que patalear y hundirse.
Esta frase dice tanto: «Somos todos huérfanos de huérfanos emocionales». Arrastramos una herencia que no pedimos y que, sin embargo, se convierte en una carga inmensa que arrastramos toda nuestra vida.
¿Descubriremos el secreto de Maya o preferirás seguir dejándolo oculto a extrañas miradas?
Abraazooo
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Gracias Jose! No me siento sola, como yo, todos. Cada uno con sus dolores y pesadumbre pero al final, todo viene a ser los mismo. El secreto de Maya será revelado a su debido tiempo 🤣🤣🤣🤣
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Gracias, como viene siendo costumbre, muy acertadas tus elecciones musicales 🙏
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