A ver, lo del condón no mola. De hecho, no mola nada. Lo impresionante es que estemos enviando hombres al espacio y los dejemos en órbita durante meses, conquistando nuevos planetas, desarrollando coches voladores y que todavía tengamos que ponernos una bolsa en el pito para prevenir situaciones embarazosas además de inconvenientes crónicos. No jodamos. No tiene sentido. Además de que con los movimientos de protección del medio ambiente uno se siente hasta culpable de desechar el capuchón, casi que apetece reciclarlo para un próximo encuentro.
El plástico por muy de látex, fino, ultra transparente que sea se nota. Un poco de tecnología de la Nasa nos iría bien para pegar polvos siderales, seguro que no se lo ha planteado nadie. El I+D requerido sería prácticamente nulo, solo necesitan tener la genial idea de utilizar la creatividad para hacernos viajar al espacio manteniéndonos en tierra. Como marketing tiene su gancho, una lástima que no pusiera demasiado empeño en mi carrera profesional a pesar de tantos años de estudios universitarios.
No estando satisfecha con ninguna de las opciones populares en el mercado, decidí optar por una cosa más «vintage». El clásico diafragma que ya no parece una cama elástica de dudosa efectividad, sino que tiene un diseño de lo más molón y una ergonomía que asusta. También a los clásicos les han lavado la cara. Los cuentos de Disney también pasaron por un restyling para adecuarse más a la nueva era. Colores más brillantes, caras más uniformes, aumento de la estandarización. Son los mismos perros con diferentes collares aunque aprieten menos.
Entré en numerosas farmacias en las que se me informó que había que pedirlo, que no lo tenían en stock. En otras me miraron con cierta extrañeza y lejanía sin saber de lo que estaba hablando. «¿Diafragma?». Me sentí dinosaurio y no comprendí nada. ¿Cómo lo hacen los jóvenes de hoy? Me encogí de hombros y opté por la compra por internet a la que recurro cada vez con mayor frecuencia porque lo que me gusta desaparece del mercado y solo se puede conseguir directamente del fabricante o por una aplicación que vio la luz hace una década. Wallapop.
De repente, una idea muy insana se me cruzó por la sesera… consultar los precios de los diafragmas de segunda mano en warrapop… A veces siento que me tengo que cortar los dedos, en serio.

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