Hacía algunos días, meses, que no me pasaba por estos lares. Anduve ocupada en los menesteres de mi yo superior que siempre está jodiendo la marrana con eso de la misión de vida y me llama cuando menos me lo espero. Así, tuve que atender de nuevo a la supraconsciencia que se desgañitaba por momentos y me dormí en los laureles del tiempo, perdida por bosques encantados a merced del fuego, del viento, del agua y de la tierra.
¿Cómo hacer trabajo de sombra? Había visto un sinfín de vídeos loando el «trabajo de sombra» como si el encuentro con ella estuviese chupado. Está tan de moda esto de la luz, la sombra, los retiros espirituales, los gurús, la meditación que me sentía gilipollas después de dos años de terapia y primero de formación gestalt de no haber visto a la dichosa sombra. A todo el mundo se le aparece la virgen y a mí no había manera de iluminarme ni con un foco de obra pública.
Así que, como no quería ser menos que nadie, me fui a tomar por culo de retiro a un lugar sin cobertura para descubrir los repliegues de la propia oscuridad que me esperaba con los dientes afilados, los ojos centelleantes y frotándose las manos por la expectativa del banquete que estaba por engullir.
El encuentro con la sombra es un trabajo de hormiga que, desde mi propia experiencia, solo se puede ir haciendo paulatinamente y en un encuadre seguro. No existen los rituales ni las pastillitas mágicas que aceleran el proceso de ruptura con uno mismo. El que venda la panacea está engañando. El despertar espiritual y el proceso de renacimiento son duros, largos, dolorosos y cada cual tiene su ritmo. No existen fórmulas, tiempos, pautas y, sobre todo, no hay meta. Cada cual llega donde tiene que llegar porque cada uno tiene una misión intransferible. La sombra asoma cuando uno se permite ser también aquello que piensa no ser.
Yo me he ido topando con mi oscuridad a lo largo de este año. Finalmente ha brotado toda la mierda, o gran parte de ella. Siento haber llegado hasta el meollo que tiene origen en muchas generaciones precedentes. Seguro que quedan cositas despendoladas aquí y allá pero el gran trabajo está hecho. Lo inconfesable, lo más bochornoso y vergonzante de mis tinieblas por fín afloró. Parí un engendro que me desgarró el útero y sigo sangrándolo. Se están modificando los cuerpos sutiles y los toscos también.
La sombra es algo que está expuesto, uno la conoce pero sigue negando esa parte pérfida de uno mismo porque es insoportable integrar que somos lo que pensamos no ser. El objetivo es reconocer también «lo feo» y poder abrazarlo y asumirlo como algo que nos ha salvado la vida. El problema es el concepto que tenemos: lo feo, lo malo, lo bueno, lo ideal… ese maniqueismo mental que cataloga y juzga es realmente el problema porque nada es verdad ni mentira, nada es blanco o negro, depende del día y del momento en que lo mire.
Hay oscuridades y oscuridades y puedo decir que la mía es de las hijas de puta de verdad, terrorífica. Sí, claro que la juzgo. ¡Joder! ¡Me da miedo hasta a mí! Incluye el sadismo como el éxtasis máximo que contempla la belleza del sufrimiento ajeno mientras retoza en la satisfacción al presenciar cómo las muecas de dolor, pena e incertidumbre desfiguran rostros y cuerpos. Mi oscuridad se ajamona atragantándose de sarcasmo e ironía y se excita humillando con desprecio a mis semejantes a los que considera inferiores por no encararse con ella. Cuanto más poder le dan, más ruge y más ávida se vuelve la fiera. Es como un agujero negro insaciable que, al alimentarse, lejos de satisfacerse, incrementa su poder de atracción y voracidad.
Hay un inconfesable disfrute en someter y ejercer su dominio despiadadamente, sin miramientos, sin compasión. Utilizo la palabra para salpicar, la violencia física no la rehuyo, pero nunca ha llegado la sangre al río, me siguen dando miedo las represalias legales porque, gracias a Dios, el lóbulo frontal está muy desarrollado.
Las palabras se agolpan y se hostian en mi mente entretejiendo combinaciones vejatorias insospechadas. No sé de dónde sale ni cómo opera este órgano llamado cerebro, a veces hasta yo misma me sorprendo de su maldad así como me divierte la capacidad de combinatoria con el único objetivo de denigrar al prójimo por el placer de ofender.
Si en algún momento me sentía herida, cosa que solía ocurrir con desmedida frecuencia, me transformaba en Mrs. Hyde. Ahora sé que «es lo que hay» y que tengo que atenderme con urgencia para no reprimir esa rabia, ira, odio que bullen dentro. Si se me atragantan, me envenenan, tienen que salir de forma controlada para no herir a nadie, yo incluída.
La potencia sin control no sirve de nada y puede causar estragos. ¿Cuántas no fueron las veces que estallé sin contención y con miedo de mí misma? El odio me ciega, el miedo me impide vomitarlo todo. Siento que hay tanta maldad que si realmente saliera toda haría algún estropicio irremediable. Al concederle desplegarse en un encuadre controlado, a sabiendas que nadie iba a juzgar la podredumbre de mi alma, me permitió zambullirte en la mierda y explorarme corporalmente hasta el fondo. Los parajes más hondos, oscuros e inhóspitos vinieron a mi encuentro. Sorpresas me dio la vida, un viaje de no retorno.
A la señorita Dark le encantan la destrucción y el caos y disfruta sobremanera viendo cómo el sistema salta por los aires. La anarquía representaría el súmmum del goce, un deleite de alta intensidad solo apto para peces gordos. «O me comes o te como y te aseguro que no estoy dispuesta a dejarme devorar.»
Mi parte desvergonzada es competitiva hasta límites insospechados, de hecho no hay redil que la contenga y cuando aflora se desparrama como la lava de un volcán. No importa quién se ponga por delante, todo lo abrasa, no hay piedad ni compasión para nadie, para nada. Asimismo es celosa, caprichosa, demandante de atención, no acepta un no por respuesta, es envidiosa y para no sentirse rechazada o bien rechaza primero y lo quema todo o siente que ella es muy superior a todos y que los demás son gilipollas por no darse cuenta. El «no», desoído a propósito, es tomado como una ofensa, el rechazo como una daga de frialdad que se clava en las entrañas. Supongo que nunca me pusieron límites y cuando se tuvieron que imponer se hizo de mala manera, humillando, vejando y degradando.
Tampoco se trata de encontrar una explicación del porqué ni del cómo, sino de integrar y llevar a la luz esta cavernosa penumbra que tanta destrucción ha causado. No recuerdo en qué momento supe que llevaba a ese oscuro pasajero conmigo, la remembranza está velada por una neblina que no me deja acceder al fondo del cráter. Quizás no haya un punto preciso, sino una acumulación de magulladuras que provocan la herida. Con razón o sin ella, en este caso recae sobre mí el peso de generaciones anteriores, recojo el odio en cascada y es mi turno el transmutarlo.
Sigue sangrando el desgarre.
Sed de venganza… seek and destroy.
Volviste 😉😘😘
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Holaaaaaaaaaaaaa!!!!! No sé si realmente me fui. Estaba procesando y de repente lo eché de menos. Eché de menos escribir así que volví un poquito. Un abrazo enorme 😙
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😘😘😘
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Eso digo yo, has vuelto 🙂
No deja de sorprenderme esa capacidad que tienes, con cierto punto autodestructivo, si me permites el añadido, de describir lo que ves al otro lado del espejo. Supongo que hay dos tipos de personas. Unas, las que ven un montón de estiércol y se alejan todo lo que pueden, le ponen un biombo y un ambientador y fingen que ahí no hay nada de nada. Y luego las otras, las tuyas, las que se arremangan, se ponen una pinza en la nariz y dicen, lleguemos hasta el fondo de esto, seguro que promete.
Un abrazo
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Jajajajaja! No sé … Desde siempre me ha gustado lo oscuro y remover. No soy de ambientadores. Yo que sé chico, esto va como va. No hay que hacer nada sino escucharse y dirigirse hacia donde el corazón nos lleve. En mi caso voy a comprar chuches ya mismo. Un abrazo 😘
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«…y, sobre todo, no hay meta.»
✍️
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No hay luz sin oscuridad.¡Vuelve!.
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Ay, amiga Montse, el que diga que no tiene un Mr. Hyde en su interior es que no se conoce bien.
Para bien o para mal estamos hechos de dualidades, unas buenas y otras malas, y nuestra personalidad se alimenta de ambas. La «virtud» está en cómo controlarlas y, sobre todo, cuándo dejar salir una u otra, o dejarla bien encerrada en esa cueva en la que no queremos mirar.
Encontrar la calma, el relax, la blancura en nuestra mente, siempre ha sido difícil. El problema es que ahora estamos rodeados e invadidos de falsos gurús que nos hacen creer que es muy fácil. Fácil es para ellos ganar dinero a nuestra costa.
Deja salir de vez en cuando a tu Mr. Hyde y que escriba por aquí. Así le das alimento y nos deleitas con tus oscuridades. 😉👍🏻
Encantado de leerte, como siempre. 🥰
Abrazo grande.
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Ay, amiga Montse, el que diga que no tiene un Mr. Hyde en su interior es que no se conoce bien.
Para bien o para mal estamos hechos de dualidades, unas buenas y otras malas, y nuestra personalidad se alimenta de ambas. La «virtud» está en cómo controlarlas y, sobre todo, cuándo dejar salir una u otra, o dejarla bien encerrada en esa cueva en la que no queremos mirar.
Encontrar la calma, el relax, la blancura en nuestra mente, siempre ha sido difícil. El problema es que ahora estamos rodeados e invadidos de falsos gurús que nos hacen creer que es muy fácil. Fácil es para ellos ganar dinero a nuestra costa.
Deja salir de vez en cuando a tu Mr. Hyde y que escriba por aquí. Así le das alimento y nos deleitas con tus oscuridades. 😉👍🏻
Encantado de leerte, como siempre. 🥰
Abrazo grande.
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