Apego evitativo, apego ansioso, apego desorganizado: Lo que he descubierto permitiendo la experiencia. El camino de autodescubrimiento, la proyección. «El corazón tiene razones que la razón no entiende».

(Imagen generada por chat gpt)

Una cosa es la teoría y la otra es la práctica. El problema de las clasificaciones, etiquetas y definición de los conceptos es que terminamos por «mentalizarlo» todo y de ahí los problemas entre la razón y el corazón. El eterno conflicto entre «sé lo que me pasa a nivel cognitivo, pero no puedo dejar de sentir lo que siento». La verdad es que no existe una cura milagrosa e inmediata, hay que vivir la experiencia, pues precisamente es la experiencia interrumpida la que deja procesos abiertos que constantemente piden ser cerrados.

Lo que he descubierto dentro de mi propio proceso, una vez que me he permitido vivir la experiencia hasta el fondo, es que el apego ansioso ambivalente y el apego evitativo se van turnando en función de quién tengo delante. De nuevo, lo más importante es reconocer en uno mismo el mecanismo de funcionamiento. Es permitirse sentir y estar presente para cuando aparezca el patrón más allá de la etiqueta.

Si mi pareja es evitativa, a mí se me despierta la ansiedad. Si la persona que tengo delante es ansiosa o bien tiene un apego seguro, no tiene por qué tener una manera de vincularse. ¿Cuál es el descubrimiento? Que mi ego siempre ha pensado que las parejas que atraigo tienen algo malo y que «todos los tíos son iguales o todos están rotos». Eso hace el ego, echar las culpas a los demás, hacerme pensar que lo de fuera está mal cuando, en realidad, lo de fuera es un reflejo de lo de dentro. La proyección hace que veamos el mundo como somos nosotros, no como es en realidad.

Esto que puede parecer una nimiedad, es un momento clave de mi trayectoria y así lo comparto. Ese Eureka no hubiera podido existir con tanta profundidad y certeza si no hubiera dejado que ocurriera la vivencia, pues es labor del ego protegernos de las agresiones externas. La protección se lleva a cabo impidiendo, evitando, los estímulos que puedan llegar a afectar a la herida nuclear. Aún así, esa herida es la que nos provee del velo a través del cual interpretamos la realidad y, por lo tanto, está constantemente pidiendo ser vista. A su vez, el ego, esa coraza protectora nos envuelve y nos obliga a alejarnos de «eso» que tanto nos atrae.

He aquí uno de los misterios de la vida revelados «el corazón (herida, inconsciente, cuerpo) tiene razones que la razón (ego, mente) no entiende» y está bien. Una de las cosas que tenemos que empezar a soltar es la necesidad de «saber». Por experiencia, hay cosas que no se pueden comprender con la mente y es el cuerpo el que finalmente comprende. Cuando eso ocurre, se empieza a cerrar un proceso abierto. Es necesario pasar por la experiencia. Es necesario darse cuenta de lo que ocurre, estar presentes y conectados a nosotros mismos. Soltar el juicio, soltar el control, dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir porque la pregunta fundamental en todo proceso de desarrollo personal es: «¿Qué me pasa a mí con esto?».

Y a mí me pasa que pensando que ningún hombre estaba disponible para mí, les echaba la culpa a ellos hasta que me he dado cuenta de que la que no estaba disponible para ellos soy yo. Y, como si un jarrón de agua helada me cayera encima, se empezó a liberar la certeza de un miedo ancestral, bien custodiado por el ego.

¿Qué me pasa que mi cuerpo siente la necesidad de salir corriendo?
¿Cómo me autosaboteo?
¿Cómo hago para elegir, desde el principio, personas cuyos hábitos no son de mi agrado y, aún así, me meto en el berenjenal?
¿Por qué, sin voluntad de cambio, soy yo la que termino adaptándome a las costumbres ajenas?
¿Por qué me enfoco en lo que «no está bien» del otro y busco cualquier excusa para alejarme?
¿De qué manera no respeto mis límites?
¿Cómo siempre termino pensando que son ellos los «culpables» cuando en realidad yo sé desde el principio que eso que hacen no va conmigo?
¿Cómo es que siento que no tengo derecho a vivir una relación «normal»? ¿Qué es una relación normal?
¿Qué es lo que realmente necesito?
¿Cuáles son mis miedos?
¿Cuál es el mecanismo de «estira y afloja» que busco para satisfacer un mecanismo aprendido en la infancia?

No hay ningún atajo para encontrar las respuestas. Lo primero es sin duda estar conectado con uno mismo y estar muy consciente de lo que ocurre por dentro y no juzgarlo. Sencillamente dejar que aparezca lo que es y comunicar lo que es. No hay más. La toma de consciencia es el 80% del trabajo de introspección. Dejarse sentir y ser conscientes de que todo puede cambiar en cuestión de segundos. Tenerse paciencia, mucha autocompasión pues todo lo que hacemos, es para sobrevivir y conseguir que nos quieran (a menos que haya un trastorno de la personalidad en cuyo caso el objetivo varía).

En el proceso de autodescubrimiento, los temas van emergiendo a medida que el individuo está preparado para verlos. Es la figura de «fondo y forma» de la que hablaré en un próximo post.

Hasta entonces, añadir que la integración de todo cuanto se va descubriendo, es un proceso lento de reeducación emocional. Cada cual tiene el suyo y cada quien camina a su ritmo. No hay un lugar al que llegar, todo está bien y es perfecto tal cual surge.