Etiqueta: cuentos
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Comptine de otoño: Soledad
Escribo con la pluma en la mano y la flor en la pieldesollada, sigo desoyendo, mas sigo escribiendodescribo preñada de sueños de otros, otrora míosme empujan anhelos que remiendan desilusiones deshilachadasparo hilos que hilvanan soledades alumbradas en las sombrasnacimos muertos, ciegos, tuertos. Y con la luz apagada en este funesto entuerto,surge la refulgencia de una…
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El secreto de las relaciones duraderas: Eros, filia y ágape. A la bella y la bestia los vi bailando en el supermercado.
Los vi bailando en el supermercado. Ella elegía la fruta mientras él se perdía en esos gestos tan suyos, millones de veces contemplados y de los cuales nunca se hastiaba. Con sigilo, serpenteó hasta el puesto de los productos frescos, sin quitarle un ojo de encima. Era su Carmen, el amor de su vida. Se…
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Nos quisimos poco: La dignidad se aprende. Como Marga, aprendí a ver a través de los agujeros que nos atraviesan.
Margarita tenía de flor, finura y delicadeza lo que mi abuela de bombero, nada. La llamábamos Marga, costumbre española muy arraigada la de apodar, acortar o renombrar al prójimo. A algún gracioso se le antojó la escuálida ocurrencia que atestiguaba de una perspicacia declarada en huelga: Amarga. A Marga poco le importaban los viles retruécanos,…
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La necesidad murmura: Primero balbucea, apocada y tímida. Se expande sin pedir permiso. Atronadora, entrópica sin redil que la cerque. ¿Qué necesitas para seguir viviendo?
Un silbido primero, ligera molestia que, apenas audible, incomoda. Balbucea torpemente. Un murmuro ininteligible y dócil que, suave, se expande sin hallarse en redil que lo detenga. Con mansedumbre, timidez y cabeza gacha, temiendo ser exorcizado, va extendiendo sus alas a la par que tejiendo una transparente, pegajosa tela, mientras me entretiene refocilándose con una…
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La mujer misteriosa: Bruja, mística, tarotista, ermitaña, curiosa, estrambótica. La indefinición la definía.
Aquella mujer tenía dotes psíquicos. Vivía sola en un pequeño pueblo de la costa. Decían que tenía el extraño don de escudriñar a las personas y pescar las motivaciones reales de cada uno. Lectora de auras, decían. No sabiendo a qué se referían, comprendí que se trataba de una suerte de bruja, una hechicera, una…
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La visita nocturna de Mr. Hyde: Juro que lo vi en mi balcón a las 3 y 33 de la madrugada.
Lo que me apresto a relatar a continuación es la razón por la que no puedo leer, ver ni escuchar historias de miedo, de terror o acaso de suspense. Culmina en catástrofe y pánicos nocturnos. Me venció Morfeo sobre las once de la noche, mientras Dostoievski estaba elucubrando sobre el rol de la Iglesia en…
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El escapista del Hambre: Un artista con la arista bien enmarcada y el objetivo indefinido.
Amaneció el domingo emborronado, espumoso, y en el horizonte, apenas se divisaba el mar debido a la veladura de la bruma. Mis aposentos estaban atestados de libros y notas que, como de costumbre, enseñaban silenciosamente los dientes aunque tratasen de mostrarse dóciles y acariciables envueltas de florituras y rocambolescas rimbombancias. Mi estilo era cansino, mi…
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El traficante de corazones: El bucanero austral, me lo dijo con melodía de tango brasileño.
Últimamente me levanto sin nada que decir. Es en este impertérrito intervalo en el que las tragaderas se declaran en huelga de hambre que se instala una suerte de anorexia mental, una abulia trascendente que preludia el fulminante relámpago de la comprensión. Tras ellos viene la bulimia exacerbada que deglute sin masticar, engulle, consume frenéticamente…
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La casa desvencijada: Con el miedo encalado y los jirones del tiempo empapelando las paredes.
En la postrera luz del atardecer de un brumoso domingo invernal, la voz cantante la llevó a explorar aquel caserón desvencijado que llevaba viendo día tras día en sus recurrentes y también ocurrentes paseos por el bosque. «Dentro encontrarás lo que andas buscando», le susurró el viento. Su árido y babilónico intelectualismo la había protegido…
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La diferencia entre sentirse opción y prioridad: Una de las bases de la autoestima es saber decir «no me interesa» al que viene a pasar el rato.
Se levantó como el día, con la cabeza nublada y densa. El pensamiento, de un plomizo plumaje, se desperezó desentumenciendo los conceptos que la mantuvieron en vilo hasta altas horas de la madrugada. «Hoy va a ser uno de esos días… viscosos» se dijo a sí misma. Algo andaba encasquillado y no sabía el qué.…