A TI QUE LLEGASTE A MI VIDA SIN GRAN ESCANDALO

A ti que llegaste a mi vida sin gran escándalo, discreto y delicado como lo son tu mirada, tus besos y tus caricias. Ni siquiera pude notar cómo, poco a poco, te introdujiste en mí, como nos fuimos compenetrando hasta el punto de sentir que tus movimientos eran mis movimientos, que tus pensamientos e ideas se generaban al mismo tiempo que los míos, que tu respiración y la mía se (con)fundían en una sola.

He tenido la oportunidad de ir descubriéndote por el camino. Me has dejado verte, mirarte por fuera y por dentro. Has estado presente en los buenos momentos, que no han sido pocos y en los malos que, afortunadamente, fueron escuetos y sin importancia.

Desde el principio sentí una secreta admiración por la tranquilidad que emanaba de ti, como si fueras un ser supremo por encima de lo mundano. Siempre te he observado desde una perspectiva externa a lo común, como si estuvieras en un plano superior.  Constantemente pensé que eras diferente, que te distinguías de los demás porque tu visión del mundo te permitía quedar en un plano objetivo, como si nada de lo que te rodeara fuera contigo o te afectara de modo alguno.

Así te percibí desde el inicio y, de alguna manera, es la imagen que me devuelven tus palabras y reacciones aún a día de hoy. Sigo convencida de que no formas parte de la masa, que no perteneces al lugar donde estás y que observas todo desde una perspectiva distinta que, en efecto, te permite tener un distanciamiento y mucha más objetividad.

Deja que te diga que me estoy enamorando de ti sin remedio.

No enamorando como cuando sientes un arrebato por alguien a quien ni siquiera conoces. Así no. Enamorando poco a poco de ti por todas esas pequeñas cosas que captan mi atención y que tengo la suerte de poder descubrir: tu mirada, tu sonrisa, la suavidad de tus manos, tu manera de cortar cebolla, lo que dices, el cómo lo dices, lo que piensas y el porqué de tus pensamientos… cómo me cuidas y cómo quiero cuidarte. Cómo disfrutamos del momento en sintonía, mirando el cielo, sólo deseando estar en el instante presente, sin querer acelerar el tiempo. En silencio, a sotto voce o sencillamente gritando.

Me estoy enamorando de ti sin miedo porque no siento desasosiego alguno por primera vez en mi vida, porque sé que contigo todo se puede hablar sin temor a nada, porque un beso tuyo puede ahuyentar cualquier espectro del pasado, presente o futuro.
Me estoy enamorando de ti paso a paso, avanzando sin prisa, sin pausa y sin remedio a estas alturas. Caminando hacia ti con la pisada en firme.
Me estoy enamorando de ti con los ojos bien abiertos ya que el amor no es ciego y debe servir a un fin superior: crecer y ser mejores personas, progresar y transformarse en seres más bondadosos, desarrollarse y de crisálida metamorfosearse en mariposas, alzar el vuelo y ser libres.

Aunque todo esto no lleve a ningún lugar te doy las gracias por compartir todos estos momentos que se vuelven maravillosos cuando estás junto a mí. Gracias por querer explorar conmigo una parte de ti o sencillamente por estar, por darme un abrazo, un beso o una caricia. Gracias por mirarme muy dentro y por no importarte lo que no es importante. Gracias por recordarme lo que es importante en esta vida y por dejarme recordártelo a ti. Tú me ayudas y yo te ayudo. Gracias por ser honesto e inteligente y sobre todo gracias por acompañarme en este tramo de existencia que no importa cuánto dure pero que mientras dure sea lo más real posible, sin superficialidades ni estupideces.

De verdad, GRACIAS.

Un año después de ti…

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