4. El encuentro

Se dipuso a salir de allí pero no podía volver a su casa todavía. La sensación de ahogo era nauseabunda. Puso rumbo a la recepción del hotel cuando pasaban ya 15 minutos de la medianoche y apenas quedaban algunas luces iluminando el interior del edificio. Al llegar al mostrador no divisó a nadie así que hizo sonar la campanita con la esperanza de que alguien saliera en su ayuda.

Un individuo joven y descamisado apareció por una puerta escondida al fondo de la recepción. Con cara de dormido, corbata de medio lado, pelos de punta y olor a tabaco rancio le espetó un gruñido de buenas noches. Ella le devolvió una sonrisa con el objetivo de que aquel ser se apiadara de su alma y pudiera al menos intercambiar unas pocas palabras con el fin de oír otra que su voz.

Apenas la miró y ella se sintió estúpida y se acrecentó el vacío de su interior. Podría estar en cualquier otro lugar, en casa, con un buen libro entre las manos y una taza de té pero estaba allí presa de su espíritu aventurero.

– Disculpe que le moleste pero desgraciadamente, mi estómago ha empezado a dictar órdenes de vacío y sus rugidos se han ido intensificando. Me resultan insoportables. ¿Sabe de algún lugar abierto a estas horas? ¿Dónde puede comer alguien en esta parte de la ciudad? No sé si la gente de estos barrios suele comer a estas horas de la noche.

Se dibujó una sonrisa en la cara del joven desaliñado.
–  Esto es Barcelona y hay de todo para todos a cualquier hora. Quizás yo te pueda ayudar sin tener que moverte mucho de aquí. ¿Qué te apetece comer?
– ¡¿En serio?!- Él asintió y ella agradeció inmensamente el gesto del joven pues necesitaba el contacto humano después de lo ocurrido.- Teniendo en cuenta la hora y el lugar me ceñiré a las posibilidades. ¿Qué hay?
– Ven, entra y espera que voy a mirar.

La hizo entrar por la misma puerta por la que él había salido. Una salita de 3×3 era la parte trasera de la recepción con otra puerta interior desde la que se vislumbraba una escalera, una salida de emergencias y un ascensor de servicio.
– Siéntate que ahora vuelvo. ¿Qué quieres beber?
– Una cerveza por favor

Desapareció por la puerta interior. Sobre una mesa de despacho blanca reposaban 2 ordenadores, un teléfono y un cenicero que empezaba a rebosar. Un reloj de pared de oficina colgaba de la pared posterior y marcaba la una bajo una luz fluorescente que daba un toque extremadamente frío al ambiente. en la lejanía podía oír una simfonía de neveras abriéndose y cerrándose a la vez que platos, cubiertos y vasos repiqueteaban sobre lo que debía ser el mármol de la cocina. De nuevo sus pasos se acercaron y apareció con un botellín de cerveza en la mano y un cuenco de olivas en la otra.

– Aquí tienes tu cerveza y unas olivitas para acallar al león.
– Muchas gracias- y le obsequió con una sonrisa de oreja a oreja.
– A ver, te puedo ofrecer sopa de marisco, carne estofada, pollo al horno, espaguetis al pesto o te puedo traer pan y queso o embutido. Es lo que me ha dejado el cocinero esta noche.
– Espaguetis al pesto- estalló ella con gran júbilo.

Volvió a desaparecer y al cabo de unos minutos trajó en una bandeja un plato enorme de espaguetis, un bol con sopa de marisco y un poco de carne estofada.
– Ven sígueme, vamos a bajo.
Salieron por la puerta que llevaba a la recepción y bajaron unas escaleras a penas visibles que conducían a un comfortable salón cuyo suelo de madera y su ténue iluminación exhorataban a la distensión. Los sillones de una blancura cegadora reposaban sobre una alfombra y bajo una serie de cuadros que ayudaban a dar calidez al ambiente. Ella se sentó en el sillón de 3 plazas y enfrente se sentó él. Puso la bandeja sobre la mesa baja de cristal que los separaba y le ofreció el plato de espaguetis.

-Muchas gracias, esto sí que es un lujo.

Él se rio y la invitó a que empezara a comer.

– MMMMMMMMMM. Están buenísimos!!!!
– Me alegro de que los disfrutes así. Por cierto ¿Qué estás haciendo aquí?
– Aquí y ahora comer. Aquí a secas es un poco más complicado. Me he metido en un lío y yo solita la verdad. He cometido una terrible equivocación y ahora me siento culpable porque sin querer herir a nadie, he logrado hacer daño igualmente. Ya no importa lo que haya podido pasar aunque te lo puedo contar, es el cómo me siento lo que importa.

Él se quedó callado, tomó un cigarrillo entre sus dedos, lo encendió e inhaló una enorme bocanada de humo. Se dejó caer sobre el respaldo del sofá, cruzó una pierna y la miró prestándole toda su atención. El mundo se borró del lugar. No existía ya los muebles ni la luz ni la sensación de calidez. Aquella mirada pendiente de todos sus gestos había aniquilado el entorno. Ella empezó su relato.

– Hace años, en la escuela, conocí a un chico pero nunca había mediado palabra alguna entre nosotros. Desde la lejanía parecía buen chico y no sé si porque tenía pinta de raro o si porque lo mantenían al margen de los demás me conmovía la sensación de soledad que parecía girar a su alrededor. No sé por qué razón me apiado de todos aquellos que parecen estar distanciados de la corriente. Quizás me sentí así en algún momento y por eso necesito prestar atención a esta gente que también parece estar ausente. Nunca había hablado con él y cuando terminó la escuela dejé de verle e incluso me olvidé de su existencia. Recientemente retomamos contacto y la empatía se convirtió en atracción. No sé cómo pudo pasar. Intercambiamos escritos y conversaciones durante meses y cada vez el ardor iba a más hasta que decidimos volver a vernos. Y eso ha sido hoy. En estos momentos él está en esa habitación de la que he huído. Me siento mal por él. Parecía tener tantas expectativas de que iba a ocurrir lo inevitable y sin embargo, al verlo me he quedado absolutamente inherte, fría, vacía. Me ha provocado un sentimiento de rechazo absoluto. Me siento sola, tan sola que no lo puedo soportar más. Y lo peor de todo es que hay una persona esperándome en casa.
-¿ Tienes pareja?
– Sí desde hace 5 años.
-¿Y qué haces aquí?

Se quedó callada con lágrimas asomándose y a punto de caer. Se sentía ridícula y enferma, dolida, sucia. No sabía describir el remolino de sentimientos que la acechaban. No podía respirar, no sabía qué hacer o dónde ir. Se ahogaba en sus propios pensamientos y sólo podía gritar para sacar a flote toda su pena.

– No sé qué siento, ese es el problema. Por una parte quiero a mi pareja, llevamos 5 años juntos pero han pasado muchas cosas entre nosotros y no las puedo olvidar. Quiero estar con él pero no puedo estar más. No hablamos o si lo hacemos es siempre de tonterías sin importancia. Y lo peor es que él parece estar bien pero yo… me enferma oir sus bromas una y otra vez. Lo peor es que al principio eran divertidas y poco a poco ha ido tornándose aburrido. Ahora odio sus estupideces. No me hace ya reir y todo es motivo de discusión. De hecho, cada vez que lo tengo delante me apetece humillarlo y hacerle sentir el dolor que me corroe, la ira que me invade. No puedo dejar de pensar en la noche que me engañó con premeditación, creo que eso es lo que más duele.

Él seguía allí postrado, en la misma posición. Había vuelto a encender un pitillo y estaba sacando el humo que había fuertemente aspirado. Ella prosiguió su relato.

– Me dijo que iba a salir con su mejor amigo y no sé cómo me buscó un plan para que yo fuera a tomar algo una chica a la que a penas soporto. Y fui. Y por la noche él no sólo había quedado con su amigo sino que también había dos chicas más. Una de ellas me hacía sospechar desde hacía algún tiempo por la manera en que lo perseguía con la mirada y él le contestaba casi con la misma intensidad. Tal era el descaro que le pregunté abiertamente si le gustaba y prefería estar con ella. Lo negó. ¿Cúal fue mi sorpresa cuando, por un tercero, aprendí que hubo una noche en la que compartieron cama? Se me desgarró el interior. Creó que aquel día morí, dejé de ser una niña y crecí. Crecí tan rápido que no pude asimilarlo.

-Bueno, yo veo un problema mucho mayor ahora mismo al margen de lo que pudiera o no ocurrir aquella noche y es que ahora mismo te estás suicidando. Deberías revisar las bases de tu relación y decidir lo que realmente quieres para tu vida. ¿Quieres seguir por el camino que llevas? Él no te va a dejar quizás porque se siente demasiado culpable. ¿Quieres tú seguir sintiéndote así como te sientes?¿Quieres seguir buscando fuera lo que no puedes encontrar dentro de tu relación? ¿Quieres seguir mintiendo o peor aún mintiendote? No quieres estar con este chico, no le quieres. Cuando quieres a alguien no quieres humillar sino cuidar de esa persona. Es difícil encontrar alguien que te colme al 100%. son muchas cosas las que un individuo necesita para sentirse pleno pero sí que deberías saber lo que necesitas realmente.

– Pero no sé cómo se hace. No sé por dónde empezar. Tengo demasiados cabos sueltos en estos momentos. Estoy estudiando una carrera que no me gusta. La odio y odio la universidad a la que voy. Me paso el día rodeada de personas con las que no puedo encontrar nada en común. Los campos de estudio parecen apuntar en una misma dirección: continuar buscando razones para que la gente siga consumiendo y no piense. Hay que seguir alimentando el sistema. Comprad y seréis libres. Comprad y seréis felices. Comprad y consumid y tendréis. Pero lo cierto es que no se dan cuenta de que todo es una pervesión que obedece a un plan tramado por las grandes corporaciones para que crear una necesidad que nunca se verá colmada. El ir recopilando bienes materiales no aporta nada sino la satisfacción inmediata de un deseo creado por alguien. ¿Qué pasa cuando ya tengo los zapatos que deseaba? ¿Qué pasa cuando ya he conseguido el coche que me han metido en la cabeza que tengo que tener para ser feliz? ¿Qué pasa cuando ya has logrado el objetivo de tener la casa de ensueño? ¿Ya eres feliz? ¿Ya dejas de desear o al contrario? Deseas más y más. Anhelas tener algo más grande que lo anterior. Es como ir subiendo escalones pero lo peor de todo es que no se detiene. La voracidad no se apacigua sino que se aviva. Y todo esto lo perpetra la gente como yo. Nos adoctrinan para que sea natural promover el deseo, la envidia y por lo tanto la frustración. No puedo más con mi vida.

El recepcionista la miraba con los ojos bien abiertos, la escuchaba mientras inhalaba el aire de sus cigarillos. Por primera vez en mucho tiempo se sintió liberada. Estaba hablando con un perfecto desconocido si ningún tipo de filtro ni tapujo. Todos los fantasmas que tenía parecían desvanecerse a medida que iba soltando lastre.

– ¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿Vas a quedarte donde estás observando y participando?
– Pero es que no sé lo que tengo que hacer. No sé qué camino he de seguir ni los próximos pasos a dar.
– Lo próximo es sin duda aclararte las ideas. ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que realmente quieres para tu vida? ¿Qué necesitas para sentirte llena los próximos 60 años? ¿Cúal es tu esencia? ¿Cómo quieres ser? Son preguntas que te pueden parecer místicas. Deja que te diga que no lo son en absoluto. Son preguntas fundamentales que toda persona debería hacerse para construirse. Son preguntas que evitan lo que te está pasando, que vayas dando palos de ciego e hieras a los inocentes que se cruzan en tu camino. Son cuestiones milenarias a las que los grandes pensadores han intentado responder sin llegar a una respuesta única y absoluta porque no la hay. No existe LA respuesta sino un sinfin de variedades, mezclas y conjugaciones. Tú debes encontrar las tuyas y siempre recordar que no estarán bien ni mal sino que seran las tuyas propias. Puedes ir cambiandolas a lo largo de tu vida porque las personas evolucionan o por lo menos deberían evolucionar. La duda no es mala es necesaria y atestigua de una actividad cerebral. Tienes que dejar de pensar en términos de «bien y mal» que nos recuerdan que hay cielo e infierno y son consecuencia de un catolicismo arraigado que impregna nuestro sistema social. Debes encontrar el balance que te equilibra a ti así que lo primero es relativizar los pensamientos y liberar la mente. Desde mi punto de vista y para que puedas entenderlo ahora mismo: no está bien mentir a tu pareja. Pero en términos más libres diría que no es correcto mentir a tu pareja porque en mi concepción de pareja no hay motivos para engañar. Se supone que uno es libre a la hora de elegir pareja luego veremos que no es del todo cierto pero de momento vamos a asumir que uno es libre y elige libremente estar con esa persona entonces ¿Qué necesidad tiene de mentirle? Sencillamente en mi manera de pensar la mentira no tiene cabida en una relación. Uno de los pilares básicos es la confianza y construirla lleva tiempo. Le da solidez a la relación pero a su vez es extremadamente frágil. Basta con que se rompa una vez para que al intentar recomponerla haya huellas de quiebra como si de un jarrón de porcelana se tratara. Recomponerlo de nuevo es trabajoso y pueden haberse perdido trozos.

 

5. El encuentro

 

 

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