ROTA

Como la porcelana, como el cristal, como la grieta en el muro. Rota por dentro, rota por fuera y horriblemente fea. Se acrecenta el dolor, no sé de donde viene, pero de años. Esto lleva años profundamente enterrado y casi mantenido en secreto porque había que aceptar que era culpa mía, que el mundo estaba equivocado, que todo era basura y porquería y que jamás encontraría a nadie que me respetara y me quisiera porque me estaba equivocando de camino.

Creo que fui manipulada, no me atrevo a decirlo ni siquiera a día de hoy, pero sé que al recordar ciertas palabras me entra la llorera y no puedo parar. Es como si mantenerlo en secreto y seguir creyendo lo contrario implicara que aquello no pasó nunca. Desde entonces, mi vida relacional con los demás y conmigo misma ha sido una verdadera catástrofe. Ha llovido sobre mojado y no ha dejado de llover desde entonces. Siempre termino dudando de todo. ¿Estoy loca? ¿Soy narcisista? Soy yo la que está equivocada, siempre soy yo. En el fondo y con el tiempo siempre termino en el mismo lugar. Dudando de mí.

Por aquellos entonces, estaba mal ser vulnerable y si yo no me espabilaba, nadie movería un dedo. De tripas corazón y siempre para adelante, contra viento y marea. Las emociones no importan, las ignoramos, las dejamos a un lado porque molestan. Así, sucesivamente hasta que desaparecen o eso parece. En realidad todo se transforma y estas heridas que llevan ahí décadas se han ido cubriendo de argamasa, pero el daño es estructural, había que haber derribado primero la pared y reconstruirla, no cubrirla como si no hubiera pasado.

Se me quedaron probablemente pegados trastornos de los sucesivos energúmenos con los que me he ido cruzando, hay cosas que digo que no pienso y cosas que pienso que no digo, no siempre conscientemente. No miento más a los demás de lo que me miento a mí misma. No, no siempre soy todo lo franca y honesta que me gustaría porque la costra es tan gruesa que ni siquiera sé si eso es verdad o no.

El estrecho contacto con mi cuerpo estos días ha sido dinamita. De repente se ha desbloqueado la percepción interna, se ha desbloqueado el canal del dolor y cualquier cosa es demasiado para impedir el llanto. No sé lo que me pasa, pero sin duda alguna es bueno aunque sea tristeza, es sana y reparadora. De repente la noche me vuelve a dar miedo, se apodera de mi la ansiedad, no puedo respirar de nuevo. Horror, angustia, pero todas son buenas señales. Es como estar deshaciendo un camino trazado erróneamente. Ya no soy de piedra como pensaba, al contrario y precisamente por mi vulnerabilidad tuve que construir una muralla inquebrantable donde las flechas solo pudieran ir en una dirección. De dentro afuera, pero nunca al revés.

Soy aparentemente fuerte porque es así como aprendí a sobrevivir. Al final todo es fachada, incluso la corpulencia que parece más de lo que en realidad es. La potencia existe pero se nutre de la rabia, que no siempre es mala. A veces, necesito poder sentirme vulnerable y aparcar la responsabilidad. No sentir que todo depende de mí, eso es lo que estoy haciendo ahora. A veces, me gustaría sentirme en seguridad y esa seguridad se traduce en gestos provenientes de la energía masculina. Hay un desequilibrio energético en mí, demasiado yang obstruye el ying, lo ha aniquilado. Me gusta sentir fluir la feminidad, la poca que tengo. Y aunque lo que diga no tenga sentido, me gusta por un momento sólo sentir sin que sea necesariamente lógico y reflexivo, sólo el placer de sentir, cualquier cosa buena o mala, pero sentir.

Me siento vulnerable y mucho. Con la sensibilidad a flor de piel estos días, resuena el eco de ciertas acusaciones que duelen, pero están todas bien. No quiero volver a pensar que las personas hieren deliberadamente; esto es lo que me obligó a poner la primera piedra de esta coraza. No vayamos por el mismo camino, sigamos el de la paz con uno mismo, no pasa nada, yo tampoco he sido una santa precisamente. Si duele, no pasa nada, ya se curará con paciencia y compasión por uno mismo. Desde la observación, desde la pasividad tranquila, desde la no necesidad no por defensa, sino por plenitud.

No pensaba estar tan profundamente jodida, pero prefiero no pensar demasiado.

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