Recuerdo un post donde hablé del vincularse desde la herida o vincularse desde el amor en el que sobrevolé estos conceptos, estando yo en mi propia experimentación. No andaba errada, solo tenía el mapa hasta cierto nivel de consciencia. Lo que hoy traigo es largo, esclarecedor y trato en detalle y paso por paso los mecanismos que se ponen en marcha en el proceso de enamoramiento o enajenación. Los datos están siempre basados en mi propia experiencia e investigación y en lo que voy pudiendo recopilar de los casos que me llegan.
A día de hoy, puedo cerciorar que la activación de la herida, sea cual sea, junto con el mecanismo de proyección crea la ilusión de amor, de alma gemela o llama gemela. Sin entrar en si existen o no tales conceptos, he podido comprobar en carne propia el mecanismo por el cual el vínculo se interpreta como un amor sin parangón.
Puesto que la herida se originó en el seno familiar por las figuras de apego (papá, mamá o quien fuere) cualquier persona que me provoque la resonancia emocional vivida durante mi infancia, activará en mí el patrón de apego que aprendí entonces. Ese cóctel hormonal de estrés, miedo, alegría, conforma lo que llamamos «amor romántico». Si del seno familiar no extraje lo que es la presencia real, el sostén emocional, la tranquilidad, la calma y el merecimiento de amor sin necesidad de hacer nada, y sí en cambio interpreté que yo no era suficiente para que mamá o papá se quedaran a mi lado, lo lógico es que se instale en mí un patrón de carencia, inicio de toda neurosis.
Incido en algo extremadamente importante: No es que haya habido carencia, desmerecimiento o insuficiencia alguna (obviamente en algunos casos sí lo ha habido), nuestros padres, salvo excepciones, lo hicieron lo mejor que supieron. Por muy reprochables que me puedan parecer sus actos, ellos no tuvieron la consciencia para hacerlo mejor, punto. Ahí se acaba el relato. Aprendo a soltar los «no debería ser» o «deberían haber hecho». No lo hicieron y gracias a eso yo soy quien soy.
Drenar y liberar el resentimiento egoico es la primera parte del proceso. Asumir que tengo derecho a estar enfadada, soltar sapos y culebras por las fauces, patalear, reconocer la pataleta, el odio, la tristeza, el desamparo. Todo eso está bien y es necesario para dejar ir el dolor y desde el vacío emocional, transformarme. El perdón llega después y, como los límites, es hacia mí misma y, por lo tanto si soy capaz de perdonarme yo, seré capaz de entender que aquí, cada uno, hace lo que puede con lo que tiene.
La siguiente etapa es asumir que mi pasado no va a cambiar. Es más, mi pasado es una interpretación de lo que realmente pasó (no hablo de negligencias graves ni de violencia explícita o implícita). Lo que queda en mí es el recuerdo y el recuerdo es una alteración de los hechos.
La remembranza de lo sucedido es una narrativa diferente de lo sucedido y cada vez que apelo a la memoria, en función de mi estado de ánimo del día, mi recuerdo varía. La imaginación interviene en la memoria ¿Cómo entonces va a ser entonces la memoria fidedigna? No lo es. Me devuelve un producto alterado de lo que acaeció. Rellena los huecos con supuestos, con elucubraciones dando pinceladas de eventos imaginarios
Los experimentos sobre inserción de recuerdos, destacados por la psicóloga Elizabeth Loftus junto con J. C. Palmer, demostraron ya en 1974 en un experimento con 45 voluntarios y un choque de coches mostrado en vídeo, que era y es posible implantar falsos recuerdos en la memoria humana a través de la sugestión y la manipulación narrativa.
Posteriormente, en 1995, junto con Pickrell, implantó recuerdos en voluntarios sobre un hecho que nunca había ocurrido que era el haberse perdido en un centro comercial. Para ello, utilizaron técnicas como fotos trucadas o relatos falsos de familiares, los participantes desarrollan detalles ricos y vívidos de eventos que nunca ocurrieron.
En 1987, la doctora Julia Shaw, pidió a un grupo de voluntarios que le contaran a otro grupo un episodio verdadero vivido por ambos seguido de uno falso aunque relatado con la certeza y aplomo de alguien que lo había realmente experimentado. El primero fue recordado por ambos y el segundo fue insertado por los primeros en los segundos. Al cabo de pocos días, el segundo grupo de voluntarios aseguró haber recordado con todo lujo de detalles aquello que nunca había pasado.
En el MIT, el quipo de científicos del neurocientífico Susumu Tonegawa, aplicó un rayo láser azul en los cerebros de unos ratones donde previamente había implantado fibra óptica (optogenética). Mediante luz, marcó y activó neuronas específicas (engramas) para implantar recuerdos falsos en esa muestra de ratones.
A la luz de estos resultados es lógico preguntarse, ¿Hasta qué punto puedo fiarme de mis recuerdos y de mi historia? Por eso en Gestalt se utiliza el «aquí y el ahora», el presente y lo que está pasando ahora a nivel corporal para gestionar las emociones. No importa lo que ocurriera, podría no ser objetivo. La explicación racional me proporciona una justificación para seguir sintiendo o continuar haciendo aquello que hago. El relato de los hechos es una excusa mal llamada razón para escudarse en la irresponsabilidad de mi reacción. Sabiendo que soy extremadamente manipulable, lo que me diga mi mente puede ser en gran parte una narrativa edulcorada para protegerme y seguir justificando la reacción.
Ahora soy responsable de lo que me ocurre y no busco justificación en un pretérito indefinido que quizás fue o quizás no.
Continuará desde la responsabilidad afectiva que tengo conmigo misma y desde la consciencia que observa lo que está ocurriendo en el aquí y el ahora.
En el próximo post…
PASOS PARA DEJAR de amar desde el apego inconsciente y hacerlo desde la responsabilidad afectiva.
