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Hay que pensar en el cuerpo fÃsico como la parte de un todo compuesto de mente, corazón e instinto. Ver post sobre los bloqueos energéticos.
En el post «El origen del conflicto interno» ya hablé del perro de arriba (la mente pequeña, el ego, el mandón, el que ordena y dirige) y del perro de abajo (el cuerpo, el segundo cerebro, el mandado).
A dÃa de hoy se sabe, porque asà lo han demostrado las investigaciones cientÃficas (aunque no hiciera falta llegar hasta este punto), que el origen de nuestros pensamientos también se fragua en lo que se denomina «el segundo cerebro», es decir, en las tripas. Hay más terminaciones nerviosas en el intestino que en el mismo centro de control. Por lo tanto, pienso y siento en función de la salud de mis entrañas. La microbiota emite una señal registrada por las neuronas que, a su vez, envÃan al cerebro los datos pertinentes sobre nuestro estado de salud. El cerebro interpreta y traduce la señal hormonal en pensamientos.
Cuando se me acerca alguien y se me despierta la herida infantil, el cuerpo sabe, el cuerpo habla. Nerviosismo, sudor frÃo, mariposas en el estómago. ¿Y si esas señales, interpretadas por los siglos de los siglos, como amor, fueran en realidad señales de alarma y de peligro? El cuerpo me avisa de que, tengo dentro algo que necesita ser atendido. Lo achaco a esa persona que me «despierta» todo ese chorro hormonal cuando, en realidad, es algo mÃo que coincide, o no, con la aparición de ese otro individuo.
Después de mucho indagar, observar y ser muy consciente de mis procesos internos tomando responsabilidad de lo que siento sin encasquetarselo a nadie, puedo estar segura (solo a dÃa de hoy aunque sea susceptible de cambiar de opinión) que hay en cada uno de nosotros una manera de vibrar que hace que, por resonancia, activemos a otros. Somos emisores y receptores de ondas y tenemos una frecuencia determinada asà como también la tienen nuestras heridas. Lo similar atrae a lo similar.
LOS PASOS SON LOS SIGUIENTES (PROCESO INCONSCIENTE):
- Veo a la persona y por lo que sea, su vibración, su frecuencia, su propia herida, me activo. Ocurre en milésimas de segundo. El cuerpo capta información que luego es enviada al cerebro y este procesa buscando razones que justifiquen la atracción. Objetivamente, no existe un porqué, lo crea nuestro cerebro fijando la atención en ciertos puntos de nuestro objeto de deseo.
- Se activa la proyección. No conozco a esa persona, me fijo en pequeños detalles, actitudes placenteras o deseables y los huecos desconocidos los relleno de imaginación creando un ideal inexistente sobre el cual puedo proyectar toda mi esperanza. Me aferro a esa imagen haciendo lecturas entre lÃneas de una realidad que solo existe en mi mente.
- La realidad objetiva de lo que está pasando es que estoy proyectando en esa persona todo lo que me gustarÃa que fuese. «La gran esperanza blanca», «el salvador», «el salvado», «el prÃncipe azul», «el final feliz», etc. Cada relato dependerá en gran parte de cada carácter, de cada ego.
Lo importante y la esencia de lo que trato de comunicar es que llegados a un punto de autococimiento, este mecanismo se puede ir dicotomizando desde una precisión quirúrgica sin la necesidad de proyectar en el otro.
PROCESO CONSCIENTE
- Veo a la persona. Siento una activación en mÃ. No tiene por qué ser dolor, sencillamente pueden ser unas ganas inexplicables de estar junto a ella. Cuando no hay proyección, no aparece la atracción fÃsica ni la necesidad de vÃnculo profundo a través del sexo. Solo entiendo que hay una energÃa que se está moviendo. Me acerco, me alegro, me siento triste junto a ella. Lo que sea que me recuerde a esa sensación familiar que solÃa vivir en casa.
- Hay activación de la herida. En este punto miro hacia adentro y me reconozco que algo está pasando y que nada tiene que ver con la otra persona. A esto se le llama responsabilidad afectiva hacia uno mismo y no, no tiene que ver con nadie más que con uno mismo. Yo decido si quiero seguir explorando lo que me ocurre junto a esa persona o me alejo. En mi caso, sigo puesto que soy extremadamente consciente de que es un proceso interno, único e intransferible. No me ocupo de lo que el otro está sintiendo, sino de mÃ.
- No le proyecto nada, solo siento que algo en mà se ha rasgado, se ha abierto, supura y duele. Y veo belleza en ese dolor, veo mucha tristeza, un abismo insondable. Leo poesÃa en una imagen baladÃ. Una melodÃa se me presenta como desgarradora y se me quiebra el alma. Automáticamente, las lágrimas se suceden y sin explicación alguna rompro a llorar como si no hubiera un mañana. Hay algo en esa persona que me activa mi dolor, sea lo que sea. No entro en la mente, le doy espacio a eso que me está pasando. Veo que a los demás no les ocurre lo mismo por lo tanto es algo mÃo y solo mÃo.
Reconozco mi herida y aquà se termina todo. No hay lectura más allá de los hechos.

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