Un año después de ti…

Un año después de ti estamos NOSOTROS.
Nosotros dos, no(s)otros, ni queremos más pero sí querernos más.

Un año después de ti no ha operado milagro alguno, el mundo sigue siendo lo que era, el sol se levanta y se pone a la misma hora a la que lo hacía en estas fechas el año pasado. No por ti aparecen más brillantes los astros, ni el aire más puro ni la vida más liviana. Todo sigue el mismo curso monótono y sin sentido de siempre. La vida no me parece más bella o plena, ni mejores las personas que me rodean. Nada, absolutamente nada de lo que siento por ti ha alterado mi percepción del resto.

Un año después de ti yo sigo siendo yo con mis pequeños miedos estúpidos, mi acotada realidad y los arrebatos incomprensibles que me arrancan momentáneamente (aunque algunos momentos duren una eternidad) de tu lado. Me sigo dejando vencer por esos temores generados en algún momento y lugar de mi mente distorsionando la realidad y llevándose el primer plano.

Un año después de mí creo que tú sigues siendo tú.  Sin trampa ni cartón y eso es precisamente lo que me mantiene a tu lado. La única razón por la que quiero seguir así hasta el último día: TÚ, tú y tú con todo lo que eres realmente.

Gracias por este año tan lleno de aventuras, de risas y de lágrimas… de equivocaciones monumentales, de trabajos forzados, de descubrimientos mutuos, de pasiones inconfesables, de trifurcas insignificantes, de  365/7/24 que milagrosamente no nos han separado hastiados el uno del otro sino al contrario. Echo de menos tener tiempo para ti y para nosotros más allá del que pasamos el uno junto al otro. No terminan las ganas de compartir a pesar de la desesperanzadora situación que voluntariamente elegimos. Codo con codo reafirmo las palabras publicadas hace un año.

Deja que te diga que a estas alturas estoy irremediablemente enamorada de ti.

Enamorada por el día a día y todas esas pequeñas cosas tuyas que me recuerdan cotidianamente lo único que eres y lo mucho que te sigo admirando a pesar de o gracias a nuestros roces. Me siguen perdiendo tu mirada, tu sonrisa, la suavidad de tus manos, cómo cuidas de mí, tu discurso, tus razones, tus ataques histéricos. Ya no puedo decir que disfrutemos en silencio mirando el cielo, no tenemos mucho tiempo para la contemplación estética y ya no deseamos estar en el instante presente por mucho tiempo más pero sí que al oído te sigo susurrando lo que mi cuerpo pide a gritos: te quiero

Y me gustaría  finalmente recordarte dolorosamente  estas palabras:

«Aunque todo esto no lleve a ningún lugar te doy las gracias por compartir todos estos momentos que se vuelven maravillosos cuando estás junto a mí. Gracias por querer explorar conmigo una parte de ti o sencillamente por estar, por darme un abrazo, un beso o una caricia. Gracias por mirarme muy dentro y por no importarte lo que no es importante. Gracias por recordarme lo que es importante en esta vida y por dejarme recordártelo a ti. Tú me ayudas y yo te ayudo. Gracias por ser honesto e inteligente y sobre todo gracias por acompañarme en este tramo de existencia que no importa cuánto dure pero que mientras dure sea lo más real posible, sin superficialidades ni estupideces.»

Me gustaría que este tramo de existencia durase infinito.

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