Me engañaste pero porque me dejé

Repasando mentalmente «nuestra» historia, si es que existió como tal, veo 2 relatos diferentes. El tuyo y el mío. 2 aventuras de uso y comodidad del prójimo, unas promesas que sólo fueron palabras pero nunca hechos con las que alimenté 3 años de vacío que casi terminaron conmigo.

Es la vida de muchos, es consuelo de tontos. Fuiste el cáncer que me sorbió la vida, el parásito que se pegó a mí, el abyecto insecto por el que me dejé utilizar una vez más. Lo peor es que ni siquiera fui víctima sino verdugo. Cada uno recoge lo que siembra y nuestro jardín estaba muerto antes de nacer porque tú estabas podrido y mi tierra no era fértil.
No hubo proyecto, ni dedicación ni siquiera rastro de amor. Una brizna de cariño a día de hoy, todavía es capaz de fundirme en lágrimas. Me siguen doliendo los cumplidos desde el corazón.

Un te quiero es lacerante por todos aquellos «te quieros» que me dedicaste sin sentir, por seguir amamantando mi necesidad de ser querida pero sin querer. Lo supiste desde el inicio y aprovechaste la ocasión quizás sin saber pero no es excusa. Nunca hubo la firmeza de la determinación de amar sino de amarte. Todos para uno y uno para uno.

No te escribo a ti que no sé donde estás y que no me importa sino que escribo para recordar lo que nunca más tengo que olvidar. El agujero de miseria en el que tus caricias vacías y siempre enfocadas hacia ti mismo me sumieron. Han pasado 18 meses desde que tuve que echarte porque pidiéndotelo por favor no te ibas. Y lloraste. Gemiste por ti, suspiraste por todos los privilegios y comodidades que perdías y me perseguiste hasta que tu mente se ocupó con otras cosas.

Tantas mentiras… autoengaños y omisiones disfrazando una realidad que quise voluntariamente creer. Pero yo tampoco te quise porque te necesité, porque busqué en ti un aliento para ser yo misma sin entender que para ser yo misma no necesito más que del amor verdadero, el mío y el de los que siempre estuvieron junto a mí a pesar de la distancia y de los años.

Ahora miro atrás y eres un ser inerte sin forma, color, ni sabor que vive y respira igual que el 99% restante de la sociedad ante la cual juraste rebelarte. Sí, fue toda una revelación de lo que subyacía en sumisión y en el triunfo de tu voluntad. La sombra del patriarcado se alargaba sobre el formato familiar aprendido.

La mujer que necesita del hombre para ser feliz, la historia de la media naranja, la princesa de casa que pasa de la tutela de sus padres a la tutela de su marido, la que asiente, la que se somete, la que antepone las necesidades de los además a las suyas, la que dialoga a pesar de querer morirse, la que comprende, la que hace el esfuerzo por comprender y halla la nada de la palabra vacía que promete y nunca cumple.

La locura se apodera de nosotras pero no porque estemos locas sino porque nos volvéis miserables y nos dejamos engullir porque nos han enseñado nuestras madre que «la vida es así», que «hay que trabajar», que lo natural es «tener hijos» y que los «hombres son así y hay que aceptarlos porque son menos inteligentes que nosotras». Pues yo digo que no, que no lo acepto, que no dialogo más, que no me dejo violar la mente más, que por mucho que mi esencia natural necesite compartir, no necesito a alguien conmigo sino sólo de aquellos sentimientos honestos que me profesen. Y lo sabes. Sabes cuando es real y cuando hay un interés.

Y yo lo sabía pero… «la vida es así» y miré, como siempre, hacia otro lado.

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