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Al parecer hablo sin mediar palabra, o eso dicen las malas lenguas. Y sí, una sonrisa de medio lado aparece con toda la intención de no ser clara.

«El grito de un silencio….ser frágil en un mundo sin sentido…que ¿Quién soy?…Soy el aire que se escapa dentro de tus dedos…fuerte e intocable…delicada como un sol…No busco ayuda…no la necesito…soy un ser que descansa sobre su propia órbita…Incomprensible e intolerante…no acepto mis propias dudas…y… ¿Por qué sufrir cuando lo veo todo tan claro? Inconsciente o conscientemente me sumerjo en la vida buscando una guía a la cual aferrarme….No necesito el mundo…pero aquí estoy intentando darle sentido a un sin sentido….sigo creyendo que hay algo más….»

Sí, soy frágil en cualquier mundo con o sin sentido porque la fragilidad no depende del entorno sino del contorno. Entorna los ojos querido amigo, así soy también un peso puntilloso, un punto de cruz que sin los demás sería tan sólo una encrucijada. No me apuro, ya no, somos todos un mar de dudas aunque algunos somos océanos insondables de vasta oscuridad y paradójica impermeabilidad. Porque a veces, nadie comprende el exacto sentido del sentimiento y eso es el grito de silencio del que me hablas. Porque las palabras son exiguas, escasas y traicioneras y no permiten comunicar la precisión que requiero.

Creo que dos seres pueden comunicarse más allá de los vocablos, no es frecuente que ocurra pero la estadística también incluye anomalías. A mí sólo me ha pasado una vez, hace ya más de una década y son de esas cosas que sólo se dan «once» en la vida, como la hermosa película de John Carney. Es entonces cuando a esa persona la debes atesorar hasta la muerte porque no es moneda corriente hallar el grado de comprensión que uno necesita.

Tienes razón, no busco ayuda, ya no porque la comprensión de uno mismo y sobre todo la aceptación aplacan la necesidad. No por ello es menos cierto que, de vez en cuando, un empujón, una palmada, una cerveza compartida se agradece cuando el corazón los motiva y no el interés.

Lo veo todo tan claro y sufro igualmente porque la vida es dolorosa cuando podría no serlo. Pero la sociedad nos ha obligado al trabajo forzado y a pedir que nos esclavicen. Ya sea a través del empleo o de las relaciones personales. Cuando uno se halla libre cae en el abismo del «aburrimiento». ¿Qué hacer cuando uno no tiene nada que hacer? Es entonces cuando el ser humano se da cuenta de que la vida es pura quimera, que todo es invención y creación. La obra maestra de siglos de violación de las libertades individuales en favor de unos pocos, siempre los mismos. Los que se dedican a inocular el miedo para hacer que la maquinaria social siga funcionando. Nos obligan a trabajar bajo la amenaza de la no posesión pero ¿Qué es exactamente lo que se posee si nos desposeen de nosotros mismos?

Nos obligan a reproducirnos advirtiéndonos de la maldición de la soledad perenne pero nadie se alarma cuando, ya atado de manos, siente la profunda soledad al acostarse al lado de esa persona que un día fue tan especial ¿Lo fue realmente?

Querido amigo, es todo normal en el mejor de los mundos porque así nos han vendido la madurez, como el olvido de soñar.»Así deben ser las cosas» palabra de Dios y de nuestro espíritu.
Uno se siente desmembrado viendo que cada pedazo de su ser se destina a alimentar a otro y no a sí mismo. Pero es normal porque así nos han vendido la vida y el altruismo. Los que sólo nos destinamos a nosotros mismos somos egoístas y, sin embargo, (ironías de la vida) somos los que no hacemos daño a nadie. Precisamente este egoísmo nos obliga a centrarnos en nosotros y perfilar nuestras necesidades, nuestras demandas y a ser auto-suficientes y evitar alimentarnos de bienes ajenos. Somos egoístas y no nos nutrimos del tiempo de otros porque nosotros solos nos bastamos. Quizás el egoísmo no sea algo tan malo sino que contribuye a una mejor sociedad. Si cada uno cultivara un bienestar propio y una parcela interior rica, no precisaría del entretenimiento externo continuo.

En cambio, como latas vacías deambulamos por el corredor de la muerte, empujados por los vientos dirección hacia ninguna parte. Algunos buscan aceptación cuando ni ellos mismos se aceptan, otros admiración cuando deben desviar la mirada del reflejo que les devuelve el espejo. Atención y cariño en los lugares equivocados que sólo proporcionan más vacío y soledad del que uno ya tiene.

¿Y qué es la vida sino la constante búsqueda de sentido dentro del sinsentido que es la vida? Cada uno debe encontrar el suyo y el mío es la independencia total bajo cualquiera de sus formas. No sé si será posible la totalidad pero para eso se lucha cada día: por un sueño, por una quimera, quizás por una utopía. En este jardín secreto que cultivo cada día, las plantas ya no se mueren sino que reciben esa atención que tantas veces busqué fuera. Por fin acepto que lo que necesito es que esta parcela sea sólo mía y de nadie más. Y sí, convencimiento absoluto de que HAY ALGO MÁS.

Gracias por compartir, por leer y por estar.

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