UN CAFÉ SOLO CON ELLA

Disfrutaba de las pequeñas cosas de la vida, de las sencillas, de las que no cuestan: un buen café por la mañana, una reparadora noche de sueño, un abrazo, un beso, una sonrisa honesta… No tengo mucho tiempo pero este de aquí es para ti porque dándotelo a ti me lo estoy regalando a mí. Sencillamente «no te necesito pero contigo mi mente se expande, yo crezco y me hago mejor persona», «espero que mi presencia te aporte tanto como la tuya a mí». En este caso mi egoísmo en beneficio propio acarrea un bien para la comunidad porque, siendo más yo, sé más lo que quiero, despliego mi confianza en mí y defino el trazado de mi camino. Se podría resumir como un «gracias a ti yo, soy más yo».

Nada era comparable a la felicidad que le brindaba una mirada llena de chispas a resultas de la conexión mental que se establecía entre dos personas sin importar el género de ambas. Esa complicidad que con un vistazo te sumerge en los pensamientos del otro. No hay mejor momento que cuando la magia opera y sus efluvios embriagan sin cegar.

Sentirse comprendida y acompañada en los pesares y alegrías de esta vida no tenía precio. No de cualquier manera sino formando parte de un todo con la otra persona y sabiendo mantener la individualidad que hace a los seres únicos e inimitables. Un pacto de amor incondicional que provenga de la voluntad de amar y acoger al otro, de ayudarlo porque de esa manera uno comprende mejor su esencia, como tan exquisitamente lo supo plasmar Franco Battiato.

Tiene que haber algo más porque si no, no habría tanto arte versando sobre la divinidad y la pureza del amor. Tiene que existir porque es una construcción propia así que hay que poder edificarlo. Sin embargo, la planificación se debe llevar a cabo con un asociado que comprenda con exactitud y sepa visionar la construcción global.

Y aquí empieza todo el «problema» de la reflexión que ramifica y esparce de tal forma que uno se va por los cerros de Úbeda sin haber hablado de aquello que quería. Un cabo suelto más que enhebrar cuando el torbellino de consideraciones haya pasado: definir la individualidad en pareja. Más tarde en otro post porque soplan aires en otra dirección. Y, nueva cuña, no es verdaderamente un problema pero sí que es un rasgo de personalidad muy marcado que ensancha y dilata las conversaciones conmigo. Si el interlocutor es de la misma cuerda, un café solo con ella puede durar 20 horas. No son hiperbólicas sino basadas en hechos reales.

¿Es acaso posible no engullir al otro con nuestras demandas? ¿No será ese el problema real: LA DEMANDA? ¿No será que si se pide es porque se necesita? ¿Se puede pedir sin necesitar de verdad? ¿No será que la necesidad crea al órgano (Lamark) y que esa necesidad existe porque nos ha mantenido vivos pasando de generación en generación (Darwin)? ¿Será acaso que el precisar de algo externo nos vuelve dependientes de nuestro entorno?

Por supuesto que las exigencias básicas para nuestra supervivencia son obvias y naturales: si no comemos nos morimos y no hay debate. Si no salimos a cazar (trabajar) no hay comida: nos morimos y no hay debate. EL MIEDOel miedo es el común denominador que subyace debajo de cada acción que llevamos a cabo. El miedo real y natural que ha asegurado nuestra supervivencia y el cual se ha aprovechado para nuestra sumisión. Lo ideal: deshacerse del temor y hacer las cosas por gusto y no calculando las consecuencias de nuestras acciones.

El miedo ante el cual cedemos, acaba devorándonos. La no confrontación de nuestros demonios internos, la cobardía es el defecto que más asco me produce del ser humano. Le siguen la sumisión, la pereza, el egocentrismo que conduce al egoísmo, el arribismo sin escrúpulos y por cualquier medio, la obcecación, obstinación y obnubilación y finalmente la soberbia que impide el desarrollo personal haciéndonos pensar que somos de lo mejor que hay. Que nuestra realidad es única y perfecta.

Y cuando más lo pienso más me doy cuenta que precisamente estos son calificativos de los que yo he hecho gala durante muchos años sin haber tomado conciencia de ellos.

Si remontamos la cadena lógica de adjetivos para saber qué fue antes, ¿El huevo o la gallina?, al principio de todo y como el mal común y primer homicida es :

1. LA PEREZA: la vagancia de reconocerse y de hacer un esfuerzo mental por llegar a ser uno mismo es lo que abre la puerta a todo lo demás. Pensar es costoso, sin duda. Algunos logran pasar toda la vida mecido por el vaivén del oleaje. Otros preferimos morirnos que ir a la deriva. La comodidad de la corriente principal ofrece un aburguesamiento al que la mente termina acostumbrándose. Dar gracias por lo que se tiene no implica no ansiar «algo más»

2. LA COBARDÍA: La desidia conduce a la cobardía que, aunque provenga de una familia diferente de sensaciones, el sentimiento de «miedo» que nos hace huir es precisamente por la pereza que produce el enfrentamiento. La búsqueda de la comodidad y la zona de confort de la segunda ley de la termodinámica. Un sistema cerrado tenderá al nivel mínimo de energía cuando llegue al equilibrio. Y es que quizás el equilibrio de los sistemas cerrados de mi alrededor está muy por debajo del mío propio. Ni idea.

3. LA SUMISIÓN: La pereza y la cobardía traen consigo la sumisión. Me repugna el sumiso que vive la vida de los otros, que acata la voluntad ajena y que jamás vivirá una experiencia propia. Es una larva inmunda que se arrastra intentando complacer a los demás, que antepone la voluntad de la autoridad a la suya propia. Y no, no hay que entenderlo como una exhortación a la desobediencia civil porque si cada uno fuera más consciente del mundo alrededor no haría falta tanta represión. Lo cual conduce al siguiente punto lógico.

4. EL EGOCENTRISMO Y EGOÍSMO: El pensar que el ejercer la voluntad de uno es libertad. El mal uso del concepto de libertad y su degeneración semántica han resultado en una sociedad maleducada e infantil que pretende una respuesta inmediata a sus deseos y necesidades sin lograr ver «the bigger picture». «creo que quiero esto y lo quiero ahora» pero ni siquiera sé si lo quiero, lo necesito y por supuesto ni me lo planteo. Y no es una cuestión de épocas. El ser humano a lo largo de la historia ha sido (mal)educado de esta manera. ¿Por qué? Seguramente porque interesaba a aquellos que mueven los hilos… master of puppets. Algo salen ganando ellos. ¿El consumo desenfrenado sin intervención de la razón? Seguro que todo ello es promovido por un tema económico, como siempre.

5. LA OBCECACIÓN/ OBNUBILACIÓN/ OBSTINACIÓN: de lo anterior nace la persecución de la «felicidad» y el ser humano no parece tener nada más entre ceja y ceja que ese objetivo. Además la capacidad de reflexión se ve acotada y mermada a lo largo de su vida porque se encalla en 4 temas a los cuales siempre parece dar vueltas. Cuando uno se soluciona, entra uno nuevo pero el número de preocupaciones gira siempre entorno al mismo número y las unas suelen ser derivadas de las otras. Y quizás este sea uno de los mayores problemas con los que me he encontrado, mi propia obstinación, obcecación y obnubilación que me han impedido ver más allá de los hechos objetivos. ¿En qué me convertí? En lo que todo el mundo: un ser enamorado de sus propias ideas que no quiere salir de su ensimismación. No por reconocer que la persona a la que le estaba regalando mi tiempo era un cavernícola, un retrasado más del montón. Eso me hubiese convertido ¿En qué? Alguien que «ama» a un imbécil dice muy poco del amante. Lo peor no es ser alguien que quiere a un imbécil, lo peor es estar tan enamorado de uno mismo que se es incapaz de bajarse del burro y reconocer las cosas por lo que son. El imbécil es uno mismo. Yo, yo y más yo. En realidad, es patético visto así pero ¿Acaso hay otra manera de verlo? No. Me he querido tanto y tan mal ya que el problema no es quererse sino el espejismo del quererse. No era amor en ninguno de los casos, era ego.

Me dicen que mi problema son los conceptos. La definición de los conceptos. ¿Pero cómo andar por la vida sin definiciones? ¿Dónde poner lo límites? ¿Cómo reconocer las conductas?

Disfrutaba de las pequeñas cosas de la vida… por ejemplo, del pensar, del escribir, como este texto que le ha ocupado 4 horas…

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