YO NO QUIERO, Sabina, Porque el amor, cuando no muere mata y porque amores que matan nunca mueren. Definición del romanticismo

El romanticismo… Para empezar, ¿Qué significa ser romántico? ¿Imperturbable soñador hipnotizado por un televisor? ¿Rebelde sin causa enraizado en su comodidad cotidiana? ¿Inconformista de conformidad con lo establecido? ¿Un creativo asintomático? Insaciable hambruna, voraz inquietud que siempre irrumpe con vehemente impertinencia.

A la decora Zen el decoro le dura lo que al duro un canto. Tan romo como al Romanticismo el cismo que lo escinde volviéndolo dócil en su infinita llanura.

Llano y duro se perpetua con ínfulas de creador amagando su naturaleza muerta, insulsa y perenne. Porque el amor, cuando no mata muere. Porque todos quieren matar por amor pero ninguno morir.

Jaque al Rey con maestría e impericia porque así es nos han vendido el amor, como todo su contrario. La idea y la realidad. El mito y lo terrenal. Los castillos en el cielo de lo humanamente posible. Inhumano eslogan de publicidad engañosa. Arma de doble filo que nos da la vida y simultáneamente nos mata. Una melódica cacofonía con la que algunos han formado la banda sonora de sus vidas y con la que otros han asistido a diversos funerales.  El amor muerto que no acabó por matar al que casi muere en el intento.

Yo soy romántica de lo cotidiano, amante de los viajes desde el sofá y hacia ninguna parte, desafiante de las ilimitadas limitaciones. Guardiana del estruendo que los silencios hacen estallar en un cruce de miradas, defensora de lo furtivamente planeado y portavoz de los secretos que a nadie le incumben.

Abandero todas aquellas pequeñas cosas que hacen que lo anodino se vuelva especial y sostengo que lo único que importa es el tiempo mental dedicado al prójimo. Aprender a querer es aprender a pensar en el otro pero también en uno mismo. Conocer y respetar nuestras necesidades nos enseñará a conocer y respetar las necesidades ajenas. Lo más insignificante debería también ser lo más sorprendente y maravilloso de la creación del ser humano.

No soporto el éxtasis contemplativo del que se contenta sin efervescencia. El que se asombra por sólo respirar y que disfruta de la nada tampoco me despierta ningún tipo de admiración y la fascinación es parte importante del vivir.

El aborrecimiento y sobre todo el aborregamiento de los Valentines de santoral, apaga la luz de las estrellas y amarga el final de los pasteles.

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