SIN TÍTULO, A TI QUE SABES QUIEN ERES, MAESTRO.

Mi muy querido niño, por si alguna vez lees esta carta, que no estoy nada segura de que ocurra, pero por si acaso.

Dicen que Buda dijo:
«Todo lo que te molesta de otros seres es una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo»

Como ya no sé llegar a ti lo mejor es apagarlo todo y renacer. Hemos llegado a un punto de no retorno, el mismo que me hizo deponer las armas la última vez, el mismo que precede un cambio abismal. No me gusta esta carta, está plagada de contrasentidos, pero es lo que hay, no sé hacerlo mejor.

Ya no puedo más. Mi mente se debate entre el frío y el fuego, me consume la rabia y después de la lucha contra lo que no puedo cambiar me invade la calma. La reacción está a la orden del día. Por mucha voluntad de apaciguar el alma que tenga, una palabra tuya es capaz de ponerme en el disparadero a la más mínima. No voy a entrar en si tienes o no tienes la culpa, según tú no existen los culpables me dices mientras me dices «Eres una terrorista emocional». Me incendio y me consume el odio. Dentro de mi explota el volcán que trato de acallar. Pero no sé qué significa el terror emocional así que tengo que hacer un alto en el camino para saber eso que según tú, sin acusaciones, me dices que soy. Las palabras desfilan ante mi mirada atónita… psicópata, sociópata… wow… casi no me lo puedo ni creer porque es asumir que no siento nada, que soy un carámbano de hielo, que me quedo impávida y disfruto de tu dolor.
Tus palabras me afectan aunque sepa que no son verdad. En ningún momento quise hacer daño a nadie igual que, asumo, no quisiste hacer daño a nadie. Lo contrario es buscar fuera un responsable de lo que hay dentro, eso es lo que la mayoría hacemos (tú no porque no formas parte de la mayoría) porque es más fácil asumir que el otro es responsable de nuestro malestar.

Estoy cansada de tener que disculparme por comportarme así: reactiva como la pólvora, impulsiva y a la vez tan bravucona. Estoy cansada de escaparme cuando me siento invadida, porque me siento invadida y no puedo, no sé poner en palabras el ahogo en el mismo momento que ocurre. En las distancias cortas no tengo valor para poner límites y por eso me voy. Dicen que el perro ladrador es poco mordedor, y eso es exactamente lo que soy. Ladro, ladro, ladro pero al final nada, me vuelvo para casa. Agacho la cabeza y pido disculpas por haberme comportado así. Pero entiendo que, al final, uno se cansa de las desbandadas, yo también.

Siempre tengo la sensación, de que acabaré pagando yo el pato de alguien. Siempre termino comiendome los marrones de otro porque «pobrecitos, tienen que ser ayudados», arrogancia por mi parte quizás pero es así, me siento como la tonta del bote a la que se le da un papel secundario en la función porque siempre va bien tenerla a mano. No culpo a nadie de mis emociones, son mías, son mi responsabilidad, solo necesito comunicarlo. Los demás hacen lo que hacen y yo recibo lo que hacen como una humillación, como una amenaza o como lo que sea que toque en ese momento.

En las distancias cortas no sé poner límites, especialmente con las personas más cercanas y muy en particular con aquellos que dejé entrar en la antesala de mi interior. Solo en la antesala porque nunca, ni siquiera con mis allegados, soy capaz de tener una confianza ciega porque creo que no acabarán de comprender nunca al 100% mis motivaciones y por eso me reservo ciertas cosas para mí, es como vivir una doble vida. Es como tener miedo de decir lo que hago, siento, dejo de hacer, como si hubieran reprimendas por ser así. Es como seguir siendo una niña pequeña.
Ellos siempre buscarán un culpable de lo que me pasa fuera del núcleo familiar. Eso el lo que yo también hago y es precisamente lo que quiero dejar de hacer.

Sea como fuere, en mayo decidí dejarme ir e intenté mostrar mi vulnerabilidad ante ti porque me di cuenta de que ese era uno de mis problemas: siempre estoy aguantando el tipo magníficamente plantada tratando de imponer respeto y seguridad cuando por dentro me estoy muriendo de dudas y de miedo. Y luego cuando necesito espacio, atención o un abrazo no sé pedirlos y me quedo en silencio y bien lejos de todo, encerrada en mí misma. ¿Es orgullo? mmmm… creo que es más necesidad egoíca de autosuficiencia. Si soy autónoma, si no necesito nada, entonces seré independiente. Esta es la radiografía de la neura. Algunos lo llaman orgullo, yo prefiero llamarlo imagen ideal del yo, para no tener que admitir que sola no puedo con todo.

Intenté comunicar paso a paso todo aquello que me iba pasando por la cabeza y creo que tuve un buen desempeño y de tu parte una buena aceptación hasta que llegó el momento fatídico donde ardió Roma. Tú mucho estrés, yo mucho estrés. Bomba nuclear. No supimos hacerlo mejor.

Esto, por supuesto, está abierto a interpretaciones en función de las gafas que se lleven. Terrorista emocional o no, en este caso no estás hablando de mí porque uno percibe e interpreta la realidad desde un velo, el velo que lleva en sus propios ojos. Quién me acusa de estar ya con otra persona? El que probablemente esté ya en busca de compañía, el que necesita sentirse valorado externamente, al que le gusta gustar, palabras tuyas. Yo paso de todo esto, no me da buena espina, no me gusta. Para mi la lealtad prometida durará hasta que se muera el sentimiento, no puedo ir en contra de eso, me dan ganas de vomitar.

Me retiro en silencio en mi cueva para desaparecer del mundo. No me apetece causar más dolor a mi alrededor, porque a veces es mejor evaporarse y dejar que las cosas sigan su camino natural.

También estoy cansada de lidiar con las inseguridades propias y ajenas, eso es otra de las cosas que tengo que aprender a hacer. Tengo que poder ser libre de entrar y salir sin pedir perdón por ello: a veces me comporto así y tengo que abrazarlo y aceptarlo para integrarlo en vez de negar que soy una cagona insegura, no pasa nada por serlo, hay un gran potencial de mejora. Quizás tendría que haber sido consciente de esto para poder explicártelo antes de empezar siquiera a salir contigo. No lo sé.

«Eh, que a veces me pasa esto, no te lo tomes personalmente, no tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo». Eso habría sido una muestra de conciencia, sí, pero no la hubo.

«Eh, yo no siento las cosas como tú, esta es mi parcela, este es mi mundo y tú tienes el tuyo, a mí me pasan otras cosas que el llanto y la melancolía, yo tengo la duda que he aprendido a gestionar decidiendo rápido e impulsivamente porque sé que si reposo en ella, será una maquinación infinita entonces prefiero no detenerme y actuar, es más fácil no tener opciones que tenerlas»

«Eh, que no me gustan estas cosas de ti, no me gusta cuando te pones a la defensiva y de repente todo tiene que ver contigo. De repente todo lo que hacen los demás tiene que ver con tu persona y tu ombligo. No me gusta cuando te vuelves caprichoso y lo quieres todo y yo intento dártelo todo pero hay cosas que no se pueden articular al unísono porque son antagonistas.»
Y me enfado porque parece que de tu boca solo sale quiero, quiero, quiero. Y mis oídos siempre oyen «más, más y más». Aquí yo tengo que aprender mucho, especialmente a no tomarme personalmente las demandas porque tú en ocasiones te comportas así, como un niño que pide pide pide y no puede ver lo que le están dando. A veces sencillamente el estilo afectivo del otro no concuerda con lo que esperamos y creo que si se instala la frustración y la inseguridad debido al otro (que nunca es debido al otro sino a nuestras propias fallas internas) es que no se puede estar juntos y no pasa nada.

No me gusta cuando te enroscas en tus pensamientos y no puedes ver más allá. Tampoco me gusta cuando me pasa a mí pero es más fácil ver este comportamiento en ti. Proyección mía aunque es algo común en el común de los mortales. Ante esto, depongo las armas y solo me queda la aceptación.

Me dijiste una vez «los sentimientos cambian». No estoy de acuerdo. Los sentimientos no cambian, se modifican. Lo que cambia son las emociones. El sentimiento evoluciona con el tiempo. Hay días en los que uno se levanta más animado, otros más alicaído. Hay días de alegría y otros de tristeza, de miedo, de ira pero el sentimiento hacia la persona no cambia en un breve periodo de tiempo. Eso lo sé porque lo siento.

El duelo está servido y en proceso. Lo he negado porque sé que me fui yo, lo sé perfectamente y asumo mis actos. Luego pasamos a un intercambio de mierda humana, un partido de ping-pong cada uno lanzando pelotas al campo contrario sin que ninguna de ellas tuviera la firme voluntad de ser recogida por el otro. Insoportable ambivalencia de pensamientos: te odio, te quiero, te odio, te quiero. Ahora me dices esto y me cabreo, ahora me pides esto y me muero por dentro, ahora me envías una canción hermosa y me deshago, pero luego bajo la guardia y me ignoras. Ahora me acusas diciendo que no hay culpables… lo siento, mi mundo se mueve entre las acusaciones y los juicios, no soy capaz de no leer una acusación en «eres una terrorista emocional» y si tú eres capaz de leer otra cosa, te felicito, yo no puedo desasirme de los verbos que definen la identidad del otro «SER».

Y sí, es posible que haya tenido un comportamiento que tu hayas interpretado como maltrato psicológico, por ejemplo mis silencios, pero creo sinceramente que a la hora de emitir una sentencia tan rotunda habría que informarse más sobre las motivaciones del prójimo. Dicho del mismo modo, yo te puedo tachar de manipulador emocional, y esa sería mi lectura porque reconozco en ti gestos y movimientos que yo he tenido y por lo tanto que yo interpreto como manipulación. Pero ¿y tus motivaciones profundas, cuáles son? Cuando grabas un video en la oscuridad y haces el gesto expreso de recoger una lágrima, dime tú qué es eso sino la necesidad de comunicarme tu profunda tristeza. Es un gesto histriónico dedicado a la cámara porque hay personas que hacen esto cuando las palabras ya no son suficientes. ¿Eres entonces un manipulador? No. ¿El gesto es manipulador? Sí. Así que mucho cuidado, con esos juicios, esas palabras emitidas tan alegremente porque viste un vídeo de youtube que hablaba de esto. Ahora está de moda, todos somos psicópatas en potencia, tú también.

En fin, que me retiro porque todo esto me aleja de lo que verdaderamente tengo que hacer que es mirar hacia dentro y saber por qué ha pasado todo lo que ha pasado, responsabilizarme de mis emociones y de mis mierdas y no cargártelas a ti, tú solo me haces de espejo de mi propia inseguridad y de mi propia sombra. Gracias a ti voy a ser mejor persona y creo que nunca antes había visto y comprendido con tal profundidad la necesidad de poner luz a todo esto.

Es la única manera de que no vuelva a pasarme siempre lo mismo, es la única manera de terminar con el patrón, solo observando el patrón. Hubiera sido hermoso hacerlo a tu lado, pero tengo la sensación (personal) que tú también tienes cosas que arreglar dentro de ti. Por supuesto, es mi lectura, por supuesto son mis presupuestos porque tú eres todo amor y estás muy tranquilo en tu conciencia de haberme querido. Y quizás sea así, quizás yo interpreto que tú no estás del todo bien porque tus palabras retumban dentro de mi cabeza «estoy cansando de siempre encontrar a personas que no saben amar…» . Si siempre te topas con personas así es porque quizás tú las buscas así o la lectura que tú tienes de nosotras es que no sabemos amar… pero a lo mejor es que no amamos como tú crees que hay que amar. En fin, podríamos pasarnos así horas y horas.

Sanación y paciencia porque sé que tengo muchas cosas que arreglar todavía antes de poder ser pareja o madre, no me gustaría traer al mundo a alguien que tuviera que pasar años curándose de mí así que prefiero pasar años curándome a mí misma. Lucía fue la más hermosa de las creaciones, el proyecto más bonito que jamás hubiera imaginado. No habrá otra, solo era posible contigo.

Si la vida nos vuelve a cruzar, espero estar en mejores condiciones para recibir. Disculpa el silencio, lo necesito para no ponerme tanto en duda, porque la duda me mata.

Gracias a ti, el mayor de mis maestros espirituales hasta la fecha, sin lugar a duda. Me voy en paz porque yo también te quise, quizás más de lo que había querido antes a nadie, hasta donde mi conciencia llegó. Todo está perfectamente en su lugar, todo pasa para darnos la oportunidad de subir al siguiente nivel, si es que tales niveles existen.