Aprender a ser tu propio terapeuta requiere tener un buen terapeuta: La ley del espejo y el arte de escucharse a uno mismo.

Es el aprendizaje de toda una vida llegar a ser uno mismo y ser capaz de escucharse a uno mismo. Para las personas como yo que fueron hermosamente amaestradas hasta el punto de ser exquisitamente capaces de tener una vida organizada, el ser uno mismo requiere de esfuerzos para los que nunca estudié. Las dudas existenciales han formado parte de mí desde que tengo uso de razón y aprendía a escuchar la cabeza y no tanto la sensación en las tripas. La cabeza es lo que ha dirigido mi existencia y por eso todo está donde tiene que estar pero una ansiedad me acompaña siempre.

Aprendí a desoír los gritos del corazón y a tapar los aullidos con la fuerza de la razón hasta el punto del bloqueo en el que no sé si lo que siento está provocado por la mente o por el estómago.

Aprendí que al miedo hay que plantarle cara por ello si algo me da miedo, lo hago sin rechistar. Patada pa’lante y no mires atrás. Las facturas emocionales no tardan en llegar porque las decisiones se toman desde el centro de control. Sin embargo, al cuerpo no se le puede engañar. El cuerpo es sabio.

Agradezco profundamente a mi terapeuta. Soy inmensamente afortunada de haberme cruzado por fin con ella. Después de probar mucho y no dar nunca en el clavo, encontré una mujer seria, pero no fría que siempre me devuelve mis acusaciones en forma de pregunta.
Las quejas no están aceptadas, sino la llamada a la acción «¿Y qué vas a hacer tú al respecto?» Terapia de choque y de confrontación eso de lo que tanto huyo. A mí que siempre me han enseñado que la culpa es de los demás, ahora me veo en la tesitura de hacer mía la responsabilidad, dejar de quejarme del resto y empezar a actuar.

La importancia de tener un buen terapeuta es inigualable. No tiene precio y antes que una buena cena, me permito el lujo de una buena sesión que me ofrece claridad, escucha activa y estructura emocional. He dejado de mirar hacia fuera y de ocuparme de lo que hace el vecino y me ocupo de mí que con eso tengo más que suficiente. Antes de acusar y recriminar me miro y digo
«Coño, si tú estás haciendo lo mismo de lo que te estás quejando»

Como dije ayer, «como es dentro es fuera». Sólo vemos aquello que somos. Hasta hace muy poco esta frase la había asumido como un mantra que comprendía solo a medias, pero no dejaba de mirar fuera lo que no me atrevía a mirar dentro. Y no pretendo haberla dilucidado al completo, pero está un poco más clara. Palmo a palmo vamos desbrozando la maleza.

Y el trabajo no ha terminado, queda mucho por hacer todavía a pesar del camino recorrido ya. Pero lo bueno de todo es que cuanto más se sabe, más rápido se aprende. Factor acumulativo.

Llevamos enfrascados en nuestras creencias demasiado tiempo. Giramos en torno a nuestro ombligo demasiadas veces y olvidamos que fuera existe un mundo ajeno a nuestra percepción. Hablo por mí, naturalmente, pero si tantos escritos existen sobre la cuestión es que forma parte de los lugares comunes de la raza humana.

Igual que lo es la arrogancia típica de todos los egos sin importar cuanto se desvalorice él mismo. La sensación de ser únicos y especiales, de no ser comprendidos forma también parte de este terreno fundamental del humano fruto de nuestra mente separatista. Es una utopía pretender una hermandad de hombres, como decía Lennon, porque cada uno tiene la cabeza metida en su propio culo. Y no es malo, yo la primera, de hecho si todo el mundo tuviera la bondad de reconocer que lo único que importa es el «yo» primero y después viene el «tú» porque el «yo» ya está satisfecho, entonces otro gallo cantaría.

En cambio, tenemos esta maravillosa ilusión de ser bondadosos y piadosos y de hacer primero las cosas por los demás cuando en realidad las estamos haciendo para nosotros mismos pero sin reconocerlo. «Lo hago por ti» es de las cosas más tóxicas que he llegado a decir en mi vida. No, lo hago por mí. En realidad lo hago por mí, para mi propia supervivencia porque así he aprendido a hacer y a pensar. Lo que ocurre es que si me digo que lo hago por ti alimento la imagen que tengo de mi mismo y queda justificada la acción de darse a uno mismo pensando que damos a los demás. Y es todo lo contrario.

Lo hago por mí porque tengo miedo de decir que no. Si no lo hago, no te agrado y si no te agrado, me siento rechazado y no aceptado y ese es mi trauma de base y entonces me monto una película de fantasía en la cabeza y me convenzo de que lo hago por ti.

Lloro por ti, lo hago por amor y toda una retahíla de frases que se nos van de las manos. Lo peor es que nos las creemos y eso es el ego, alimentar una imagen irreal de uno mismo. Lo digo yo que llevo más de dos años desmontando la imagen endiosada de mí misma

Y este post lo hago por mí, porque necesito explicar y reforzar aquello que voy aprendiendo y a quien le sirva, mejor.

03/01/2023
Post #3

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