Palabras rotas, palabrota, tú que brotas y rotas de la anda

Se me acusó vilmente de no utilizar suficientes palabrotas. Habiendo profanado el reproche la buena imagen que de mí tengo en el lato uso del lenguaje, recogí el guante como lo haría el presidiario con el jabón no fuese caso que experimentara el dolor más inhumano que tiene que ver con la bombona de butano y que mi generación reconocerá como «la cabra, la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió… Yo tenía una cabra y la muy puta se murió», princesa de saldo y esquina caprino. Cabrón.

¡Anda a que te hagan una anoplastia!
¡Rinoplastia!
Anoplastia cuando te han roto el culo.

Si no has «entendido» es que nunca te han propuesto sexo en una discoteca gay, no sabes lo que pasa con la tapa del piano y no tuviste una infancia de los maravillosos años 80 donde decir mierda era llenarse la boca de gloria. Tu abuela te la iba a lavar con jabón, un jabón que por si acaso no recogerías del suelo de la ducha en el colegio después de la clase de deporte. Esa clase de deporte tras la cual corrías el riesgo de ser apodado el garfio por la desviación típica del miembro juvenil.

Apollardao de las pelotas, tonto del nabo, cuatro ojos, chupa culos, mil leches que un poco más lerdo y no naces. Esos maravillosos insultos que conformaban un universo en sí.

Un día de estos fabulosos de inspiración dantesca, a alguien se le ocurrió decir: «Que te folle un pez». A lo que, extrañado, su interlocutor añadió «polla» y quedó la cosa contrahecha: Que te folle un pez polla. ¡Con dos cojones!

Mamón, mamona o mamone, los del lenguaje inclusivo que no se sientan al margen. Pene mejor que polla aunque polla solo hay una, la récords con su «comemierda».

Picha hervida, putón verbenero. Como el Sabina ese que canta, que no tiene en esta tierra uno que le haga sombra pues el único que existió murió en 2020. Aute y Sabina dos fenómenos.

Por no mencionar todas las acepciones de los cojones que este par de huevos suscita.
«pim pam pum, bocadillo te atún» o su versión más moderna «toma lacasitos»

Ni a las bombonas de butano se las reconoce ya. ¡Qué pena me da que me se ha muerto el canario! Misartrópodo, miss artrópodo, misántropo

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