La flor no quiere abrirse. No hay manera. Asoma timorato un priscilo, mas el capullo permanece en un puño. No está dadivoso tras la última semana en la que se dio demasiado, seguramente porque fue sorprendido en luna creciente y de ahí, le creció la sonrisa hasta la carcajada. La factura a pagar por ello, inasumible, resultó en una semana trágica de cama y mierda. Todo a su debido ritmo, los excesos no son recomendables ni siquiera para los extremistas.
Pero el capullo no quiso eclosionar y nos quedamos rozando el larguero de la brecha.
Hay un dosel de humo, inexistente y bien real que salvaguarda un mar emocional embravecido. Miedo a abrir esa caja de Pandora, Ahí está, sobre la mesita de noche. Nos miramos con la distancia de seguridad pero he perdido, seguramente a propósito, la llave que encaja en la cerradura. Creo que la tiré al mar el martes, «ya me la devolverá la marea» pensé. Lo cierto es que hay enseres que por mucho empeño que uno ponga en perder, nunca acaban de desaparecer y lo que en ese hueco con forma de puerta se inserta anda en algún lugar de este mundo.
-No me da la gana
-¿Por qué? Para que yo lo entienda, ¿Puedes ser más explícita?
-Porque no me apetece, no quiero, no sé cómo acceder. Porque es peligroso sentir y porque hoy no me has pillado de sopetón sino que ya venía suspicaz y preparada para el ataque frontal. Me encantaría poder explicarte cómo me siento pero no me siento y punto. No hay manera de acceder, no puedo, no sé, he perdido el camino, me he saltado la salida. NO PUEDO y tampoco quiero, luego me pego una semana encadenada al váter cagando agua y con dolores. No gracias.
Hay una creencia que pulsa de fondo: sentir es peligroso porque uno puede perder el control sobre uno mismo. Y perder el control lleva a dejarse llevar y dejarse llevar conduce a no poder levantarse de la cama, a la desidia, a la pusilanimidad, a deambular patéticamente como un alma en pena lamentándose de uno mismo. No no no. Todavía no, necesito del encabronamiento para seguir viviendo. Necesito de la mala hostia para no dejarme vencer por la vida. Esa es la fuerza que siempre me ha arrancado de cualquier situación de peligro y no estoy dispuesta a hacerla a un lado, especialmente con la mierda de semana que he pasado.
Ya veremos de aquí a un tiempo, pero hoy no va a ser el día en que esta flor se abra, ni tampoco el día en que el dosel de humo desaparezca. Pico y pala derribando la falta de confianza hacia cualquiera. Todo intercambio emocional queda irrevocablemente suspendido en superficie, hasta nueva orden.
Si alguien me busca, estoy debajo del caparazón y el timbre está desactivado. No es nada personal.

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