RECORDATORIO:
Un límite es un tope que nos ponemos a nosotros mismos. No ponemos límites a los demás sino a nosotros. Yo no soy nadie para decidir sobre la conducta de alguien pero sí soy dueña de mis decisiones y de mis acciones. «Cuando tal conducta llegue a este punto, me voy». Puedo comunicarlo sin caer en la trampa de dar explicaciones. Soy lo suficientemente adulta como para responsabilizarme de lo que decido, sin culpar a nadie. Si me salto mis límites, entonces también aquí, me hago responsable de lo que me pase.
Oigo en muchas ocasiones el «Es que le puse un límite pero no lo respetó».
Querida, querido, el límite no va de los demás, eso sigue alimentando la fantasía del pretendido poder que tenemos sobre el comportamiento ajeno poniéndose de manifiesto la posición desde la cual actuamos. ¿No es acaso un indicativo irrefutable de superioridad querer que se haga mi voluntad?
No todo el mundo tiene los mismos límites ni concibe la realidad o lo que es demasiado del mismo modo, por lo tanto, lo mejor es saber cuáles son mis líneas a no cruzar y para eso, la única forma que se tiene de averiguar es explorando y experimentando lo que podríamos entender como «Lugar seguro». Para ello están los grupos de desarrollo personal o bien la vida en general (aunque en este último caso, el tablero al ser más amplio también es más complejo).
Lo más importante es la conexión con uno mismo y cuando esa fina línea se cruce, sencillamente hacerse caso. No hace falta saber el porqué, cuando un límite se cruza hay un sistema de alerta que se pone en marcha.
LO QUE OCURRE SI ME SALTO EL LÍMITE
Es un mecanismo complejo y a la vez súper simple que no entendí hasta ayer, por imposible que parezca.
La única realidad que tengo es la mía.
La vida de los demás la leo desde mi concepción del mundo.
Mi concepción del mundo está acotada a mi tipo de carácter que en este caso es el 4 sexual y por lo tanto me vivo desde la competitividad, desde la comparación y desde la constante necesidad de sentirme superior porque en el fondo me siento inferior, como la última de las mierdas.
Para llegar hasta aquí hace falta una buena dosis de humildad y rendirse ante la evidencia de los últimos 3 años de terapia en grupo. No, no hay atajo, no hay test de eneagrama que valga. El camino es lo «divertido» y la integración de los descubrimientos la única manera real de autoconocimiento.
Puesto que vivo mi realidad reflejada en los demás (a eso se le llama proyección), todo lo que ocurre fuera es un reflejo de lo dentro y por eso los demás son indispensables para conocerse por dentro.
Cuando estoy en el EGO (y eso es siempre porque me relaciono desde la capa más superficial de mí y por lo tanto desde lo que no está ligado a la esencia), tengo que tener en cuenta que estoy desconectada y estoy en automático.
El ego es un mecanismo de supervivencia que se instala desde el miedo inconsciente a la muerte, a no ser querida, etc. Y cuando opero desde el miedo, estoy actuando desde la no esencia.
Cuando recorro el camino de autoconocimiento, llego a conectarme conmigo misma a base de haber experimentado y haber grabado en el cuerpo cómo se siente tal o tal cosa. Desde ahí, sé reconocer mis necesidades y por lo tanto sé poner límites porque siento que ahí está la línea entre el respeto y el abuso. Esa línea se va moviendo a medida que se transita por el desarrollo del autoconocimiento.
Cuando NO ESCUCHO, cuando ME SALTO un límite que se siente en el cuerpo o cuando NO RESPETO ni atiendo lo que necesito, entonces aparece el enfado hacia el otro porque « le puse un límite pero no lo respetó«.
¡Es una proyección! No estoy enfadada con el otro porque se ha petado el límite que mi arrogancia le puso, es más fácil para ciertos caracteres asumir que la CULPA está fuera. Estoy enfadada conmigo porque sé que me he vuelto a comer lo que sabía que no quería. Paciencia y análisis.
¿Para qué lo he hecho? ¿Para qué necesito seguir alimentando mi narrativa? Descubro qué es aquello que pensaba encontrar si me faltaba al respeto en favor de otro. No lo hago por los demás, lo hago por mi (aunque parezca una locura) porque, desde la misma arrogancia que me mueve a limitar a los demás, pienso que con ponerme de rebajas voy a conseguir aquello que mi ego quiere.
Lo que me pasa, me pasa porque yo lo permito así sea por no saber, por la inconsciencia, por haber normalizado cosas que no deberían ser normales, por no saber amarme, por necesitar, por tener miedo a no ser amada si expreso lo que necesito. Y recuerdo que también los miedos son proyecciones. NO todo el mundo los manifiesta del mismo modo aunque me queda por saber si los miedos sí los compartimos aunque se expresen de formas diferentes en cada caso.