Los límites del amor, WALTER RISO: Una lectura NECESARIA

En este libro Walter Riso analiza en 360 grados las razones por las cuales a las personas nos cuesta tanto poner limitaciones cada vez que nos embarcamos en una relación amorosa. Su lectura es rápida por apasionante y uno se sorprende de los perfiles que sus líneas nos devuelven. Sin entrar en juicios de valor, someter nuestras actuaciones a un escáner a través de la lectura de este manual es un buen ejercicio para cualquiera que esté en la búsqueda de sí mismo. Algunos pasajes cuestan de digerir porque nuestro reflejo es tan grosero que duele a la vista y no podemos evitar preguntarnos ¿Cómo es posible que no lo viera antes?

Bueno, la respuesta es sencilla, a veces cuesta aceptar que «somos lo que somos» y que «es lo que es» porque tenemos una idea preconcebida de «cómo somos» o, mejor aún, «de cómo deberíamos ser» para aceptarnos.

Como decía Krishnamurti, la verdad no depende de nada no está sujeta a interpretaciones sino que reposa sobre los hechos. ¿Cuáles son los hechos neutros pero reales? Observar y describir la realidad, SIN interpretación, no sólo ayuda a no apelar a nuestro ego que tratará de compensar un orgullo herido con reactividad, sino que verlo plasmado negro sobre blanco ayuda a traer a un nivel consciente aquello que pesa en el inconsciente y que decidimos obviar.

Si siempre se tropieza con la misma piedra, la solución está en ver la piedra antes de poner el pie. Sólo de esta manera se despejará el camino que nos separa del próximo nivel. Parece una tontería, pero las cosas de la vida se comprenden cuando se tienen que comprender, cuando uno está preparado para comprender y el momento llega cuando llega. No se escarmienta en mente ajena y, lo más importante, el cambio sólo puede llegar a través de la completa comprensión de los obstáculos. Nadie nos puede señalar lo que estamos haciendo mal, en todo caso a mí nunca me ha funcionado. Ha hecho falta la experimentación propia, el tropiezo reiterado y la búsqueda de respuestas voluntarias para salir de un bucle tan obvio para los demás como inexistente para mí.

No olvidemos que la manera de comunicar juega un importante papel a la hora de comprender los mensajes. El mismo contenido dicho a dos personas diferentes por un mismo emisor puede provocar resultados dispares. En el caso de este libro, un lenguaje sencillo y cierto toque de picardía humorística, convierten la lectura en un absoluto placer a pesar de la crudeza que puebla sus páginas.

Deambular por sus líneas es un mal necesario cuando, llegado el momento, uno comprende con la razón, la emoción y las vísceras.

DATOS IMPORTANTES DE LA LECTURA:

  • El adoctrinamiento social (educación) al que hemos sido sometidos ha hecho que prevalezca LA IDEA de un amor irracional. A través del mismo se han reforzados los roles de la mujer y del hombre dictaminando lo que se debería esperar de cada uno de ellos en el marco de una relación.

    Existen así 4 grupos de pensamientos irracionales (la idea del amor, la mala imagen de nosotros mismos, el conformismo social y la proyección catastrófica del futuro) o maladaptativos que alteran nuestro desempeño afectivo normal y nos impiden ponerle límites al «amor» . Hago especial hincapié en el primer grupo que es el que me parece más tóxico y el catalizador del resto.

    Pensamientos idealizados sobre el amor: La cultura de la entrega total y la abnegación sin límites tienen claros efectos negativos sobre la concepción del amor por las personas.
    a) Justificación de lo INACEPTABLE/ PELIGROSO
    b) Esperanza que nos mantiene anclados a una imagen idílica
    c) Discrepancia entre el «amor ideal» y el «amor real»

La MITOLOGÍA DEL AMOR romántico ocupa todo el ser, es OMNIPRESENTE («Si hay amor no se necesita nada más»).
Puede con todo porque es OMNIPOTENTE («El verdadero amor es incondicional»)
Posee una fuente de sabiduría infinita OMNISAPIENTE («El verdadero amor es eterno»)
Por todo ello, cuando se está enamorado, no se precisa de nada más porque uno está «pleno, es poderoso y sabio»

  • EXISTENCIA DE 3 SÍNDROMES FEMENINOS entre aquellas que no saben poner límites al «amor».
    1. El síndrome de la NODRIZA
    2. El síndrome de la GEISHA
    3. El síndrome de la EMPLEADA

    EL SÍNDROME DE LA NODRIZA:
    La ayuda compulsiva o codependencia.
    Leyendo esta parte me ha venido a la cabeza la imagen de un eneatipo 2 insano volcado en la ayuda buscando ser amado por aquello que da a los demás y que es totalmente incapaz de darse a sí mismo: «Austeridad para con uno mismo, abundancia para el otro»
    El amor que se profesa por alguien se extralimita y este perfil es capaz de hacer cualquier cosa más allá de los límites de la dignidad y la autoestima. Así, estas personas se convierten en cuidadoras, salvadoras o terapeutas de sus parejas. Debido a ello, suelen sentir atracción por los débiles, inútiles, adictos, acomplejados, fracasados, pobres o marginados sociales.
    La desprotección y el abandono son un poderoso gancho para aquel que juegue el papel de redentor y que tiende a confundir «amor» con asistencia social.
    Las presas en realidad no son los desfavorecidos, sino sus salvadores pues la ley de adaptación al medio ha querido que estos «mendigos» hayan perfeccionado la habilidad en la detección y conquista de los perfiles «niñera». Este tipo de parásito infantil acaba pensando que no tiene nada que agradecer en cambio sí mucho que exigir. La relación que se establece es por medio del chantaje emocional y de las rabietas infantiles.

    EN RESUMEN
    Metáfora: mujer nodriza/terapeuta/redentora y hombre niño/hijo/débil.
    Apetencia típica: varones descarriados, frágiles, enfermos, inútiles e inseguros.
    Misión básica (meta): ayudar, adoptar, lograr la mejoría/superación, producir salud, salvar, resolver, cuidar,conciliar, alimentar, reformar.
    Método para alcanzar la meta: control, vigilancia, regaño, ser posesiva, aconsejar, pensar por él, adelantarse a los hechos, disciplinar.
    Motivación: sentirse indispensable y esencialmente útil
    Respuesta masculina: tristeza, pataleta y culpabilizar a la pareja/nana.
    Pronóstico: el varón encuentra otra madre sustituta o ella termina odiándolo y echándolo a la calle.

    EL SÍNDROME DE LA GEISHA
    La complacencia ilimitada
    Los hombres (en general) que buscan este tipo de perfil femenino desean una cortesana/geisha, experta en relajación y en las artes amatorias.
    La metáfora que se establece es la del hombre/amo o rey y la mujer amada/amante/geisha cuya meta es la de lograr una relación de dependencia o sometimiento de ellos a través de el buen trato dispensado. Quieren que el guerrero deponga las armas, sentirse deseadas y queridas por ellos.

    Se pone en marcha una actitud servicial, de entrega total donde ellos pasan a ser el centro de atención y sus necesidades y deseos serán los primeros a ser atendidos. Para ello le sirven la mejor comida, le hacen masajes, lo bañan, lo calzan, lo escuchan, lo halagan, lo hacen reír, en fin, lo consienten hasta el aburrimiento para evitar el desamor siendo el trato deparado una forma de asegurarse una ventaja competitiva frente a las demás mujeres.

    El diálogo interno o externo de una mujer geisha puede tener frases similares a las siguientes. Todas tratan de justificar la conducta del narcisista poniéndose ellas en segundo plano, como si esperar un poco de afecto fuera una exigencia fuera de órbita.
    «Me conformo con verlo bien»
    «Respeto su manera de ser, él es más receptor que dador, ¿me entiende? No lo educaron para dar.»
    «Yo no necesito lo que él necesita… Para él la sexualidad es determinante y para mí el sexo es secundario.»
    «No está en un buen momento de su vida así que es normal que no me llame o me escriba»
    «Está muy ocupado y es normal que no tenga 30 segundos para dejar un mensaje, tiene la cabeza ocupada en cosas importantes»


    Con este comportamiento las mujeres esperan que ellos consideren su suerte y las tengan presentes. Nada más alejado de la realidad pues el hombre/rey/amo no se siente esencialmente atado a su pareja. Su egocentrismo le impide considerar el punto de vista de su compañera y su encumbramiento le imposibilita para establecer conexión con ella. De vez en cuando tiene algún gesto de condescendencia que ellas magnifican e interpretan como una muestra de amor pero la realidad es que al guerrero le cuesta amar o, sin ir más lejos, ni sabe ni le interesa.Es más fácil reemplazar a la mujer/amante cuando así se lo dicte la biología, el aburrimiento o la pulsión de cazador.

    Estrategias para mantener el interés del hombre:
    El cuidado del aspecto físico es uno de los puntos clave en torno al cual gira la vida de la mujer Geisha. Se podría incluso hablar de esclavitud estética debido a la obsesión por la belleza, la carne firme y dispuesta. La mujer/geisha es una apasionada de los gimnasios, de la lógica decorativa (vestirse a la moda, joyas), el camuflaje (maquillarse, teñirse el pelo, depilarse con láser) y la reconstrucción (cirugías, bótox y mesoterapia).
    Ella misma genera una dualidad cosificándose, convirtiéndose en objeto de deseo y quedando atrapada en un bucle:
    ¿Cómo sentirse querida si lo que promueve es únicamente el deseo?¿Cómo admirar solamente un pedazo de cuerpo y no desvirtuar al otro como ser humano, cómo hacerlo sin volverlo «cosa»?

    La meta es atrapar al varón de la cintura para abajo, así haya cierta indignidad en el intento. Maquiavelo enamorado: en el amor, el fin justifica los medios; por eso, el apego corrompe. Para el hombre/rey no hay sujeto del deseo, sólo objeto del placer. CUIDADO CON LA ESPERANZA DE CAMBIO Y LOS AUTOENGAÑOS.

    EN RESUMEN
    Metáfora: mujer/amante/ geisha y hombre/rey/amo
    Apetencia típica: varones narcisistas, poderosos, atractivos, ególatras, prestigiosos
    Misión básica (meta): complacer, consentir, relajar, producir placer, rendir pleitesía, contentar, recrear
    Método para alcanzar la meta: embellecerse y ser atractiva, decir sí a todo, mostrarse siempre alegre, oportuna y de buen humor
    Motivación: sentirse indispensable y deseada
    Respuesta masculina: encumbramiento, distanciamiento,reconocimiento superficial
    Pronóstico: el varón encuentra una cortesana más hábil o la mujer revive la necesidad natural de sentirse admirada y amada y se separa.

    EL SÍNDROME DE LA EMPLEADA
    La servidumbre hogareña
    Vivimos en una cultura patriarcal que todavía lastra reminiscencias del pasado. Por ello es muy difícil encontrar mujeres que no sean también amas de casa a pesar de ser profesionales independientes.
    En este síndrome «servidumbre» debe asimilarse a sumisión. Este servilismo físico y, peor aún por ser transparente, psicológico se confunde con humildad. Nada tiene que ver la sumisión con el virtuosismo. El humilde no es consciente de su humildad pues en el momento en que toma conciencia de la misma, deja de serlo (Krishnamurti). El servil se posiciona por debajo del servido y su autoestima queda minada.
    En este caso la metáfora que se establece es la del hombre como dueño de la «empresa familiar»/jefe y la mujer ostenta el cargo de empleada estableciéndose entre ambos una relación laboral más que afectiva. La empleada rinde cuentas al jefe.

    Organizar la casa se convierte en un trabajo obligatorio que se revisa con lupa en busca de errores y se analiza con la perspicacia de cualquier protocolo de evaluación del desempeño. ¿La felicidad de ella? Verlo a él satisfecho con el producto final.
  • El AMOR UNIVERSAL del que habla la filosofía forma parte de lo divino pero no es aplicable terrenalmente ni tampoco está diseñado para una relación de dos. Vuelve a pecar de idealista y, llevado al terreno material, no es lo mismo amar psicológicamente donde ciertamente no se espera nada a cambio que convivir con el amado. La idea de no esperar nada a cambio es otra trampa. Naturalmente que si uno ama es porque hay la voluntad de amar y amando uno ensancha el alma.
    Sin embargo, ¿Qué hacer cuando tras la entrega de tiempo, las conversaciones profundas y la hospitalidad sin límites uno se ve confrontado a alguien al que le importa un pito lo que nos pase? Y en este caso las palabras dan exactamente igual, no hay que escuchar lo que se diga sino observar los hechos, de nuevo el gran sabio Krishnamurti hace aparición. Igual que parece una obviedad no esperar peras de un olmo, también lo es esperar una respuesta humana a nuestra altura de alguien que jamás se ha preocupado de buscarnos y sólo ha ido a remolque, reaccionando a nuestras demandas de atención. Los primeros en hacer conscientes nuestros errores debemos ser nosotros mismos.
  • Para tener una materialización y poder sobrevivir al tiempo, el amor tiene que estar constituido de EROS (deseo), PHILIA (amistad) y ÁGAPE (ternura). Es importante que los tres componentes estén presentes para que sea completo. Equilibrar la balanza interna ya dependerá de cada pareja.
    Hay que tener presente, no obstante, que la llamarada inicial del deseo poco a poco se irá apagando, dejando paso a la amistad que, a su vez, engendrará la ternura y la empatía necesarias para reforzar los lazos.
  • Estar enamorado es un estado transitorio de enfermedad mental que provoca la disminución del cociente intelectual. Hay que mantenerse alerta y tener un plan para cuando «EROS» arremeta y nos haga perder la cabeza o nos obligue a rozar el larguero del retraso mental.

     




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