La auto observación es clave para el cambio real. El patrón es el mismo en cada uno de los casos. Tan simple que asusta: el dolor cuyo origen se halla en el cuerpo envía una señal al cerebro y, a partir de esta, empiezo a contarme la historia formulada a base de repetición y autoconvencimiento.
No importa los años de terapia que una persona lleve. Es más, cuantos más años de terapia, casi diría que peor. En algunos casos, hay personas que se conocen tan bien que tienen asumida la narrativa. La llevan mentalizada. Hay una lógica aplastante en lo que dicen. Se conocen muy bien desde la mente. Todo tiene una explicación. «Lo sé». Sin embargo, el cambio no se produce. Siguen enganchados al personaje, siguen adheridos a la explicación lógica.
Para que un cambio se produzca hay que revivir el trauma que quedó atascado en el cuerpo y que produce ese dolor original a partir del cual se fue estructurando la narrativa. Hay que pelar la cebolla hasta dar con el origen DESDE EL CUERPO, no desde la mente.
Una vez desnudo, hay que posicionarse en la figura del observador. «No soy lo que me pasó», «no soy mi dolor», «no soy mis emociones». Y que conste que toda esta palabrería puede resultar en un discurso más que uno aprende. No sé transmitirlo de otra forma a través de este medio.
No basta con saber. El conocimiento es tan solo el primer paso. Despertar la consciencia es el 50% del trabajo. Luego está el arremangarse y meterse de lleno en el trabajo de destrucción de la narrativa y por lo tanto de muerte de la identidad. Y eso es aterrador. Sentir que si no soy la historia que me cuento, ¿Qué soy? Es como lanzarse al vacío.
Una de las cosas que más me ha ayudado, y sigue siendo así, es la meditación. Meditar desde la observación de cómo alimento la narrativa de mi existencia, cómo esta narrativa agranda el dolor que es real y es corporal, seguir el hilo desde el cuerpo hasta la mente y cómo la mente se activa con la palabrería y añade más leña al fuego.
El dolor se origina por algo que percibo desde fuera, algo que me recuerda a ese episodio, probablemente olvidado pero que quedó grabado en el inconsciente, en el cuerpo, en la parte física. EL DOLOR ES REAL. Reconocer lo que está pasando es estar anclado en el presente. Permitir sentir el dolor SIN QUE LO ACOMPAÑE LA NARRATIVA es empezar a cambiar el patrón.
Cuesta. Cuesta frenar la mente cuando es tan automático. Aseguro que es posible porque yo he aprendido a hacerlo. Todavía encuentro disparadores del ego, claro que sí. El cambio es un proceso de reestructuración cerebral, no es un botón mágico ni tampoco eso que nos han vendido como salto cuántico donde parece que con solo pensar en la vida ideal ya te venga milagrosamente. La plasticidad cerebral es lo que permite el cambio y también precisa de tiempo y de esfuerzo, de reconocimiento, de autocuidado, de decisión, de disciplina y voluntad de cambio.
Hacer lo mismo solo entraña los mismos resultados. Los pequeños cambios son poderosos y el primero de ellos es tan simple como sentarse a observarse a uno mismo.
Si quieres saber más sobre esto, contacta conmigo. No haremos magia, picaremos piedra. El cambio puede ser para todos, no todos lo quieren y es respetable. No hay lugar al que llegar, no hay metas, solo aprendizaje.

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