CAPÍTULO 1 SERIE comprender mi relación con la comida: ¿Qué es el hambre? Hambre física versus hambre emocional.

En ocasiones interpretamos como hambre sensaciones corporales que tienen un origen distinto: sed, ansiedad, miedo o tensión. Como todas ellas pueden sentirse en la zona del estómago, no siempre resulta fácil distinguirlas.

¿Te pasa lo mismo? ¿Sientes hambre que no es hambre? ¿Te has detenido a pensar que quizás eso que sientes como necesidad no sea tal cosa?

Una de las causas es que hemos recurrido en reiteradas ocasiones a la comida como ansiolítico hasta confundir el hambre real con el hambre emocional

Recuerda que el problema no es que hayas aprendido a calmarte comiendo, sino que esa es la única manera que conoces de cuidar de ti. 

¿Qué es el hambre física según la ciencia? ¿Qué le ocurre al cuerpo cuando tiene hambre?

Voy a intentar responder desde el cuerpo, lo sentido, hacia la mente, lo pensado. Entender con la mente no es entender con el cuerpo, por eso, a pesar de comprender cognitivamente los mecanismos que te llevan a seguir comiendo, no los debilita sino que tan solo los hace lógicos, racionales e inteligibles.

Para atenuar un comportamiento otro tipo de comprensión es necesaria y pasa por darse cuenta, estar muy presentes para nosotros mismos y ser muy conscientes y honestos con aquello que nos está pasando.
El hecho de reconocer, nombrar o denunciar un comportamiento ya implica la toma de consciencia y dicha toma de consciencia introduce algo que los automatismos no permiten: la posibilidad de elegir.

En primer lugar, es importante saber que el hambre es un indicador que tiene nuestro cuerpo para avisar de la “falta de energía”. En muchas personas el hambre aparece como una sensación de vacío, molestias o contracciones en el estómago. En otras puede manifestarse sobre todo mediante falta de energía, dificultad para concentrarse, irritabilidad o una creciente atención hacia la comida.

Nuestro cuerpo dispone de un sofisticado sistema para regular el hambre. Hormonas como la grelina aumentan la sensación de hambre, mientras que otras señales procedentes del estómago y del intestino como son la distensión del estómago y una serie de hormonas intestinales como la a leptina, hormona de la saciedad, van indicando al cerebro cuándo hemos comido suficiente.

Si no se atiende la necesidad inicial, normalmente se silencia, pasa el dolor y uno puede seguir hasta la siguiente oleada de hambre donde vuelve a empezar el ciclo de dolor y rugidos, falta de energía incluso dolor de cabeza y mal humor. Sin embargo, el cuerpo todavía puede funcionar perfectamente, no hay alteración alguna y sí que hay un cambio de prioridades a nivel cerebral. Nuestros sentidos se agudizan, el olfato se afina y cualquier estímulo olfativo, por pequeño que sea, se magnifica. 

La sensación de hambre física va haciendo aparición de manera sostenida aunque tímida al principio. Una leve molestia puede pasar desapercibida y cuanto más posponemos su satisfacción, más se intensifica la necesidad. Es persistente, continua y aumenta en caso de no saciarse. Cuando existe hambre real, uno engulliría incluso aquellos alimentos que no son santo de su devoción, pues la necesidad se impone ante la predilección. El hambre real desaparece una vez ha sido saciada y aparece una placentera sensación de paz y calma. 

El hambre emocional no existe o quizás sí… ¿Qué diferencia hay entre hambre fisiológica y necesidad emocional?

El hambre emocional se abre paso de una manera muy distinta. Su aparición es repentina y no se traduce por un dolor estomacal. En muchas ocasiones, se puede haber comido previamente pero algo nos impulsa a seguir a pesar de que el mecanismo hormonal haya hecho su parte y envíe señales de saciedad. Tendemos a ignorar dicha sensación y seguimos comiendo pues esta hambre tiene un origen muy distinto a la anterior.

El tipo de comida elegido para saciarla suele ser específico, alto en grasas, carbohidratos, de gran aporte calórico y no busca optimizar el aporte energético sino que persigue saciar algo cuya base es emocional. El hambre emocional sigue pidiendo ser complacida a pesar de ya no tener espacio disponible.

 Llegamos a la conclusión de que si no busco satisfacer una necesidad básica, estoy intentando satisfacer otro tipo de necesidad.
¿Qué aportan los alimentos elegidos emocionalmente al organismo? ¿Qué beneficios se esconden detrás de una onza de chocolate? ¿Qué se intenta resolver con la comida?

Así te invito a que antes de abrir la nevera, te detengas unos segundos para escuchar qué está diciendo realmente tu cuerpo. ¿Te pide alimento? ¿Te pide descanso? ¿Consuelo? ¿Compañía? o simplemente ¿Permiso para sentir?

También te invito a que, en el caso de que te detectes lo que te pide, oberves si eres capaz de darte aquello que estás sintiendo y si no puedes ¿Qué te lo impide?

OTROS POSTS POR VENIR DE ESTA SERIE:

Capítulo 2 SERIE comprender mi relación con la comida:

¿Cuándo el cuerpo pide comida y cuándo pide otra cosa?


Capítulo 3 SERIE comprender mi relación con la comida:

¿Por qué la comida calma?


Capítulo 4 SERIE comprender mi relación con la comida:

Lo que aprendimos sobre la comida sin darnos cuenta.


Capítulo 5 SERIE comprender mi relación con la comida:

La comida nunca fue el problema.

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