La sorprendió con un abrazo que ella juzgó demasiado efusivo para ser alguien que no conocía. Aún así, entendía que… Leer más El precio de no escucharse: perder el tiempo es lo de menos, perderse a uno mismo es lo de más.
La sorprendió con un abrazo que ella juzgó demasiado efusivo para ser alguien que no conocía. Aún así, entendía que… Leer más El precio de no escucharse: perder el tiempo es lo de menos, perderse a uno mismo es lo de más.
-Niño, ¿bailas conmigo? -No puedo, niña. -¿Y por qué no puedes? -Porque olvidé cómo se baila.
Desde hacía una semana sabía que llegaría a mi casa. No siendo la paciencia una de las virtudes que figure… Leer más No hay ninguna carta para ti: El día que el cartero no la metió en el buzón
Mi vida ideal no es muy complicada. No sé si se parece a la vida ideal de los demás, supongo… Leer más Mi vida ideal en pocas palabras: Porque tú soñaste, yo escribo.
Se levantó una mañana de domingo dispuesta a aceptar la derrota. Sus fuerzas empezaban a ceder ante el pulso titánico… Leer más Los mandamientos del Universo: Co(a)lición có(s)mica
Bilbo se encontró sentado en el umbral, solo y aburrido. «Jolines, ser uno es ser poco». Deseó tener con quién… Leer más El jardín secreto de Bilbo y Bimba: Entretejiendo la tierra de nadie, la tierra de ellos.
Mi cama y yo nos llevamos fatal. Es una relación tóxica de amor odio. Para un día de bien pasamos… Leer más Historias de un matrimonio: Un día bien, quince mal pero no lo puedo dejar. Estoy en una relación tóxica.
Las vibraciones son reales, la intuición existe, la energía no miente. Hazte caso. Algunos se irán de tu lado cuando… Leer más Ojalá te vayas a dormir sabiendo que mereces el mundo entero: La vida según Gandhi
Lleva diluviando más de 24 horas. Un chaparrón, llueve a mares o torrencialmente. No es que llueva, jarrea, el cielo… Leer más El atemporal aquí y ahora, allí entonces: Llora, alumbra y muere.
Anael nació del revés y en vez de darle el pecho le dieron la espalda, era pelirrojo y solo sabía… Leer más El Henko: Una extraña enfermedad milenaria que inflama el cerebro y obliga a una sonrisa eterna, un estado de gilipollez pe(ren)ne al que uno se acostumbra.