No nacemos sabiendo qué significa la comida. Lo aprendemos y descubrir eso que aprendimos puede ser una manera de hacerlo consciente. Todo lo que deja de ser un comportamiento inconsciente y pasa a formar parte de la luz de la consciencia es susceptible de ser modificado. No se puede cambiar aquello que ni siquiera sabemos.
El primer paso es siempre hacerse consciente del patrón para poder dejar de reaccionar y empezar a elegir.
No me cansaré de repetir que no solo ocurre con la comida, sino con cualquier conducta automática que tengamos. Hay una compulsión conductual que se ha desarrollado a lo largo de nuestra vida para evitarnos el dolor.
Las vías de escape son múltiples y variadas como venimos observando desde el principio. Toda forma de automatismo es también una manera aprendida de sortear el dolor: El dolor de ser que existe en cada uno de nosotros.

En cuanto al tema que nos ocupa, te lanzo unas preguntas:
¿Qué aprendiste sobre la comida cuando eras niño?
¿Qué conductas viste en tu casa asociadas a la comida?
¿Qué emociones asocias a la comida?
¿En tu casa se celebraba todo comiendo?
¿Te obligaban a terminar el plato?
¿La comida era/es un premio, un castigo, una manera de ser amado, una manera de controlar?
La comida también se aprende
Solemos reaccionar a aquello que aprendimos o bien repitiendo el patrón o bien yendo a la contra. En cualquiera de ambos casos, no es por elección sino por reacción.
Un niño no sabe que un alimento «engorda», que hay alimentos «buenos» y «malos», que hay que terminarse el plato, que comer dulce es un premio o que dejar comida es desperdiciarla.
Puede sentir preferencias por ciertos alimentos y, por ello, es necesario distinguir preferencias sensoriales innatas de significados aprendidos.
Los niños no parten de una neutralidad absoluta frente a la comida. Desde muy temprano existen diferencias individuales en la respuesta a los sabores, olores, texturas y temperaturas. El sabor es una experiencia sensorial y, por tanto, puede resultar placentera, desagradable, intensa, novedosa, etc. Además, existe una predisposición temprana dictada por la biología y por los años de evolución, como una mayor aceptación de lo dulce y una mayor cautela ante determinados sabores.
Sin embargo, lo que sí aprendemos en nuestro entorno es otra capa: qué significa comer determinados alimentos y qué relación debemos establecer con ellos.
Por ejemplo:
A un niño le puede parecer agradable y sorprendente la textura y sabor de un helado, eso no lo aprende, sino que lo experimenta. No obstante, lo que sí puede aprender es que si se porta como sus padres quieren, le obsequiarán con un helado y por lo tanto que es un premio por hacer lo que sus progenitores quieren.
Puede aprender que el pescado, la verdura o la carne son comida de «niños buenos», que la comida hay que terminarla antes de levantarse de la mesa o que ante una magulladura o una desazón mamá le compra un helado para que se le pase el mal trago (seguramente porque mamá está proyectando SU solución aprendida ante los disgustos de la vida).
El niño siente hambre, placer, rechazo, saciedad, etc y por ello tiene preferencias y paralelamente a su respuesta instintiva empieza a recibir mensajes, introyectos/ «educación» sobre cómo debe sentirse sobre la comida, sobre las cantidades, la calidad, la posología y se van creando las conexiones neuronales que pueden anular su instinto inicial y reemplazarse por las enseñanzas.
¿Qué ocurrió con aquello que tu cuerpo sabía antes de que empezaras a aprender cómo debías comer? ¿Cómo recuperar tu propio instinto y dejarte guiar por él? En eso te puedo ayudar porque yo lo he recuperado y conozco las preguntas que me hice por el camino.
¿Qué lugar ocupaba la comida en tu casa?
Te dejo algunas preguntas para que reflexiones sobre la percepción de la comida a la que estuviste expuesto, directa o indirectamente porque una cosa es lo que nos dicen explícitamente y otra, muchas veces más importante, lo que observamos. Y el mensaje observado suele ser el emulado por el niño. Así, decirle a un niño que fumar es malo mientras los padres consumen tabaco es un sinsentido que crea una fragmentación entre lo que se dice y lo que se hace y, por ende, genera lucha interna.
¿Se comía todos juntos? ¿Había horarios rígidos? ¿Había que terminarse todo? ¿Podías decir que no tenías hambre? ¿La comida era un momento agradable o estaba lleno de tensión?
¿Se utilizaba la comida para celebrar?¿Para consolar? ¿Para premiar? ¿Para castigar? ¿Había alimentos prohibidos o reservados para momentos puntuales?
Y en relación con el cuerpo: ¿Se hablaba mucho del peso o del cuerpo? ¿Había alguien haciendo dieta constantemente? ¿Se asociaba estar delgado con estar guapo, sano o tener éxito? ¿Tus padres tienen problemas de sobrepeso?
Lo que se aprende sin que nadie te lo enseñe
Algunas líneas antes he comentado que no importa cuán mal se hable de algo, si la conducta respecto a eso indica lo contrario.
Si «criticar a la gente está mal» pero tus padres se la pasaban criticando inconscientemente a todo el mundo, lo más probable es que desde el inconsciente critiques. Piénsalo por un momento. ¿No te quejas de la incompetencia de los demás, de la lentitud, de las conductas ajenas, etc?
De la misma manera, quizás nadie te dijo «Cuando estés triste, come» pero quizá aprendiste que cuando alguien estaba triste echaba mano de lo dulce.
Quizá nadie dijo explícitamente «Estás gordo» pero tu madre o tu padre estaban constantemente a dieta y bajo severas restricciones. Quizá oíste comentarios sobre la belleza de tal o cual seguido de «¡Qué cuerpo tiene! Parece más joven» y asociaste hermosura con delgadez, éxito, restricción, dieta.
Pero escuchabas constantemente hablar de dietas, kilos, calorías o cuerpos ajenos.
Quizá nadie te enseñó a no estar en contacto con tu saciedad e ignorar tu cuerpo pero aprendiste a que si te terminabas el plato aunque estuvieras a reventar parecía que tus padres se alegraban y te querían más.
Quizá viste a alguien comer en secreto, de noche a hurtadillas y percibiste que comer es «malo» y hay que esconderse. Existen millones de combinaciones posibles, de mensajes subliminales que tu inconsciente captó.
La educación alimentaria o de cualquier tiepo no ocurre solamente a través de las palabras.,también ocurre a través de la experiencia y de la observación.
El niño interior se refleja en tu manera de comer
Algo en ti quedó anclado al pasado, eso es lo que se llama el niño interior. Una parte vulnerable de ti que aprendió a defenderse de una determinada manera y, con los años, la coraza ha creado un callo que impide cualquier tipo de indagación porque salta el automático precisamente para evitar hurgar en una herida. Aprendimos a protegernos para sobrevivir.
«¿Por qué hago esto hoy?» no sería la mejor manera de abordar el tema sino que te propongo una forma más amable y compasiva: «¿Cuándo aprendí que esto era una manera válida de relacionarme con la comida?»
Desde esta compasión por el niñ@ que fuiste, sin juzgarte ni tampoco condenar a tus padres pues ellos también poseen este niño interior que aprendió a defenderse y te transmitieron lo que a ellos les funcionó, puedes empezar a observar tus patrones actuales
- comer aunque no tengas hambre;
- sentir culpa después de comer;
- necesitar «ganarse» determinados alimentos con ese «me lo merezco»;
- sentir ansiedad ante determinados alimentos como quizás pérdida de control al ingerir algo que te causa mucho placer;
- comer rápidamente casi sin masticar;
- necesitar controlarlo todo para no pasarte de la raya;
- utilizar la comida como recompensa y actividad lucrativa;
- sentir que desperdiciar comida está mal;
- desconectarse de las señales corporales.
Comprender el origen de nuestros aprendizajes es una primera toma de consciencia.
¿Con eso se puede cambiar?
Solo con eso no, tan solo es el primer paso. Igual que aprendiste una manera, puedes aprender nuevas soluciones para relacionarte con la ansiedad, con el merecimiento, con el amor, con la tristeza, etc. Se trata de indagar y mantener una actitud curiosa sobre cualquier ámbito de la vida porque lo que hacemos con la comida es tan solo una muestra de cómo aprendimos a estar en el mundo. Seguramente si observamos de más cerca veremos que la conducta se repite bajo otras premisas y en otros ámbitos.
OTROS POSTS DE ESTA SERIE:
Capítulo 1 SERIE comprender mi relación con la comida:
Capítulo 2 SERIE comprender mi relación con la comida:
¿Cuándo el cuerpo pide comida y cuándo pide otra cosa?
Capítulo 3 SERIE comprender mi relación con la comida:
¿Por qué la comida calma?
Capítulo 4 SERIE comprender mi relación con la comida:
Lo que aprendimos sobre la comida sin darnos cuenta.
Capítulo 5 SERIE comprender mi relación con la comida:
La comida nunca fue el problema.

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