Previously en Al nacer heredé un rompecabezas (1): Una pérdida de tiempo de 48150 y una piezas. 48150 y un fragmentos… Leer más Un tiempo que pasa en 48150 y una piezas (2): Mi propia Sagrada Familia.
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Al nacer un sortilegio me fue echado. A mi mayoría de edad, me pincharía el dedo con un huso y…… Leer más Al nacer heredé un rompecabezas (1): Una pérdida de tiempo de 48150 y una piezas.
Miguel Ángel es un artista del piano y fue mi profesor durante los años más tiernos de mi vida. En… Leer más Señales del universo, pedacitos de vida: El piano de cola que viajó hasta Málaga, un profesor perdido hace 25 años, un portal hacia el pasado.
Ahogo. Huida, la realidad cae como un vaso de agua conjurada, maldecida. No quiero estar aquí. Quiero salir de este… Leer más Necesidad de huir, otra vez, el eterno retorno. Desazón, estancamiento.
Con estas zapatillas raídas de tanto huir, dulce refugio ha sido siempre la escritura, redil de calma en el que… Leer más Escribir en tiempos de guerra: Amar los huevos revueltos, los churros de punta, los protones verbeneros y aprender que tus cosas no le interesan a nadie más que a ti.
Previously en El jardín de Bilbo y Bimba: Ya como un extraterrestre observando el cuadro idílico. La penumbra en el interior… Leer más El jardín de Bilbo y Bimba: En las mazmorras del paraíso, una biblioteca enterrada y la habitación de los trastos.
De mi lado sí hubo y con eso me basta porque esto no va de ti, sino de mí. Un… Leer más La expresión del limón: Ca(r)ta dulce y ácida en perfecta armonía, perdón y Amor. Solo queda Amor pues eso fue lo que elegí a pesar de las heridas.
«No me gustan las neveras que tienen un millón de imanes.» El perdón es la única manera de encontrar la… Leer más Cuando al perdonar(se) empieza a redimir el dolor: Ese es el camino.
«Los resultados son negativos, todo es negativo». Respiré tranquila tras dos semanas, casi tres, de incertidumbre. Todo, incluso lo que… Leer más Volver a nacer: Germinando, la ley de la abundancia y el sentirse agradecido. No sabes lo que tienes hasta que atisbas la posibilidad de perderlo.
A aquella edad, fuera la que fuese, todo estaba permitido. Se me antojaron como la personificación de la inocencia, la despreocupación y la belleza en su estado más puro. Una pureza que se tenía o no se tenía y de ninguna manera se podía cultivar o comprar aunque sí mancillar. ¿Acaso recuperar?